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Lorenzo y Cristóbal.
Escrito por selyna en En tu Alcoba
Jueves, 22 Noviembre 2007
Leido 1306 veces

 -   +  aa aa aa aa

 

 

Lorenzo se levantó aquella mañana de un humor inmejorable. Se despertó relajadamente a poco de salir el sol, sin oír el chirrido gritón del despertador, programado para un cuarto de hora después. Se incorporó en la cama, se rascó el pecho bajo la camiseta mientras bostezaba como un león, y apartó con cuidado las crujientes sábanas blancas de algodón que aún olían a detergente.
Al abrir la ventana, se encontró con que la primavera bullía sin compasión por todos lados, y todo era susceptible de ser captado por sus sentidos. La media luz, el frescor del aire, el estruendosos canto de los estorninos… joder, qué día tan bonito…
En la cocina le esperaba otro estímulo: café recién hecho. Y otro estímulo: sus padres estaban de buen humor, charlando entre ellos ¡y se habían dado un beso!
Todo era perfecto…
Se fue a clase en bici. No quería perderse la sensación del aire perfumado de Co2 y azahar  en su cara.
Todo le parecía jodidamente bonito. Hasta su amigo Cristóbal, de profesión cenizo, estaba de buenas y le invitó a tomar café antes de subir a clase.
Sentados en una mesita de la cafetería en la terraza, se tomaron un café solo y se fumaron un cigarrito mañanero.
- Me he quitado estadística de cuarto de encima. Estoy que me salgo- comentó Lorenzo animado por las circunstancias.
- Felicidades, campeón, pero yo no te contrataría como contable- dijo Cristóbal mirándole de reojo.
- Mira pues… el que no ha aprobado contabilidad- se quejó Lorenzo.
- Que es broma, coño…- dijo Cristóbal refunfuñando…- además, para contabilizar algo hay que saber dónde ponerlo… mira…-señaló con sus dedos largos que sostenían el cigarrillo, a la esquina.- A esa la ponía yo a la derecha, a su amiga a la izquierda, y a la de negro mirando a Cuenca.
Lorenzo sonrió y miró a las tres chicas por encima de las gafas de sol mientras expulsaba el aire lentamente.
- Estás necesitado ¿eh?
- Me van a reventar los cojones- sentenció Cristóbal.- llevo más de tres meses sin follar.
- Tranquilo, esta noche salimos. Despliegas tus encantos y acabas con la mala racha…
- Te veo superoptimista hoy…- apuntó Cristóbal.
- Es que hace un día precioso…
- Seguro que viene alguno y lo jode. Mira a tu derecha.
Un chico se acercaba a ellos a paso ligero
- Mierda…
- ¡Mira¡ ¡Si son dos mariconazos¡- dijo el muchacho con una risotada dejándose caer en la silla libre.
- Con algo hay que entretenerse mientras me llega el turno de follarme a tu madre…-dijo Cristóbal.
- Huy que muerde- dijo el chico. Vestía una camiseta negra y llevaba mechas rubias en su pelo cortado al tres.
- Eso quisieras tú.- dijo Lorenzo dándole un trago al café.
- Haya paz. Sólo he venido a deciros que esta noche hay una fiesta en la Perla, que todos los de clase vamos y que el socio del dueño es amigo mío y nos hace descuento… ¿nos haréis el honor de honrarnos con vuestra presencia?
- Vale, pero voy por ti, no por el descuento…- dijo Lorenzo.
- Seguro que sí… disfrutad del día dandys…
- Adiós.
 


