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Deliciosa encerrona (2)
Escrito por Nio en En tu Alcoba
Miercoles, 14 Febrero 2007
Leido 1231 veces

 -   +  aa aa aa aa
Dentro del elevador, debido a la presencia del empleado del hotel, tuve que reprimir, aunque no del todo, mis impulsos, porqué ¿a quién no le da morbo los ascensores, sabiendo que tienes muy poco tiempo pero que las sensaciones van a ser muy intensas? Además, como sabía que ella no llevaba nada debajo de la falda, todavía tuve unos segundos para deslizar mi mano por detrás, a espaldas del empleado, y notar las secuelas de nuestras recientes fechorías. Mis dedos advirtieron que alrededor de sus labios todavía quedaban rastros de su reciente corrida, que incluso descendían hacia los muslos, mientras que su coño seguía estando a mayor temperatura de la normal (para un coño en reposo, se entiende). Antes de que se abriesen las puertas acerté incluso a introducir un dedo dentro de él, lo que hizo que ella diese un ligero respingo y me mirase a los ojos diciendo:
 
-"Tú sigue así, que luego no vas a poder pararme, no me conoces…", llevarme el dedo a la boca fue mi respuesta para que su sabor se mantuviese en mí, a la vez que intenté poner la mayor cara de sátiro que pude.
 
Una vez que el del hotel dejó nuestro exiguo y peculiar equipaje en el hall de la suite, y recibió una propina que tal vez no estuvo a la altura de las que solía recoger cuando acompañaba a los clientes a esas habitaciones, cerré impetuosamente la puerta. Quería dejar rápidamente al mundo a nuestras espaldas y dedicarme con todas mis energías a aquella mujer que me tenía abducido desde hacía un par de horas. Al darme la vuelta y echar una mirada a la suite no encontré a mi preciosidad, claro, con tanto espacio y siendo la primera vez que estaba allí no era de extrañar. Me sentía cada vez más excitado, como un animal que busca a su hembra en celo y a la vez a su segura presa. Fui directamente al cuarto de baño, suponiendo que era el lugar más adecuado para encontrarla y nada. De pronto oí cerrarse una puerta, la de la habitación, parecía que comenzaba el juego. Me dirigí directamente hacia ella, el lugar más natural de un hotel y allí estaba. Me dejó impresionado.
 
Sentada, en el borde de la gran cama, mirando hacia la puerta, es decir, hacia mí, con las piernas ligeramente abiertas, volviendo a ofrecerme un espectáculo divino y canturreando una canción que reconocí al momento: "Hay que gustito pá tus orejas, apretadito entre mis piernas….". Sabía provocar, no había duda, mientras tarareaba con mucha gracia sureña esa canción de Amador (amador, curioso, sería una señal) abría y cerraba sus infinitas piernas, sujetando sus rodillas con ambas manos para acompañar el movimiento. Me acerqué lentamente hacia esa imagen de diosa que me ofrecía, y poco a poco fui desabrochándome la camisa, con insinuación, para que viese que también me gustaba provocar y correspondía a sus atenciones. Al llegar a su lado ya había acabado con todos mis botones y la tela ondeaba a cada lado de mis hombros.
 
-"Uhmmm, si nos ha salido juguetón…además, depilado, como a mí me gustan los chicos, uhmm", y poniendo sus manos en mi culo apretó mi ombligo contra ella mientras posaba apasionadamente sus labios en mi pecho. "Ahora vas a seguir quietecito hasta que yo te lo diga, ¿de acuerdo?".
 
Cada vez iba acelerando sus caricias, que incluían mordisquitos, apretaba sus garras en mis nalgas, lo que era muestra de que se disponía a continuar, con mayor intensidad, el primer acto del taxi. Por mi parte, estaba expectante y le seguía armoniosamente en sus escarceos. La reina se sentó a los mismísimos pies de la cama para acercarse más a mí, lo que aproveché para apretar con una de mis rodillas la unión de sus muslos, notando una humedad y calor que aumentaban por momentos. Al sentir esta presión, se apretó aún más y soltó un claro gemido que indicaba su total entrega. Se le comenzó a acelerar la respiración, vertiginosamente, mientras volvía a desabotonar mi vaquero dejándolo caer hasta mis pies.
 
-"Aquí está una vieja conocida…cariñito míooo…ahhhh, uhmmmm, cómo te has puesto cabrona,…, seguro que me huele y quiere salir a la luz, ¿no es verdad bonita?, uhmmm", le decía a la polla casi olvidándose de que tenía dueño y que, además, estaba allí.
 
