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-V-
Escrito por Leo_Bennacker en Cuentanet
Lunes, 8 Mayo 2006
Leido 1129 veces

 -   +  aa aa aa aa
Veo cómo el Word me corrige el ?Wario? que he escrito en la pantalla; antes de poder tan siquiera empezar, Word me dice que estoy equivocada. También él.


Miro por la ventana. Me obligo a ponerme bien derecha, a sacar el poco pecho que tengo, a echar atrás los hombros, a alzar la barbilla. El cristal siente el frío de mi interior. El paisaje me cansa, como si el tren se hubiese detenido tras horas de viaje, y ya nada tuviera el más mínimo interés. Me duele el vientre. No hay nada que me retenga pero no puedo salir. Siempre me he sentido atraída por los trenes. Estoy de pie. De pie ante mi ventana. De pie, mirando por una ventana cuya vista detesto. Como detesto la imagen que el cristal me escupe a la cara.

De pequeña jugaba a besarme. A posar mis labios sobre los míos, fríos y difuminados. Me besaba y la soledad entraba en mí, como si la muerte se asomara a mis entrañas. Aquél rostro monstruoso que se alejaba de mi cara me provocaba nauseas. Asaltaba mis pesadillas, y con otro cuerpo me hacía resbalar, o me seguía, o simplemente estaba allí, en mi habitación justo cuando me despertaba. Lo notaba allí, en la oscuridad palpitante, sin necesidad de esconderse y sin necesidad de mostrarse. Yo me hacía la dormida. Temblaba y no osaba gritar por miedo. Él estaba allí. Yo estaba allí. Lograba dormirme de nuevo, y con suerte, no soñaba, o no recordaba los sueños.

Miro por la ventana. Me obligo a sonreír, y oigo las carcajadas de mi infancia. Trepanan mi cabeza y me hacen enloquecer. Me asusto de no se qué, y mis palpitaciones ensordecen mis pensamientos. Tiemblo. Crujen mis dientes, los dedos de mis manos se curvan, buscan agarrarse a la nada, y mi vientre se dobla. Me duele tanto que me agacho, huyo de todo y voy a un rincón. A hacerme pequeña. A abrazarme por los tobillos, a cerrar mi mente sobre mis rodillas. Llorar no sirve. Llorar no sirve. Llorar no sirve. Llorar no sirve. Y lloro.


En la cama, bajo las sábanas, justo cuando el nuevo día despunta te imagino a mi lado. Me abrazas y yo me dejo. Es lo que más deseo y siento que podría pasarme toda la vida así. Hablo contigo aunque no estés aquí, aunque no te hayas fijado en mí, y aunque nunca hayas existido. Deseo que mi almohada me ame como me amarías tú.

Mi lista de medicamentos ocupa media hoja. Me escondo tras las gafas de sol y los compro en una farmacia que me conocen. A veces aquellas charlas intrascendentes son mi salvación, otras sólo capto hipocresía en sus palabras. Salgo una vez al día de casa, aunque casi nunca tenga dónde ir. La ciudad me devora a miradas obscenas. ¿Por qué a mí?

Ceno cuatro verduritas hervidas y veo como destripan a un soldado en Somalia. Los que le pisotean la cabeza brandan machetes más largos que mi brazo. Luego hablan de la crisis del Real Madrid. Un par de mandarinas y me regalo unas galletas. Crujen entre mis dientes y las disfruto.

El espejo es el invento más cruel que se ha inventado jamás.

Luego tomo mi ración de pastillas. Dentro de una semana, otra inyección, lo tengo marcado con una equis roja en el calendario. En el calendario salen unos gatitos pequeños en una cesta. Uno de ellos me mira y parece que me pregunte: ¿Por qué?

Anoto día a día mis pensamientos en una libreta. Tengo un estante lleno de libretas. Quizás algún día escriba un libro. Quizás algún día sea feliz pero ahora aún no estoy preparada.

No besé a ningún chico hasta los once años. Me empujó y caí al suelo. Lloré y no pude decir a nadie el porqué. Su nombre no importa, pero aún lo tengo gravado en mi memoria: nombre y apellidos. Recuerdo hasta la dirección de su casa, que era la de sus padres, y su imagen; aunque ahora quizás ya no se parezca demasiado a aquel niño que fue, ni viva donde vivió.

Oigo un zumbido en mi cabeza, sé que es de mí que charláis y os reís. Lo sé, y me duele mucho más que la combinación de medicamentos que intenta apaciguar el dolor de una? ¿qué? Quizá el Word tiene razón y estoy equivocada. Toda yo soy un error. No es nuevo este pensamiento, hubo días que tan sólo pensaba en suicidarme.
Era cuando a mí alrededor veía la felicidad y yo era la única que quedaba siempre excluida. El fin de año del 99 lo tenía todo dispuesto para arrojarme al último tren de cercanías. Si sigo aquí es porque soy cobarde, nada más. Pero no me apetece escribir sobre ello, es algo que vuelve a mi mente cada vez menos asiduidad, pero aún vuelve.

Cuando me excito?cuando empiezo a sentir esa sequedad en la boca, esa necesidad de ser? todo va bien mientras juego con mis pechos o si me humedezco el ombligo, pero cuando rebaso mis bragas me encuentro con eso. Ese gusano gigante apestoso y endurecido que se rebela. Tengo que alargar mis manos a él, vencer el asco que me provoca haber nacido como Mario y hacerlo.
Lo hago, debo, y me repugna. Sé que no volveré a estar limpia nunca más.



Leo Bennacker
A-Zpring
V (Victor/Victoria)


  

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Comentarios ( 2 ):

8 Oct 2007 selyna
No he podido evitar sentir más que compasión. No es una compasión del tipo "pobrecita", sino más bien un "Bienvenida al club, acabas de adquirir un magnífico lote de desventajas femeninas, añadidas a las que ya tenías". Me has hecho reflexionar sobre lo duro que es ser mujer. Es duro serlo, competir con otras que son "mejores" que tú (léase el entrecomillado con mucho cuidado y con pinzas). Si encima tienes que competir contigo misma...

Un beso.
9 May 2006 lunaroja (no registrado)
Impresionante...

El clima envolvente que vas creando alrededor del personaje,nos sumerge en su particular mundo de locura y desesperanza..

Inesperado final,que corta el relato,como un cuchillo...

A medida que el abecedario ha ido avanzando,tus relatos se han vuelto cada vez más afianzados, dejándonos ese sabor entre amargo y sorprendido.

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