 Festival en La Perla. Todos estaban borrachos y algunos, hasta las orejas de coca… Cristóbal con un par de rayitas tenía suficiente, y Lorenzo pasaba. Estaba harto de que le sangrara la nariz. En casa, tanta sangre comenzaba a levantar sospechas… tenía la mitad de la ropa echada a perder, y su madre, tonta no era…
- Bueno… ¿dónde están las tías?- preguntó Cristóbal arrastrando las sílabas.
- ¿Para qué quieres una si lo único que harías sería vomitarle encima?
- Quiero follar…-se quejó lastimeramente apoyándose en el hombro de Lorenzo.
- Yo follaría contigo, pero tampoco me encuentro la polla…
- Gracias, pero no me vas… ¿quieres otra birra?
Lorenzo negó con la cabeza y le pasó la mano por los hombros.
- Lo que tú y yo necesitamos es un café y un paseo por el parque.
- Vale, - dijo Cristóbal- estoy de acuerdo.
Y sí que debía de estar de acuerdo porque se marcharon enseguida. Se fueron a un parque, se lavaron la cara en una fuente y Cristóbal se apoyó en un árbol y vomitó. Y después, aprovechando el fresquito de la noche se sentaron a serenarse en un banco.
Cristóbal se  sonó los mocos con fuerza. Tenía el cabello mojado del agua de la fuente con la que se había lavado la cara. Lorenzo le miró. Llevaba el cabello despejado en la nuca y la lucía con garbo entre el nacimiento del pelo castaño y el cuello de la camiseta. Tenía los ojos grises y tristones. Su boca era enigmática como si la hubiese pintado Leonardo da Vinci, y su cuerpo alto y delgado, era dueño des espacio en el que vivía y lo demostraba. Y desde que le había dejado su novia, no levantaba cabeza con las tías.
- ¿follarías con otro tío?
Cristóbal miró al frente y respiró hondo para reflexionar. Estaban sentados en el respaldo de un banco en la misma posición: piernas separadas, codos sobre las rodillas, manos juntas, hombros caídos… mirando al frente.
- ¿me lo estás preguntando en serio?- dijo Cristóbal mirándole de reojo.
- Pues claro… ya sabes que no te hablo nunca de cachondeo.- dijo Lorenzo atusándose el pelo.
Se avecinaba la típica conversación filosófica entre ellos dos… si es que no podían beber...
- ¿y tú?- dijo Cristóbal  pasándole un cigarro encendido.
- ¿qué pasa? ¿Qué no tienes opinión propia o qué?
- Contéstame- dijo Cristóbal mirándole fijamente.
Lorenzo se dio cuenta de que más allá de la broma, había algo que desconocía. Y lo peor, era que estaba en su propio interior.
- No lo sé Cristóbal, ni sí ni no… lo tendría que reflexionar- se miraron a los ojos- sí… tengo dudas ¿qué pasa? ¿nunca has pensado en que pudiera gustarte un hombre?
- No, para nada…- dijo Cristóbal suavemente, haciendo notar a Lorenzo que se había pasado.- yo también lo he dudado alguna vez…- dijo dándole una larga calada a su cigarro.
- Creo que yo también necesito una mujer- dijo Lorenzo.- Tú me has dicho que te iban a reventar los huevos. Yo tengo que tener problemas. Sin problemas, mi vida es aburrida.
- O sea que para nosotros una mujer es un coño que da problemas…-dijo Cristóbal bostezando.
- Pues eso parece…- Lorenzo se rascó el cuello y tiró la colilla, lejos…
- Entonces lo que necesitamos es una buena manola y un librito de sudokus…

Los dos sonrieron, y Lorenzo giró la cabeza y le miró. Cristóbal notó su mirada clavada en él y torció la cabeza para observarle.
Lorenzo tenía los ojos azul oscuro. Y el flequillo moreno se le movía por el viento nocturno sobre ellos.
- Vamos a tomar otra cerveza. ¿te han vuelto las tripas al sitio?- Lorenzo le palmeó la espalda.
- Sí, hace rato… vamos.
 