Después de morderme literalmente toda la polla, que ya ofrecía una planta magnífica, a través del tanga que me había puesto ese día para estar más fresco, de un tirón decidido dejó al aire a mi querida amiga que apuntó al techo para demostrar que se encontraba en plena forma. Con un acto reflejo la engulló completamente en su boca y casi garganta, le dio un par de pasadas completas y giró todo el cuerpo, ofreciéndome una imagen impresionante y completa de su parte trasera mientras me decía,
 
-"A ver, cabronazo…, que sabes hacer con esa pollaaaaa, dentro de mí" y con sus dos manos se abrió ligeramente los labios de su coño para facilitar mi entrada, cosa que no hubiese sido necesaria dado la humedad que reinaba en esa parte de su cuerpo.
 
Ya no me podía estar quietecito, como me había ordenado, y sin pensarlo dos veces le agarré por las caderas, sus asas naturales, y de un brutal empujón clavé mi miembro dentro de su resbaladizo coño hasta lo más profundo de su vagina; la entrada fue triunfal, de una única estocada unida a un sordo sonido producido por el choque de mi pelvis contra sus nalgas, penetré en ella. Sentí un placer infinito, allí dentro se estaba demasiado bien, y el grito que ella dio al sentirse perforada así todavía me desató aún más. Estaba fuera de mí. Me quedé unos segundos parado, tensando todo el cuerpo para llegar lo más profundo posible, ella empezó a mover alocadamente su culo hacia mí, para iniciar un bombeo que le hacía gemir en cada viaje. Yo no iba a ser menos e inicié, coincidiendo con ella, una follada que nos hacía separarnos hasta que sólo la cabeza de mi polla tocaba la entrada de su enrojecido coño y juntarnos estrepitosamente dando la sensación que hasta mis huevos se iban a meter dentro. Por si fuera poco, ella en su delirio, intentaba llevar una de sus manos a mi culo para empujarme hacia ella, pero era imposible entrar más de lo que conseguíamos entre los dos.
 
Aún en ese estado, era ella quien controlaba la situación y de un empujón me apartó de su cuerpo. Mi polla salió de sus entrañas y pareció emitir un ligero gemido de desaprobación. No quería apartarse de esa cueva húmeda pero calentita en la que se había convertido su jugoso coño. Ella, cual felina, se deslizó hacia el teléfono que estaba junto a la cama y sin intentar disimular su excitación solicitó a la persona que estaba al otro lado del hilo una botella de un buen brut nature burbujeante, tres copas y fresas, con una voz entrecortada que seguro hizo pensar al empleado que mientras hacía su pedido le estaban haciendo correrse de placer. Toda una mujer desinhibida, no había duda. Cada vez me excitaban más sus maneras.
 
-"¿Tres copas?", le pregunté con un cierto aire inquietante en mi voz.
-"Sí, cariño, y a su debido tiempo sabrás porqué".
 
Mientras que los del hotel traían su pedido, ella aprovechó para buscar en el hilo musical de la suite algo que le motivase y se frenó al hallar una emisora que lanzaba ritmos latinos, que por la cadencia de su cuerpo denotaban sus preferencias. Ritmos calientes para una pantera negra. Me indicó que me sentase en el borde de la cama y que sólo mirase, si tocaba se rompía el encanto. Al son de la música acercó sus caderas a mi cara, conservando todavía su reducida minifalda, que había vuelto a poner en su sitio para hacer la escena aún más sensual. La canción continuaba y ella acompasaba sus embestidas a las sugerencias de la voz melosa del cantante, mientras que se iba acariciando, primero con suavidad y después más enérgicamente, sus seños por encima del top. Esto hacía que sus pezones se mantuviesen en las tres dimensiones ya aludidas. Sus manos seguían bajando hasta sus caderas y se perdían por detrás hacia sus nalgas, volvían hacia delante y por debajo de la falda, sin dejarme atisbar sus manejos, se desenvolvían con firmeza entre sus piernas, acariciando sus muslos y su húmedo coño sin ningún tapujo. Debido a que hacía un momento había iniciado una follada conmigo, su respiración seguía estando entrecortada y, cada vez, su excitación aumentaba al compás de las caricias de sus manos en su cuerpo.
 
