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-X-
X blanca sobre un fondo rojo. Decenas. Intento avanzar aquÃ, con esto; luego con lo otro. Todo requiere su tiempo; todo requiere tiempo de la misma porción de tiempo. Sólo tengo una porción de tiempo, y todos estiran: nada se rompe salvo yo, no literalmente claro, sino de forma más cruel. Un cáncer del alma, callado y reservado que con tÃmida sencillez me va pudriendo por dentro.
Oigo los pasos. Suspiro y no me veo avanzar.
Oigo los pasos. Suspiro, me mosqueo. Sigo aquÃ.
Oigo los pasos. Es odioso.
Pasos, pasos, pasos. RomperÃa los informes en mil pedazos.
Le doy al ?Enter? con furia. Odio el cabrón que se lo inventó. Aquà sigo. Sigo, sigo, sigo. Todo chilla.
He guardado todos los trabajos y he aniquilado con el aspa blanca todos los perfectos cuadraditos rojos. Pero nada de esto es una huÃda, sigo encadenado a mi puesto de trabajo, o quizás es el puesto de trabajo que sigue encadenado a mÃ.
Hay quien dice que pensar en hacer es haber hecho ya la mitad; se trata de gente que, o bien teoriza, o bien luego es consecuente y hace lo pensado. ¿Y los cobardes? ¿Es que nadie piensa en los cobardes?
Echo de menos a ese guitarreo tan particular de Tommy Iomi. Me aflojo un poco la corbata. Ozzy Osbourne está fundido. La mitad de los Ramones han muerto y nadie sabe nada de Axl. Estamos a mitad de marzo y sigue la calefacción encendida. No hay duda que me estoy haciendo viejo. El frÃo viene con la edad. Demasiado viejo.
Hoy es un dÃa de aquellos que podrÃa calificar de improductivo. Haga lo que haga son intentos y poco más, como asentir a las frases demagógicas: ?Hay que acabar con el hambre en el mundo?, ?La paz, la paz,?? ?Pobres niños?. Asientes. No dices nada, eso no vale la pena ser dicho. Asientes, ?lo sé, lo sé?. Tengo decenas de tareas pendientes, cada una más insufrible que la anterior. Las modificaciones no mejoran, sino que estropean lo salvado; hoy es un dÃa en que es mejor no tocar nada. Recluirse en uno mismo durante el trabajo, dejar pasar las horas, empujar el minutero entre fogonazos de miradas desesperadas.
En dÃas asà uno se esconderÃa bajo las sabanas. Pero ni siquiera allà encontrarÃa aquello que necesita. No es mala suerte, es simplemente un dÃa inoperante. Todo son intentos y ningún hecho. Nada palpable.
Cualquier hijo de vecino dirÃa ?hacen falta muchos dÃas grises para lograr un dÃa de puro blanco; un dÃa de aquellos en que todo parece estar por hacer, te pones, y lo haces?. Ah, qué extraña satisfacción aquella del trabajo bien hecho. Existen momentos, instantes, en que el alma más torturada florece y emana un extraño orgullo que barre todo a su alrededor. Aquellos dÃas en que ruedan las circunstancias, y te limitas a recoger frutos. Tras de ti, los silencios de los compañeros de oficina cuyos logros no te ensombrecen en ese instante. ?Y te sientes tan fuerte que nadie te puede tocar?.
Un dÃa blanco es cuando les pegas un hachazo y te vas cuando ellos aún siguen ahÃ. Alas de acero, y el cielo azul de esos primeros dÃas de primavera en que el invierno ha muerto. Hachazo y a volar. Qué amorfa es la libertad.
Aquel niño que dijo ?yo no soy capaz de?? murió. Asà se opina en dÃas de blanco puro. Las cosas que se empiezan esos dÃas residen en la convicción que serán terminadas. Y lo son.
Hoy no.
Hoy es un dÃa muro.
Pesado, espeso, lleno de ira escupida como panfletos revolucionarios o graffitis con un nombre y una polla pintada. Ira, ira, ira. Barcos ardiendo a la deriva por un mar sin fin. Los años se queman entre dÃas de ir y venir para no llegar jamás a ningún sitio. Ahogarse aquÃ, ante el desorden informático, y ante este teclado ensuciado por la mugre de las jornadas vacÃas.
Cualquier hijo de vecino arregla tu vida con la misma facilidad que tú opinas de la suya. No haces más que masticar aquello que ya han intentado digerir otros; se trata de aquella prosa pegajosa que ensucia versos breves con vocablos malsonantes tan sólo para intentar llamar la atención. Salgo a la terraza y pataleo los tiestos de geranios. Sobrevivir cuando se tienen las necesidades básicas cubiertas consiste en deshacerse de la ira que la propia vida genera en ti.