Terminaron en El Carmen. Muy borrachos. Mucho… Lorenzo estaba tan mareado que lo veía todo como si estuviese a través del agua.
Estaban apoyados en una barra de a saber qué garito, viendo cómo las niñas vestidas de colores trotaban por aquí y por allá…
- Dios… qué merluza llevo…-dijo Cristóbal con su voz grave, frotándose la cara.
- Mm…- Lorenzo se había quedado mirando al infinito.
- Eh… -Cristóbal se acercó y cogió a Lorenzo por el brazo, rodeando su bíceps con delicadeza. Lorenzo trató de enfocarle-¿estás bien?
- Mm…
- ¿quieres vomitar?
- Mm…
- Lo tomaré como un sí.- Cristóbal, que al menos no se encontraba mal, se quitó la cerveza de las manos y lo cogió por la cintura, rodeándolo con el brazo. Lorenzo lo cogió por el hombro y se dejó llevar al baño.
Y nada más ver la taza del váter, el estómago se le retorció y echó todo lo que tenía dentro, mientras Cristóbal le sujetaba la frente. Notó su mano caliente en la frente, la otra en su espalda, y su pierna rozándose con la suya. Cuando terminó, ya jadeante, escupiendo la ponzoña que le quedaba en la boca, Cristóbal le ayudó a levantarse.
- Ven, vamos a lavarnos la cara. Eso siempre despeja…- y Lorenzo sintió bastante alivio por poder refrescarse.
- Oh, oh, Cristóbal, vaya mierda… como hace tiempo…-se enjuagó la boca con agua y metió la cabeza bajo el grifo dejando que se le mojara el pelo, el cuello, la nuca…
- Parecemos  críos…
- Sí…
Cristóbal se acercó a él que aún estaba apoyado en el lavabo y lo cogió por los hombros.
- Anda, vámonos a casa… te invito a dormir.
- Mejor, no quiero que mis padres me vean así.- se incorporó y todo seguía dando vueltas. Así que dejó que Cristóbal lo sujetara por la cintura mientras salían del local…
Se agarró a él pasándole un brazo por los hombros y se lo llevó…
- Se van a creer que hay tema…-dijo Lorenzo sonriendo.
- O me dejas que te coja, o te caes de morros, borracho- dijo Cristóbal.
- Vale, te dejo, te dejo… joder…
Cómo estaba el chico con el tema aquella noche… pensó Cristóbal. Mientras andaban a trompicones tratando de no caerse, sonrió al pensar si alguien con quien se cruzaran, lo pensaría… Lorenzo le miró y se le contagió la sonrisa. Y pronto, comenzaron a reírse hasta que tuvieron que apoyarse en la pared de tanto que se descojonaban…
- No vuelvo a salir contigo… eres perjudicial para mi hígado…- dijo Cristóbal limpiándose las lágrimas…
- Anda, calla y acuéstame en la cama, que me voy a desconectar ya y me tendrás que llevar en brazos.
- Ni hablar, para eso estoy yo…
Cristóbal que era el que más entero estaba, lo metió en un taxi, y se lo llevó a casa. Y le mandó un mensaje a su madre al móvil para que no se asustara si no lo encontraba.
Cristóbal vivía solo. Sus padres y su hermana pequeña, se habían ido a vivir a un adosado a una urbanización, y él, para estar cerca de la facultad, se había quedado en el piso. Por eso no era raro que Lorenzo, su amigo del alma, recalara de tanto en tanto por allí. Subieron mientras comentaban chorradas y ponían verde a más de uno, y cuando llegaron a casa, se quedaron tumbados en la cama  de Cristóbal un segundo, como cogiendo fuerzas, para poder lavarse los dientes y desnudarse. Y que Cristóbal se marchara a la cama de sus padres.
- No tenemos remedio… siempre igual…- dijo Lorenzo en un susurro.
- Sí, siempre… desde que nos conocemos…
- ¿cuánto hace de eso?-preguntó Lorenzo.
- Uf… a ver… nos conocimos al empezar el instituto… pues unos diez… ¿once años?-Cristóbal se exprimió el cerebro.
- Más o menos…
- Joder…
Lorenzo le miró y Cristóbal también.
- Vaya tela… ¿y no nos hemos peleado nunca, eh?
- No- Cristóbal sonrió.
- Y mira que ha caído gente a nuestro alrededor… amigos que no se hablan…
- Y rollos de novias y todo eso…
- ¿te acuerdas de Juan y Lucía?
- Ostia, claro…
Y charlando, rememorando viejos tiempos, poco a poco, se quedaron dormidos…
Y a la hora, Cristóbal se despertó, y sólo tuvo fuerzas para quitarse los zapatos y apagar la luz. Lorenzo dormía. Y al rato, se despertó Lorenzo y se quitó los zapatos y los pantalones y se acomodó al lado de Cristóbal y se durmió otra vez. Y tras una noche etílica de dar vueltas, y taparse y destaparse, y de roncar, durmieron hasta bien entrada la mañana… sobre las once, un solecito cabrón de principios de junio, se le metió en los ojos. Y Cristóbal parpadeó y se despertó. Lo primero que notó fue la lengua como un esparto. Lo segundo, que no podía mover ni un solo hueso…
Vio a Lorenzo que dormía tranquilamente con un brazo sobre los ojos para protegerse del sol. Veía su pecho  subir y bajar relajadamente al ritmo de su respiración, bajo su camiseta gris. Vio sus pegados calzoncillos de lycra azul marino ceñidos a sus caderas, que albergaban una brutal erección matutina.
Cristóbal se asustó. Se asustó de sí mismo cuando sintió que su polla comenzaba a hincharse al ver el bulto en la ropa de Lorenzo. Hasta que estuvo en las mismas condiciones que él…
Torció la cabeza para dejar de mirarle, pero no podía dejar de pensar que la pregunta que le hizo Lorenzo por la noche, tenía cierto sentido.
“¿Follarías con un tío?”
Sólo tal vez si…
Se frotó los ojos y trató de dejar de pensar… pero como no podía, se levantó con cuidado, se dio una ducha, se masturbó viendo una revista guarra, y salió a preparar café…
- Hola…- Cristóbal se dio la vuelta y lo encontró apoyado en el marco de la puerta de la cocina.
- Hombre, la bella durmiente…- dijo mientras llenaba el filtro de la cafetera.
- Buenas… ¿qué hora es?- Lorenzo se rascó la nuca.
- Once y media según ese reloj de ahí…- le dijo Cristóbal que procuraba no mirarlo…- si te apetece darte una ducha, estás en tu casa…
- Te lo agradecería un montón…
- Pasa, hombre. Allí hay toallas, y coge algo de mi ropa que la tuya está bonita…
Se dio la vuelta y vio a Lorenzo que le sonreía.
- Cómo me cuidas. Gracias.
Cristóbal le devolvió la sonrisa.
- Va, que tengo café y aspirinas. Date aire.
 