En ese momento y como si se le hubiese olvidado algo, se fue directamente al cuarto de baño. Coincidentemente sonó el timbre de la habitación: "Servicio de habitaciones", dijo una voz femenina que solicitaba la entrada. Una vez que encontré un batín para cubrir por lo menos mi gran erección, abrí la puerta para que la camarera pudiese dejar esos manjares en la habitación. Entró empujando un carrito con nuestra botella de brut dentro de una hielera, tres copas, un bol de fresas enteras y alguna que otra fruslería cortesía del hotel.
 
Cuando la camarera depositó todo en una mesa y cerró la puerta, mi princesa salió del cuarto de baño sin top. Sus tetas daban saltitos mostrando una alegría desbordante. Ella llevaba algo que me ocultaba en su mano. Enseguida supe que ocultaba un consolador, era demasiado grande para ocultarlo.
 
-"¿No te sentirás celoso porque me abrace a este masturbador?", dijo con ese acento del sur con el que se dicen estas cosas. ¿Masturbador?, curiosa palabra, aunque más adecuada para ese aparato que la más frecuentemente utilizada consolador.
-"¿Celoso?, me encantan los juguetitos en manos de una guarrilla como tú, que seguro que sabe usarlo y que lleva una maleta llena de ellos, ¿no?". Ella se sonrió por mi ocurrencia pero hubo algo en su mirada que me pareció extraño, aunque la falta de aire que sentí por mi casi dolorosa erección me quitó de la cabeza cualquier pensamiento extraño.
 
Otra canción había tomado el relevo de la anterior, ahora el cantante nos susurraba: "Suavemente, be-sa-mé,…que quiero sentir tus labios.......suavemente…" y así fue como ella empezó a lamer el aparatito y poco a poco se fue agachando, suavemente, hasta llegar al suelo en el que plantó la ventosa que tenía el masturbador hasta dejarlo fijo, erecto y apuntando al centro de su rajita. Suavemente volvió a ascender mientras se humedecía los dedos y se abría los labios de su coño. Suavemente comenzó a descender para ir abriendo sus piernas y dirigirse hacia la polla artificial que ansiosa pero calladamente le esperaba, a la vez que su corta faldita se le iba subiendo hasta convertirse en un ancho cinturón. La escena era tan impresionante que iba a reventar, sentía palpitar mi polla. Su mirada fija en mí, con sus cabellos rojizos que tapaban ligeramente su cara, en la que se notaba que estaba disfrutando enormemente con lo que hacía. Al sentir que el extremo de su juguetito rozaba sus labios, acercó la mano para guiar al inerte miembro y con un decido impulso de sus caderas hacia abajo se lo introdujo hasta el fondo de su coño. En ese momento y sin dejar de mirarme a la cara como una gran puta, inició un sinuoso baile de arriba abajo, con el que se estaba follando a si misma, con inmenso placer, jadeando, como una perra en celo, cerrando los ojos y apretando las mandíbulas a cada descarga eléctrica que recibía desde las paredes de su babeante vagina.
 
-"¿Dóndeeee... vas? Te heee...diiichooooo, uhmmm, que no te acerques cabronazooo, que sólooo puedes mirar....joder...diosss....síii...creo que me voy a correr aquí, como una puta, delanteeee...de ti", me lanzó a la cara al intentar aproximar mi mano hacia ella.
 
Ella seguía jugando sola, aunque de juego aquello tenía bien poco, el deslizar su rajita sobre el masturbador le iba a procurar otro orgasmo de los buenos, además con espectador y todo, lo que añadía un morbo que a ella le ponía más animal. La pelirroja no quería correrse tan pronto y volvió al cuarto de baño. Al salir fue a por una silla, que puso frente a la cama indicando que me sentara en ella y que mirase, sólo eso. Seguir mirando y obedecer. Como lo haría una profesional se tiró encima de la cama con las botas blancas de cuero todavía puestas y las piernas bien abiertas hacia mí, para que no perdiese nada del espectáculo que me iba a ofrecer. Comenzó a introducirse un dedo en su culito, primero con suavidad, aunque previamente lo había untado de un aceite especial, y después con más intensidad, haciendo que se perdiese dentro de ella, sintiendo a la vez como el masturbador entraba y salía de su coñito. Sus manos estaban muy atareadas pero aún así, todavía acariciaba su rizada y rojiza melena de una forma increíblemente lasciva, deslizando la mano hacia sus pechos, estrujando sus pezones tridimensionales con brutalidad, para arrancar placer de donde casi reina el dolor. Esos tocamientos hacían que yo no pudiese dejar de acariciarme la polla, aunque debido al estado en el que me encontraba, tampoco quería correrme. Con la punta del masturbador, que ya no era esclavo del suelo, se frotaba su clítoris y en cada sacudida se notaba que poco a poco iba creciendo dentro de ella el estallido final. Frenéticamente seguía introduciendo el juguetito y sacándolo, mientras ya tenía dos dedos dentro de su ano y habían traspasado el anillo que cierra esa entrada tan apetecible. Comenzó a mover como una posesa el masturbador dentro de ella y, no sé de dónde lo sacó, se introdujo un pequeño aparato que vibraba en su culito, lo que le arrancó un grito de placer que me hizo estremecerme de los pies a la cabeza. Era una pantera, un volcán, un tsunami. Nadie hasta ahora había disfrutado delante de mí de esa manera. Ardía en deseos de cooperar con su placer pero no quería estropear la increíble escena.
 