Esa impotencia del querer, querer mil cosas y no lograr ni una. Dos páginas de refranes me recuerdan que miles antes que yo han tropezado con esta piedra. Pero el más insignificante grano de arena estampado contra el acantilado tiene todo el derecho a quejarse, y de hacer de su drama, el único drama, ante todos los insignificantes granos de arena en la gran playa del tiempo.
Hoy los besos saben a obligación y compromiso. Ese ?dime? es un ?ahora no puedo?. Mañana será otro dÃa. El ácido del tiempo corroe en silencio, devora dÃas inútiles y te arrebata la tranquilidad y todo parece, todo parece perdido y oscuro. No hay futuro para hoy y? la comida frÃa sabe tan mal. Más sabor tendrÃa lamer la mesa, con su hule corrompido de sabores a medio untar.
Echo de menos el guitarreo de Tommy Iommi. Cambio el fondo de pantalla y me vuelvo cactus al quedarme ante la pantalla clicando aquà y allà por la gran red de redes. Nada tiene interés. Nada provoca el resurgir de la ilusión.
El vacÃo es profundo y se ahueca mi garganta. OÃgo el raspar metalico de las uñas al resbalar por el abismo. La cabeza pesa, el reloj no avanza, oigo pasos y fingo saber lo que estoy haciendo, finjo controlar la situación. ?El informe completo estará para mañana, sÃ?. Mañana puede que no llegue jamás.
Se estiran los minutos. Ya no sé qué rascarme, ni cómo sujetarme la cabeza. Alargo el parpadeo, como si pudiera borrar el universo si lo hago demasiado deprisa. Estoy conduciendo un auto de choque. Te dan hostias y jamás llegas a ningún sitio, y montado allÃ, dando vueltas, las luces de las demás atracciones se vuelven más luminosas. Pagas, consumes, te corroes en la amargura de una felicidad que todos parecen tener menos tú. Ah, no te olvides sonreÃr en la próxima entrevista de trabajo?
Me amarga contar los minutos que me quedan para irme y me revuelvo en la silla. Cada dÃa. Cinco dÃas a la semana. Cuatro semanas al mes. Diez meses al año. Tres mil cuatrocientos quince años, muerto. Me amarga verme asÃ. Me amarga mi indiferencia, y contemplo la posibilidad de haber abandonado el volante de mi auto de choque para ser, simplemente, un auto de choque más. Este trabajo me está asfixiando a mà también. Mañana será otro dÃa, dije ayer.
Tengo la pared, y sus manchas, demasiada vista. Bostezo y estiro las palmas de las manos. Las placas de yeso del techo me piden que las rompa, pero no lo hago.
He vuelto a descolgarme. Todo parece gastado y ya descrito decenas de veces. Si la empresa fuera mÃa le darÃa otro color a las paredes. Si la empresa fuera mÃa?¡ja!
Esa noche sueño y por al mañana lo recuerdo todo:
Estoy en un concierto de Black Sabbath.
Espero y deseo que toquen ?See you in the other side?. Me defrauda que no sea la canción de obertura del concierto. Espero que sea la próxima. Al acabar deseo que sea la siguiente. A cada canción la espero. No me puedo creer que no vaya a sentirla; espero, confÃo, quiero creer que al final será que sÃ. Acaba el concierto y esa maravillosa canción no ha sonado. Me he perdido el concierto. Jamás he estado allà aunque haya pagado la entrada. El recuerdo, como la pista, está sucio y vacÃo. Los lavabos siguen atascados, y debo andar durante media hora para llegar donde dejé el coche. Dentro me siento defraudado. Cierro y me siento desfallecer. Sacó de mi lugar secreto en el fondo del bolsillo un billete de quinientos euros. Estiro el mechero del coche y le prendo fuego al billete por una esquina. Es tal el hastÃo que hasta le cuesta arder.
Contemplo la llama siempre cambiante, inspiro el humo de las riquezas. Sujeto el billete mientras se consume e instintivamente coloco debajo la palma de la mano, para recoger las cenizas.
Trago, y me levanto a la orden del despertador.
Decido tatuarme una equis en la nuca para saber qué oveja soy. Luego me arrepentiré, y me dejaré el cabello siempre largo.
Leo Bennacker
A-Zpring
X (X)
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"Sobrevivir cuando tienes las necesidades básicas cubiertas consiste en deshacerse de la ira que la propia vida genera en ti" Frase para el recuerdo.
Como siempre, hundiendo la cabeza de tus lectores en el agua del pozo.
Todo en presente y primera persona, como si transcurriera a tiempo real, aumentando la sensación de angustia, a pelo, sin metanarrador que pueda interferir con una opinión propia.
Saludos, Sr. Bennacker.
Un saludo
Gracias por el placer que me dio su lectura.
El relato,te envuelve en ese especial letargo,donde cada dÃa se repite hasta el hartazgo,donde solo el que mantiene su espacio de cordura,puede sobrevivir.
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