Lorenzo se fue a comer con sus padres. Lo llevaron a un restaurante en la playa, porque habían quedado con el hermano de Lorenzo, Angel y su mujer, Paula.
- ¿alguien quiere café?- preguntó Angel. Todos dijeron que sí.
Angel tenía treinta y seis años. Trabajaba en un banco. Se llevaba con Lorenzo doce años… nunca habían tenido demasiada relación. Ahora tenían más.
Cuando trajeron la cuenta, Angel se empeñó en pagar a pesar de las protestas de sus padres.
- No, que hoy estamos de celebración-dijo Angel.
- ¿y qué celebramos?
- Que vamos a tener un bebé.
Toma notición…
Su madre se alegró muchísimo. Por fin iba a ser abuela… Lorenzo les felicitó, y por otro lado, le alivió. Ya no era él el que tenía la obligación de darle nietos…
Y menos mal…
Estaba un poco raro… se encontraba extraño. Había dormido con Cristóbal. Ninguno de los dos había hecho por irse a dormir a otro lado. Aún era de noche cuando se despertó  una de tantas veces… se había despertado porque Cristóbal, dormido como un ceporro y roncando, le había pasado un brazo por la cintura. Y se había estremecido, pero su contacto le había resultado tan agradable que no pensó en apartarlo…
Ahora lo veía mucho más que cuando Cristóbal y Alicia salían juntos. Ahora iban juntos a todos lados. Salían juntos por la noche, al cine… ni siquiera Lorenzo se había molestado en tirarle cacho a ninguna de las chicas que le rondaban, por estar con él.
Tenía miedo.
Cuando salieron del restaurante, marcó el móvil de Cristóbal.
- ¿mm?
- ¿durmiendo?- dijo Lorenzo con una sonrisa.
- Mm…
- ¿un cine?
- Mm…
- Lo tomaré como un sí.
- ¿te pasas por aquí?
- Hecho.
 