Su clítoris estaba al rojo vivo de la sesión que le estaba propinando su mano libre; su culito vibraba por el aparato que tenía dentro y que hacía sus delicias; sus labios estaban abultados de la presión que sobre ellos ejercía el gran masturbador que la perforaba y, con la otra mano, no paraba de acariciarse los pezones que tanto me gustaban. La situación no podía continuar mucho tiempo. Todos sus intrusos comenzaron a hacer su efecto y a golpearla en su centro de placer. El masaje que se estaba haciendo sobre su enrojecido botoncito, que sobresalía visiblemente, aumentó de potencia y ritmo, sus jadeos fueron cada vez mayores, se debían de oír en toda la planta, de ella salían palabras indescifrables que sólo anunciaban un desenlace bestial. Todo a la vez. Un temblor empezó a recorrer su cuerpo, fue creciendo hasta convertirse en una convulsión desenfrenada, a la que acompañó con un grito ahogado: "me estoyyyy corriendoooooo....uhm...." y cayó de espaldas sobre la cama mientras su pecho se elevaba y descendía rápidamente, estaba a mil.
 
En un momento me preocupó su estado, nunca había visto a nadie correrse así, salvajemente, casi temerariamente, además ella lo había hecho delante de un extraño, y me acerqué.
 
-"¿Estás bien, preciosa?"
-"¿Tu....tu....qué....crees.....estoy divinaaaaaa.....que pasada, uhmmm...como me pones, cabronazo.....como me ha puestoooo....verte ahí,...delanteeeee....de mí, sin hacer....nada".
 
Se había disparado su potencial exhibicionista y ya no tenía freno. Se incorporó hacia mí, yo estaba temblando, no sabía muy bien que me iba a pasar en los brazos de esa tigresa pelirroja. Me abrazó con pasión, estaba sudorosa pero muy apetecible, olía a sexo por los cuatro costados (¿cuatro?). Acercó su boca a mis labios y dulcemente los mordisqueó, con suavidad; además de ser una perra calienta también era claro que estaba enseñándome su lado más sensible y sensual. Me despojó del batín que todavía no había acertado a quitarme desde que llegó la camarera y comenzó a lamerme el torso, recreándose en cada milímetro de mi piel, lo que suponía para mí una tortura ya que mi ansiosa polla pedía casi a gritos que la atendiesen como merecía.
 
La gata pelirroja continuaba abrazándome con cierta dulzura, recorriendo mi cuerpo con besos dulces, arrancando en cada caricia un leve suspiro de mi garganta. A partir de ahí su lengua tomó el poder y rastreó toda mi fisonomía intentando encontrar algo con lo que juguetear. Se introdujo varias veces en los aretes que llevaba en mi oreja izquierda, pero seguía buscando con lascivia. Al final sus pesquisas se vieron recompensadas. Después de varias vueltas, sin utilizar sus manos, dirigió su boca hacia el canal de mis nalgas, habiéndome pedido que me levantara previamente, y con una habilidad increíble consiguió introducir su húmeda lengua entre ellas, recorrer mi escondido agujero, pasar entre mis piernas apresando mis abultados huevos con su boca y, por fin, atacando sin contemplaciones mi zona más inflamada y arrogante.
 