Se fueron dando un paseo. La tarde se había vuelto gris y plomiza… un calor pegajoso amenazaba lluvia.
Lorenzo lo vio llegar. Su pelo castaño aún mojado se le pegaba a la frente. Esa forma de andar, su figura estilizada y esa cara de pocos amigos… cuando sus ojos grises le miraron, se sintió muy raro.
- Buenaaaaaas-dijo Cristóbal guardándose las llaves de casa en el bolsillo de sus pantalones negros.-¿qué tal? Cuánto tiempo…
- Comida coñón. Voy a ser tío.
- Felicidades.
- Gracias.
- ¿qué vamos a ver?
Cristóbal era así. Su sentido del humor picaba como un escorpión. El de Lorenzo también, por eso se aguantaban tanto. Y les daba confianza.
- Lo que quieras… el caso es salir.
- Entonces paso del cine. – dijo Cristóbal mirándole. Lorenzo asintió. No sabía lo que quería. Sólo sabía que tampoco quería ir al cine. Cristóbal le miró fijamente a los ojos.
- ¿qué?- preguntó Lorenzo nervioso.
- Te pasa algo.
- No- afirmó rotundamente.
- Ya te lo sacaré.
Lorenzo pensó que  ojalá pudiese librarle de aquella cosa…
- Andando.- dijo Cristóbal, y echó a andar con paso decidido y él le siguió. Sabía que no tenía ni idea de dónde ir, pero él era así.
- Bien… ¿sabes?- Cristóbal se rascó la nuca.- llevo todo el día reflexionando.
- ¿sobre?- Lorenzo le miró.
- Sobre tu preguntita de si follaría con un hombre.
Lorenzo sintió de repente que su ritmo cardíaco se había disparado, y su cara se teñía de color rojo. No quería saberlo.
- ¿yo te pregunté eso?-dijo tratando de disimular.
- Sí, en el parque…-dijo Cristóbal mirando al frente.- me acordé de tu preguntita mientras comía…- miró a Lorenzo levantando las cejas para remarcar su ironía.- no he podido evitar reflexionar.
- No tiene importancia. Sólo es una rayada de borracho…- dijo Lorenzo incómodo.
- ¿quieres saber la respuesta?
- Bueno…-dijo sin ganas.
- La respuesta es ¿porqué no?
- Respuesta a la gallega…
- No tengo otra mejor.
Caminaron en silencio durante una calle entera… Lorenzo no sabía qué decir. Tenía miedo…
- Tengo otra bastante buena…-dijo Cristóbal deteniéndose de repente en la acera. Lorenzo se detuvo dos pasos más allá y se dio la vuelta para quedar frente a frente con él.
- Dime.- dijo aparentando toda la tranquilidad que le era posible.
Cristóbal le miró a los ojos. Le iba a costar mucho soltar lo que tenía en mente, pero por otro lado, confiaba en Lorenzo. Sabía que no le iba a fallar porque era su amigo. Sabía cosas de él que ninguna persona sospechaba.
- Tú… si tuvieras que probar con un tío… ¿me elegirías a mí?
Lorenzo escuchó que le temblaba ligeramente la voz. Cristóbal tenía una voz suave y profunda, agradable y siempre firme. Sin embargo, le falló un poco, demostrando que la cuestión le afectaba. Lorenzo sintió ternura… la ternura que siempre le invadía cuando Cristóbal por algún motivo, buscaba refugio en él. Sonrió y se metió las manos en los bolsillos de los vaqueros.
- Sí… si tú quisieras, sí…
Cristóbal le sonrió. Se sentía aliviado pero tenía dudas sobre algo…
- ¿quieres contarme algo ahora, Lorenzo?
Éste suspiró y miró al cielo. Una gota le había mojado la cara. Se iban a mojar.
Cristóbal intuía que Lorenzo se estaba descubriendo a sí mismo y tenía miedo de lo que él mismo pudiera descubrir en su propio interior.
- ¿puedo hablarte con total franqueza sin que eches a correr?-dijo Lorenzo a punto de desmayarse.
- Lorenzo, escucha… somos mayorcitos ya… los dieciocho pasaron hace mucho… y somos amigos desde hace un montón… ¿tú crees que no voy a saber encajar lo que me quieres decir?
Lorenzo echó a andar. Gruesos goterones mojaban la acera y la gente comenzaba a buscar refugio para no mojarse. Cristóbal le siguió hasta ponerse a su lado.
- ¿sabes? No hay nada casual… por ejemplo, la música que escuchamos… siempre tiene un componente erótico muy fuerte… siempre los cantantes son jodidamente sexys y se jactan de que gustan físicamente a hombres y mujeres… ¿me sigues?
- Sí…
- Incluso tú y yo tratamos a veces de imitarlos, en la ropa, en los gestos, en el peinado…
- Vale, vale, no tenemos criterio propio… - se quejó Cristóbal.
- A veces creo que me estoy perdiendo algo… a veces pienso que yo mismo me estoy pidiendo que se a valiente y complete lo que me falta.
Cristóbal se detuvo. Lo cogió del brazo y lo metió debajo de una cornisa. Se estaban empapando y Lorenzo parecía no enterarse.
- ¿crees que eres gay?- preguntó Cristóbal a bocajarro. Lorenzo miró el cielo negro de las cinco de la tarde. Un relámpago lo iluminó y un trueno les ensordeció.
- Creo que soy bisexual… al menos lo sospecho…-dijo Lorenzo en un susurro.- me gustan las mujeres y mucho… pero a veces…
- ¿se te ha puesto dura alguna vez al ver a un hombre desnudo?
- Bueno, no he tenido demasiadas ocasiones de ver hombres desnudos…- dijo Lorenzo sonriendo-pero con alguna película de esas que te encuentras por la noche al final del dial… sí…- Lorenzo le miró a los ojos. Cristóbal escuchaba atentamente.
- ¿vamos más allá?- dijo Cristóbal tragando saliva.
- ¿dónde?- Lorenzo intuía que no se iban a mover de debajo de la cornisa.
- Esta mañana…- Cristóbal encendió un cigarro y aspiró fuerte para tomar una bocanada. Apoyó la cabeza en la pared y soltó el humo.-… cuando me he despertado, tú dormías… panza arriba. Y no sé con qué coño estarías soñando, pero estabas a punto de cargarte los gayumbos… y me he tenido que levantar y marcharme.
Los dos se miraron. Lorenzo sentía ganas de echarse a llorar. Se sentía emocionalmente agotado. Que se acabara aquello, por favor…
- ¿te ha dado asco?- susurró Lorenzo.
Cristóbal se despegó de la pared y se puso frente a él. Apoyó una mano en la pared, al lado del hombro de Lorenzo y le miró a los ojos, muy serio.
- No. Me he empalmado… y me he asustado porque todo este terreno es muy resbaladizo y te conozco desde hace mucho y quiero que sigamos siendo amigos, porque si somos algo más y acabamos peleándonos como hemos hecho con nuestras novias, no lo aguantaría, y creo que no he querido a ninguna como te quiero a ti, so mamón.
Tenía la cara de Cristóbal a quince centímetros. Y eso le contuvo el llanto. Sólo se le empañaron los ojos, pero consiguió dominarse… respiró hondo y se tragó las lágrimas. No sabía si estaba feliz o triste… era una sensación mágica, extraña, agradable y doliente a la vez…
- Necesito una cerveza…-dijo al final.
- No. Necesitas un zumito o un café. ¿quieres matarte en dos días?-dijo Cristóbal liberándole de su brazo.
- Mejor me voy a casa.
- Ah, muy bonito… ¿y me dejas así? ¿es que no te das cuenta de que estoy sintiendo lo mismo que tú? Lorenzo, necesito tu apoyo…
- Perdona, es que estoy un poco aturdido, pero tienes razón… no soy tan mal amigo…
- Anda, vamos a tomar un café… nos estamos calando hasta los huesos…
Se miraron a los ojos y echaron a andar uno junto al otro, mientras el cielo se desplomaba a su alrededor y el agua lavaba la ciudad.
 
La cafetería en la que entraron, estaba a tope. No cabía ni una aguja, ya que todo el mundo había decidido entrar para refugiarse de la lluvia. Todo lleno de niños, madres con carros, bolsas de compra… una algarabía infernal…
Se acodaron en el extremo de la barra al lado de una cabina de teléfono. Pidieron dos cafés y miraron a su alrededor sin saber qué decir…
Como siempre, Cristóbal fue el que tiró del carro.
- ¿te encuentras bien?
Lorenzo le miró y frunció los labios mientras reflexionaba. Más le valía ser sincero, mirase por donde se mirase.
- Estoy confundido… acabo de perder mi identidad y creo que tú la estás perdiendo también…
- Bueno, yo creo que sólo nos estamos conociendo a nosotros mismos… yo creo que esto no ocurre de la noche a la mañana…-Cristóbal echó su azucarillo en el café y lo removió lentamente…
- ¿Tú has notado algo alguna vez?
- Alguna vez…-Lorenzo le vio dar un sorbo tranquilo.
- Dime…-susurró Lorenzo esperando.
- No sé… creo que no es lugar para contarte fantasías eróticas… hay mucho menor y mucha madre que no quiere oírlas nombrar…
- ¿fantasías?- dijo Lorenzo sonriendo.
Cristóbal le indicó con el dedo que se acercara. Luego le susurró al oído:
- Noticias frescas… me masturbo de tanto en tanto…
- Gracias por la aclaración…
Cristóbal notó el aliento cálido de Lorenzo en el oído y se estremeció.
- De nada.
- Y supongo que no todo son chicas…
- Aquí no, Lorenzo…-Cristóbal encendió un cigarro.
- Pues vámonos a otro sitio, necesito hablar, no un café.
- Si te portas bien, te llevo al burguer.
- Vale, vale…
Y luego, cumplió su promesa y se lo llevó a cenar a un burguer. Eran las ocho de la tarde de un sábado. Todo lleno de niños. Y de madres. ¿Pero dónde coño estaban los padres? Tuvieron suerte y encontraron una mesa sola y apartada. Allí podrían charlar.
Siempre pedían dos menús con patatas y coca cola, grandes y sin hielo. Y después, el ritual de siempre: Cristóbal le traspasaba sus pepinillos a Lorenzo y Lorenzo le traspasaba el ketchup a Cristóbal. Era automático. Abrían los panecillos a la vez y comenzaba el traspaso…
Cristóbal sabía que Lorenzo estaba esperándole y no se hizo de rogar…
- Cuando íbamos al instituto, yo sabía que aquello era distinto para mí… de hecho cuando tenía trece años, estaba tan colgado de un chico que se llamaba Alberto que si no me maté a pajas aquella época, ya puedo sobrevivir a cualquier cosa.
- ¿Por qué no me contaste nada?
- Porque aún no te conocía… te conocí al año siguiente, y me hubiera colgado de ti si no hubiese estado colgado de Gema, una chica de tercero con las tetas más jugosas que he visto nunca…
- Gema…- Lorenzo hizo memoria- ostia, Gema… es verdad…
Cristóbal vertió dos bolsitas de ketchup en sus patatas.
- ¿Y sabes qué es lo que más me gusta hacer en la cama?
- Sí, quedarte con la sábana…
Cristóbal se rió con ganas.
- Eso es…
Lorenzo sonrió.
- Mm… colesterol…-y le dio un buen bocado a la hamburguesa.
Ninguno de los dos había pasado por alto el giro de la conversación, pero preferían dejarlo para otro momento…
- Siempre ha sido una constante en mi vida… pero nunca me había surgido la oportunidad tan claramente como ahora…- dijo Cristóbal.
- ¿Cómo ahora?
- De poder hablarlo…
- Ah… y perdona que me ponga un poco pesado pero… déjame que te pregunte algo...-dijo Lorenzo limpiando con una servilleta un poco de ketchup de la comisura de los perfectos labios de Cristóbal. Lo hizo delicadamente, sin prisa, mirándole a los ojos tranquilamente… Cristóbal sintió que se le ponía la piel de gallina.
- Lorenzo, cuidadito con lo que preguntas, que todo esto viene por una pregunta tuya…
- ¿te gusto?- Lorenzo formuló la pregunta mordiendo una patata, mirando por la ventana, cómo llovía.
Cristóbal sintió que se le iba a agriar la comida en el estómago por la tensión del momento… Lorenzo se había dado cuenta. Ya no había marcha atrás.
- Si…- logró susurrar entre dos bocados. Sentía que se había puesto blanco como la pared- te dije que tuvieras cuidado… ¿yo te gusto a ti?
- Si… mucho…
Cristóbal levantó las cejas en un gesto de “uf”, y siguió comiendo.
No se atrevían a mirarse…
- Mañana me paso por tu casa después de comer y me dejas los apuntes de economía… la semana que viene me examino. Paso de dejar correr convocatoria.
- Así me gusta, arriesgando…-dijo Lorenzo.
- ¿me los pasas o no?-gruñó
- Que sí, coño… ¿has oído el mp3 que te pasé?
- Pero si ya lo tenía todo… ¿a que me diste otro?
- Huy, pues los de Pulp…
- Pues eso… si los tengo todos. Yo los que te pedí fueron los de Suede.
- Ah, ostia…
 