La reina se sentó en su trono, el que antes había servido para que yo fuese testigo de sus manejos, y desde esa posición me plantó una mano en cada nalga y se quedó contemplando mi rabo, como preparándose para un festín culinario: rabo de toro. Estaba empezando a calentarse de nuevo y yo temía por mi físico, pero me dejaba hacer. Debido al estado de erección que tenía, y la proximidad de su cara a mis caderas, comencé a cerrar sucesivamente mi esfínter para conseguir que la polla diese pequeños golpecitos en su frente, lo que arrancó una lujuriosa sonrisa, en la que pesaba más las ganas de comerse aquel manjar que la travesura misma de mi polla.
 
-"Cómemela, por favor, estoy a mil y me estás haciendo sufrir mucho, ¿no crees? Eres una cerda que sólo sabe putearme. Trágatela de una vez, hostias", acabé la frase de forma autoritaria mientras le sujetaba por sus rojizos rizos y la atraía hacia mí.
-"Vale, vale. Veo que el campeón se ha vuelto torito bravo, eso me gusta. Puede que, si te portas bien, te deje tratarme duramente, con autoridad, convertirme en una esclava a tu servicio, pero sólo si te portas como yo quiera, que lo sepas", lo que añadió con una sonrisa lasciva que se escapaba por sus comisuras.
-"¿Y crees que me cabrá tan espléndida polla en la boca?, dijo poniendo los labios en forma de morritos, un mohín muy ensayado, seguro.
-"Tendrás que intentarlo por lo menos", le contesté a la vez que acercaba mis manos hacia sus rojizos rizos.
 
La tigresa no se lo pensó dos vedes, acercó sus labios a mi exuberante y jugoso glande, dejó caer su preciosa saliva en él, lo rodeó con su boca entreabierta, como quien chupa un caramelo, y de un solo movimiento se la introdujo hasta la base, de tal forma que mis repletos huevos chocaron contra su barbilla. ¡¡¡Que mujer y que garganta!!! Me dolía la polla de lo empalmado que estaba. Comenzó a chuparla enterita, se metía alternativamente mis huevos en su boca, a la vez que los acariciaba con cariño, volvía al tronco de mi rabo para recorrerlo de arriba abajo, sorbiendo, golpeándolo con la lengua, girando alrededor de mis pequeños labios de la punta, sorbiendo, soplando, escupiéndola, y muchas otras virguerías que hacen que recuerde esa mamada como una de las mejores que he recibido en toda mi vida. Lo que más me sorprendía es que a pesar de dedicarse intensamente, sabía cuando me acercaba al orgasmo y frenaba el ritmo, para que no me fuese y la tortura, divina tortura, se alargase todo lo que ella quería.
 
-"Por favor, ¿me quieres dejar que me vaya dentro de tu boquita? ¿Porqué eres tan bruja y no me acabas…no puedo aguantar… pero no me dejas llegar… eres una cerda… gatita", le dije con un aire de súplica y, a la vez, de mandato.
-"Estaba esperando que me lo pidieras así, con esos ojitos y con ese aire de macho necesitado que se te ha puesto".
 
A partir de ahí empezó a comérsela de manera bestial y, por mi parte, debido a su habilidad y a mi calentón, todo mi cuerpo sólo pensaba en inundar su boca con mis jugos, aunque mi mente quería también alargar la situación, que por su pericia se había convertido en una delicia oriental. Mi tigresa disfrutaba enormemente comiéndose mi polla y a mí me ponía más si cabe, sobre todo cuando me miraba a los ojos desde abajo, como una esclava que quiere saber si su amo disfruta. Liberando su boca de su carnoso y duro ocupante dijo:
 
-"Quiero que te corras en mi boca. Que entre en mi lo que llevas dentro. Córrete en las fauces de tu gatita, miauuuuu…", maulló entornando los ojos como hacen las putas en las películas porno.
 
Al pronto me negué, quería seguir en plan tantra, placer eterno, pero no pude evitarlo y obedecí fielmente, es más, ya no podía aguantar y me corrí dentro de su boca mientras con mis manos movía frenéticamente su cabeza hacia mí, literalmente me estaba follando su boca mientras chorros de esperma volaban directamente hacia su garganta. Increíble, ¡¡¡Vaya experiencia!!! Antes de sentir los últimos espasmos que anunciaban mi completo vaciado, la sacó de su boca y acercando la tercera copa que había pedido me hizo terminar de vaciarme en ella para después mojar sus dedos y saborear con sus labios mi semen, untarse sus puntiagudos pezones con mis fluidos y pasarse el dedo untado por su clítoris. Era todo un espectáculo verla homenajearse, como lo extendía mientras me miraba con la expresión más lasciva que se puede tener en un momento así. Después se acercó la copa a los labios y con la punta de su lengua buscó y rebuscó para no desperdiciar ni una gota del preciado líquido que con tanta sabiduría había sabido extraer de mí. Nadie me había premiado una corrida con un espectáculo tan excitante.
 