Continuaron discutiendo de sus cosas hasta que llegaron a casa  de Lorenzo. Eran las diez y allí todo estaba oscuro y en silencio…
- Pues nada… - Cristóbal se detuvo frente a él en el portal, y Lorenzo sacó sus llaves.
- Pues eso… luego te grabo el mp3 y te lo llevas mañana.
- Vale.
Se miraron y sonrieron… ambos pensaban en qué debían hacer. Algo habría que decir… que comentar… se habían confesado su atracción… algo habría que decir… el contrario no era una chica sino un chico. Y se conocían desde antes de que los primeros granos hicieran acto de presencia… se aguantaban la mirada, seguidamente, sin interrupciones, intentando reunir el valor para decir algo. Cristóbal sintió que se derrumbaba por dentro. Aquellos ojos azul oscuro le pedían fortaleza… y no la tenía. Estaba asustado… Lorenzo le vio desfallecer frente a él. Podía sentir la tormenta en su interior tan claramente…
Nunca ninguno de los dos acertó a decir si lo que les impulsó a hacer lo mismo, fue que Cristóbal decidió ser el fuerte o si Lorenzo trataba de consolarle, pero juntos y a la vez iniciaron el movimiento de acercarse a los labios del otro, y se encontraron.
Durante un segundo, sus labios permanecieron cerrados, apenas rozándose. Lorenzo había inclinado la cabeza hacia la derecha y Cristóbal pegaba la nariz en la mejilla de Lorenzo. Su olor, su tacto, su cercanía… sus corazones iban a cien… tenían los ojos cerrados… Cristóbal gimió imperceptiblemente y esa fue la señal para que los dos a al vez entreabrieran sus labios y acariciaran sus lenguas suavemente… con lentitud… Lorenzo hundió los dedos en el cabello de Cristóbal y éste le agarró la nuca con fuerza y lo apretó contra su boca. Y sus besos se hicieron más apasionados.
- Nos van a ver…- logró decir Cristóbal en un acceso de lucidez.
Lorenzo sacó sus llaves y abrió a tientas la puerta del patio mientras seguía besando a Cristóbal sin parar. Y una vez dentro, éste buscó su cuerpo en la oscuridad y lo abrazó por la cintura, pegándolo a la pared, hundiéndole la lengua en la boca. Sintió los brazos de Lorenzo rodeando sus hombros y apretarlo contra su pecho…
Qué olor tan maravilloso, qué calidez, qué alivio tenerlo por fin allí…
La luz del patio se encendió y alguien llamó al ascensor.
Se separaron tan de repente como se habían unido. Y se miraron a los ojos. Sus pechos se agitaban faltos de aire como si hubieran corrido una maratón.
- Bueno, pues eso… me dejas los apuntes…-dijo Cristóbal limpiando con el pulgar un rastro de saliva de los labios de Lorenzo, apretándolos fuerte, mientras sus miradas de deseo se sostenían la una a la otra.
- Claro ¿te pasas?
- Sí. Hasta luego.
- Hasta luego…- Cristóbal abrió la puerta y se fue, mientras Lorenzo comprobaba si su camiseta era lo suficientemente larga como para ocultar su erección.
 

Tres de la madrugada. Cristóbal estaba estudiando. Al menos vegetaba frente a sus apuntes. Rememoraba una y otra vez lo que había sentido cuando se besó con Lorenzo. Y podía afirmar con total seguridad que nunca antes había sentido algo así con una chica. Ni con la primera. Jamás antes había besado a otro hombre. Y le había encantado… su olor era mucho más intenso, su cuerpo más fuerte, su piel más recia, su boca igual de jugosa y apetecible…
Dejó caer el boli sobre los apuntes y se estiró en la silla. Lorenzo… un beso no bastaba. Necesitaba llevárselo a la cama… necesitaba saber que de verdad iba a ser suyo… cerró los ojos. Aún le parecía sentir sus brazos en la espalda, apretándole contra su cuerpo… estaba enamorado como un escolar… y no quería pensar en las consecuencias de todo aquello. Nada que no fuera Lorenzo y él.
Se tumbó un segundo en la cama. Sólo para descansar. Recordó con detalle su rostro que se sabía de memoria. Y recordó algo… estiró la mano y cogió un pequeño álbum que tenía entre los libros de cabecera. Tenía una foto suya y de Lorenzo que le encantaba. Se la habían hecho hacía dos años en Estambul. Habían ido de viaje de fin de curso a celebrar el paso del Ecuador… estaban los dos sentados en un portal de una tienda atestada de cientos de miles de cosas, desordenadas y polvorientas. El sol caía a plomo, sin piedad. Y alguien dijo “sonreíd” y sonrieron. Lorenzo había pasado un brazo por sus hombros y miraban los dos sonrientes. Con los ojos brillantes, vestidos con la camiseta gris oficial de la expedición… le encantaba aquella foto.
Ahí, Lorenzo llevaba el pelo más corto que ahora y llevaba varios meses saliendo con Ana… pero aquel viaje lo pasó entero y solo con Cristóbal. Compartieron habitación, iban juntos a todos lados… hubiera estado muy bien estrenarse allí, con aquella atmósfera mágica medio oriental…
En medio de ensoñaciones, de Lorenzo, de canela y pimienta, se quedó dormido, agarrado a su almohada a ver si quedaba alguna pizca de su olor.