Se incorporó para ir al cuarto de baño, lo que aproveché para desplomarme en la cama dado que mis temblorosas piernas no me sujetaban; mi excitación seguía siendo casi la misma que al empezar, es más, mi polla estaba casi tan altiva como antes de correrme. El poder de las felinas sobre el macho. Se empezó a oír correr el agua, así que supuse que se iba a refrescar y limpiar un poquito, pero era tan insistente el sonido del líquido que me acerqué al baño y vi que estaba llenando el yacuzzi. Magnífico. Como iba a tardar en llenarse, la cogí en brazos para depositarla de nuevo en la ya caliente y maltrecha cama.
 
Pensé que era un buen momento para tomar una copita de burbujas, que ya estaría suficientemente frío. Un impulsivo taponazo de corcho se estrelló contra la lámpara del techo, más concretamente, contra uno de los halógenos que dejó de alumbrarnos.
 
-"Perfecto, mi campeón sabe como dejar el ambiente más íntimo. ¿Tienes tanta puntería con todo?
 
Como respuesta le ofrecí una copa y una sonrisa, y todavía con el sabor seco del espumoso acerqué mis labios a los suyos y nuestras lenguas se fundieron en un ardiente beso en el que la mezcla de sabores era una bomba de relojería para nuestras inquietas libidos.
 
Le arranqué la poca ropa que le quedaba, y todavía con el sabor de su boca, me lancé a su ardiente rajita, que estaba tan mojada que al mover mi lengua y mis dedos dentro de ella se desprendían unos ligeros chops-chops-chops que me entusiasmaban. "Has visto como me has puesto, cabronazo. Para que luego digan que hay sequía", me comentó entre suspiros que empezaban a crecer desde su interior. No contesté, no quería perderme ni un milímetro de esa maravilla que mi pantera tenía entre las piernas, de esa hilera de vello que se había dejado depilar, de esos labios carnosos que cerraban la puerta a sus hermanos menores, de ese interruptor mágico que tenía por clítoris. De ese metal en su ombligo que entretenía mi juguetona lengua.
 
Sorbía sus jugos porque tenían un gusto maravilloso, con mi lengua y dedos los extraía de dentro para tragármelos al instante y sentía como su cuerpo se tensaba con cada lametón que le regalaba. Mi pelirroja pasó de los suspiros a los gemidos, gemía y gemía sin parar, se estaba acelerando. Aproveché para mordisquear sus labios y su botón mágico y a partir de ahí comenzó a gritar y a decir palabras que no entendía, tan sólo un "…me voy a correr…" destacó en su galimatías sexual, para aumentar su placer le introduje uno de mis chorreantes dedos dentro de su culito; sus chillidos eran realmente escandalosos, me apretaba su cabeza para que no aflojase mi presión. Noté como se iniciaron sus espasmos en las paredes internas de su coño y culito, que me apretaban los dedos a los que sólo les separaba esa delgada pared, y como, finalmente, todo su interior empezó a convertirse en un río de fluidos. Que intensidad. Era como una ola que me inundó mi boca y que tragué con mucho gusto. Era una corrida palpable, como de macho. Que furor tenía aquella tigresa dentro. Con voz entrecortada me dijo:
 
-"Que maneraaaa … ahh… de correrme. Me has puesto tan caliente… ¿dónde has aprendido a mover así la lengua, cabrón? ¿Qué pretendes, que no me olvide de nunca de ti? Nunca… me lo habían… comido… así y te prometo... que es la primera vez que me voy de esta… manera… ufff, todavía me da vueltas la cabeza…me vas a volver loca, pedazo de… ufff, cabrón".
 