 

Eran las cuatro y media de la tarde. Lorenzo releía una y otra vez la misma línea de sus apuntes desde las ocho de la mañana. Y ni siquiera podía repetirla en voz alta. La noche anterior estaba tan nervioso que se había tumbado un momento en el sofá y su cuerpo había dicho basta y se había dormido. Y aquella mañana le tocaba rememorar con pelos y señales lo ocurrido en su portal…
En su mesa, descansaban preparados los apuntes de economía, por si le apetecía pasarse antes…
Oyó a su madre que abría la puerta de casa.
- Hola chiqui, cuanto tiempo sin verte.
- Asun, que bien te veo ¿cómo estás?
- Muy bien ¿y tú? Te veo más delgado…
- Es que si vives solo no comes tanto…
Lorenzo sintió una descarga de adrenalina al oír su voz grave y aterciopelada. ¿Qué hacía? ¿Iba? ¿Pero desde cuando iba a recibirle a la puerta? Que pasara directamente a su habitación, como siempre…
Oyó unos golpes en su puerta.
- Adelante.
- Buenas tardes ¿se puede?- dijo la voz de Cristóbal.
- Se puede…
- Chicos, ¿os hace un café? Yo necesito uno – dijo la madre de Lorenzo.
- Vale, -dijo Cristóbal
- Yo también…- pidió Lorenzo.
- Venga, pues os aviso cuando esté. –ella cerró la puerta y los dejó solos.
Lorenzo aún  no se había dado la vuelta para mirarle. Estaba clavado a la mesa… estaba deseando abalanzarse sobre él, pero estaba tan nervioso…
Oyó que Cristóbal cogía una silla y se sentaba a un lado. Y sólo entonces, torció la cabeza  para mirarle. El corazón le iba a cien por hora…
- Hola- saludó Cristóbal con una sonrisa.
- Hola…- contestó él pegándosele la sonrisa.
- ¿cómo estás?-le susurró dulcemente con su voz grave y profunda.
Lorenzo hizo girar su silla de despacho hasta quedar de frente a él. Vio que llevaba puestos unos vaqueros y una camiseta a rayas azul. Pensó que tenía toda la pinta de un cantante pop y eso le hizo sonreír… sin quitarse la vista el uno del otro, Lorenzo cogió la mano de Cristóbal y la puso sobre su pecho. Éste notó su latir desbocado golpeando su palma.
- Cálmate un poco…- le susurró Cristóbal cogiendo la mano de Lorenzo y llevándola sobre su propio pecho. Dentro, su corazón, también latía igual de fuerte…
Estaban muy cerca. Demasiado… se miraban a los ojos sin descanso en medio del silencio de la habitación.
- No puedo dejar de pensar en ti…- le susurró Lorenzo, y Cristóbal enternecido, le acarició una mejilla con dulzura, y Lorenzo se apresuró a cerrar los ojos y besar el interior de su muñeca.
- Bueno…- Lorenzo carraspeó y se apartó de él, acercándose a la estantería.- ahora sí, tu mp3.
- Muchas gracias, caballero.-dijo Cristóbal cogiéndolo.
- A usted. ¿Ya te ha dado mi madre la paliza?
- No seas duro con ella… ella nunca me ha dado la paliza…
- ¿luego nos vamos a dar una vuelta?
- ¿Quieres venir a cenar a casa?
Lorenzo dejó de ordenar sus CDS. aquella pregunta formulada a su espalda, era mucho más de lo que parecía… se dio la vuelta con lentitud y vio a Cristóbal mirando por la ventana sosteniendo un cigarrillo encendido entre sus dedos. Los dos sabían que eso significaba ¿te acostarás conmigo?
- Sí…- respondió al final… se oyeron unos golpes en la puerta.
- Chicos, el café… venid al comedor.
Y antes de salir, se miraron de nuevo a los ojos.
 

Subieron a casa de Cristóbal como gente civilizada, sin asaltarse en el patio. Charlaban como dos amigos.

 

-Continuará-



Actualizado el Viernes, 20 Abril 2007 por Dado de Baja
  

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Comentarios ( 1 ):

28 Nov 2007 Dado de Baja
WOW!

Parece increible que después de tantos años de amistad descubrieran que se amaban.
Me gusta mucho la forma en la que nos vas llevando de la mano a través de imágenes vívidas y apasionadas.

No he podido dejar de leer desde el primer párrafo.
Voy a por el siguiente capítulo.

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