Cuando los sonidos del resto del mundo volvieron a nuestros oídos me acordé del yacuzzi, que ya tenía que estar listo. Eché un vistazo y así era, a punto, casi rebosante. Volví a por mi tigresa, a la que encontré volviendo a llenar las copas y ofreciéndome una de ellas con una mirada inquietante. El líquido entró en mí como un elixir reparador que mitigaba la elevada temperatura de mi piel. Apuré la copa de un trago, al igual que ella, y con esa energía volví a elevar a mi ocasional amante hasta introducirla en el burbujeante yacuzzi. Me zambullí sin perder tiempo y la sensación fue muy gratificante. Las burbujas del yacuzzi y las que flotaban en mi cabeza empezaron a estimularme de tal forma que mi polla comenzó a dolerme de la excitación que manifestaba, apuntando directamente al techo, intentando sobresalir del agua como el periscopio de un submarino. Teniendo la sensación de que me había ganado su confianza y su permiso para tomar la iniciativa, me acerqué a ella frontalmente, sus piernas se separaron demostrando que había leído mi pensamiento, y dentro del agua le inserté poco a poco mi polla hasta el fondo de su maltratado y acogedor coñito. Empecé a bombear dentro de ella, un burbujeante polvo submarino, genial, era una sensación indescriptible, quería disfrutar tranquilamente de ella pero mi gatita comenzó a acercarse a mí, demostrando que sentía ya mucha necesidad, casi dependencia. Habían pasado demasiadas cosas y era la primera vez que me la follaba. Cómo habíamos podido aguantar tanto, su coño abrasaba a pesar de estar sumergidos, nuestros deseos eran brutales. Se apretó contra mí de un fuerte impulso, clavando sus uñas en mi espalda y respirando de tal forma que me asustaba. Estaba al borde de irse de nuevo por lo que inicié una follada más enérgica y profunda para acelerar su orgasmo, suelo ser agradecido. Y así fue, se corrió abrazada a mí, resoplando en mi cuello, contagiándome sus temblores y dejando caer una serie de obscenidades que me encendieron todavía más.
 
Cuando el último grito se escapó de su garganta se desplomó hacia atrás hasta sumergirse completamente, todavía empalada en mi endurecido miembro. Volvió a emerger y empezamos a joder de nuevo, esta vez se sentó de espaldas sobre mí y cabalgó reiteradamente sobre su potro más deseado, haciendo que su coño recorriese completamente mi polla, desde la base hasta quedarse enganchado solo a mi amoratada cabecita, para después volver a caer con un gran estrépito de agua y burbujas a su alrededor. Después, hice que se pusiera a cuatro patas, con el agua a la altura de su rajita y todo lo demás, salvo la parte superior de sus maravillosas nalgas, sumergido en el mar de sexo en el que disfrutábamos; desde mi posición elevada vi sus dos agujeritos y me decidí de nuevo por el menos apretado, en el que clavé mi polla de una estocada a la vez que introducía decididamente un dedo en su culito, y luego dos, girándolos para dilatar ese recóndito lugar que se me ofrecía tan generosamente.
 
-"Ahhh,….se….te…..ven…las….intenciones, pedazo de cabrón. Qué quieres, follarte mi culito… ¿no?…" me dijo con un tono que denotaba más una invitación que una pregunta.
 
Mientras, seguía metiendo mi rabo hasta lo más profundo que daba su longitud y cada vez que golpeaba en el fondo, se oía un grito de placer y sentía como tensaba su coño para abrazarme íntimamente, para no dejar que la volviese a sacar. Ummm, la tigresa era la hostia, sabía follar y hacer que un hombre disfrutase hasta el infinito. Con mis embestidas sentí que otra vez estaba a punto de correrse por lo que seguí con más interés trabajando su culito para que me diese la bienvenida como me merecía.
 
-"O me la metes ahora en el culito….ahhhh….o después ya es tarde….la quiero ahora, cabrón… que me vas a hacer correr de nuevo……ahhh… uhmmmm", me gritó girando un poco su cara para mirarme a los ojos, y ahí aprovechó para llevarse su dedo corazón y metérselo en su culo hasta el fondo.
 
Le gustaba hacérselo ella misma. Lo giró para dilatar su anillo todo lo posible. Dirigió su mano hacia mi polla, que todavía estaba dentro de ella, la sacó de su coño para ponerla en la entrada de su círculo mágico, ya enrojecido y bastante dilatado, la untó de la espuma que se había formado en el yacuzzi y dijo:
 
-"Ahora tú, hijoputa, y de un solo golpe. Castígame, párteme el culo, hasta dentro y lo quiero ya, hazme tu puta para siempre…"
 
No tuvo que esperar más, preparados, listos, ya, sus palabras fueron un pistoletazo para mí, y con un firme empujón de caderas entré en ese culito, pasé su anillo protector y entré en las profundidades de sus entrañas todo lo que me daba de si mi considerable miembro. Me quedé quieto porque ella dio un grito que ahogó para evitar que se presentase la seguridad del hotel y en sus empañados ojos noté que le había dolido.
 
-"Ahora no pares….dale….dale y rómpeme el culo…..dale hasta el fondo….más….más….", lo que mostraba que iba por buen camino.
 
Casi al momento, los ahogados gemidos de dolor se transformaron en suspiros de placer y todo empezó a rodar de miedo. Me sentía tan a gusto dentro de ella, con mi polla apretadita por aquellas paredes mágicas. Una vez vencida esta primera resistencia comencé a meter y sacar mi ariete en todo su recorrido, sacando la cabeza del anillo para volver a traspasarlo, lo que ahora conseguía arrancar en ella verdaderas demostraciones de placer. Sus gritos comenzaron a elevarse, tal y como los había oído antes, en varias ocasiones, mientras el ritmo de mi enculada se aceleraba, ya nada me importaba, nada excepto llenar el culo de esa pantera de mi leche caliente, correrme en su culito mientras ella también se iba.
 
Le daba tan fuerte que mis caderas chocaban contra sus nalgas mientras el agua del yacuzzi saltaba en todas direcciones. Estaba frenético, animal, nunca me había visto tan fuera de mí. Dar por el culo a aquella preciosidad era demasiado, inimaginable, mi sublime fantasía. Además, ella disfrutaba tanto como si me la estuviese follando por delante, gemía, gritaba, me empujaba mis nalgas para que la perforase todo lo posible. Su respiración estaba tan entrecortada que dudo como podía insuflar aire a su pecho, para lo que utilizaba su boca y resoplaba todo lo que podía, ruidosamente. Estaba claro que era el preludio de un nuevo clímax, el movimiento que sentía en la polla procedía de las paredes de su culo, que me abrazaban como si tuviese espasmos. Había empezado a correrse como una cerda, otra vez, no tenía límite, la gatita era toda una pantera multiorgásmica que introducía sus dedos en lo más profundo de su coño y masajeada con pasión su clítoris. Así estuvo durante una divina eternidad, yéndose escandalosamente, hasta que noté como sus impulsos fueron aflojando y en ese instante percibí que ya no podía aguantar más y dentro de mí explotó uno de los orgasmos más descomunales que he sentido. Empecé a vaciarme dentro de su culito, los chorros de mi esperma tenían que llegar hasta su estómago, me apreté a sus nalgas fuertemente mientras estrujaba sus tetas en un intento de fundirme con ella.
 
Con un decidido movimiento se sacó la polla de dentro, y recibió mis espasmos líquidos en su cara directamente, que se esparcieron por ella como si de perlas se tratase. Una vez que el último chorro le cayó en su frente, con verdadera ansiedad y todavía convulsionada por su reciente orgasmo, se dispuso a limpiarme metódicamente la polla, para no dejar ni un resquicio sin lamer con su habilidosa lengua, lo que provocaban vibrantes descargas eléctricas en mi ya maltratada extremidad. Cuando acabó con esa labor, acercó su boca a la mía para que yo también disfrutase de esos manjares y en ese momento sentí un ligero mareo que me descolocó de la situación y que achaqué al subidón de adrenalina esa mujer había desatado en mi interior.
 
La sensación de vértigo no cesaba, es más, iba aumentando paulatinamente por lo que me incorporé para salir del yacuzzi, lo que me resultó harto difícil. Ella me miraba sin demostrar sorpresa, sólo expectación. Abandoné a duras penas el cuarto de baño para dirigirme a la cama donde sucumbí a la oscuridad.
 
Espero y agradeceré vuestros comentarios y sensaciones, Nío (aquí o en mi correo ant1961vk@yahoo.es)

 



Actualizado el Viernes, 20 Abril 2007 por Dado de Baja
  

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Comentarios ( 2 ):

26 Feb 2007 lunaroja
mmmm....intenso...sabroso..prometedor..
reitero los peros de luna azul...
25 Feb 2007 Dado de Baja
Ufff!
¡Qué calor!

Me has dejado así eek
Tiene algunas pegas al igual que la parte I:

Tienes una buena narrativa que mantiene la atención en el texto desde las primeras líneas.

* Tienes que separar en párrafos ya que como esta actualmente lo hace muy pesado de leer.
* Tienes que trabajar los diálogos utilizando guiones en lugar de las comitas.

Si lo editas trabajando estos detalles te quedará estupendo.

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