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Lorenzo y Cristóbal II
Escrito por selyna en En tu Alcoba
Lunes, 26 Noviembre 2007
Leido 1207 veces

 -   +  aa aa aa aa

Subieron a casa de Cristóbal como gente civilizada, sin asaltarse en el patio. Charlaban como dos amigos.
- Pues mañana me acompañas y me compro el último de Franz Ferdinand, que lo quiero tener…- dijo Lorenzo.
- Vale…- Cristóbal metió la llave en la cerradura y abrió. Se comportaban como siempre. Lorenzo se fue a poner música y Cristóbal se fue a por dos cervezas a la nevera.
- Joder… ¿cómo se vacía tan rápido la nevera? Si no como tanto…- se quejó Cristóbal dejando dos latas sobre la encimera…
Lorenzo apareció tarareando la canción que sonaba en la cadena.
- ¿decías?
- Que odio hacer la compra.
Lorenzo sacó el tabaco y le ofreció un cigarro encendido.
- Gracias.
- A usted.
- A ver qué puñetas hacemos de cenar-dijo inspeccionando la nevera.
- Déjame ver…- Lorenzo cotilleó el contenido del congelador- tienes una pizza ¿hace?
- Vale…
- Ya la pongo yo…
Cristóbal  se puso a tararear la canción que sonaba mientras abría una lata de aceitunas… era todo tan normal… era como siempre… aquella escena se había repetido mil veces… Lorenzo y él cenando en casa… Eso le llevó a pensar si no se habría enamorado  de él mucho antes… si no llevaría tanto tiempo queriéndole que era su estado normal, y lo raro era estar con una chica. Su última novia, Alicia, lo había dejado diciendo que no le veía preparado par a un compromiso, que necesitaba estar más tiempo con él, y que Cristóbal no se lo daba. Pensó en que no había dejado solo a Lorenzo más tiempo del indispensable para salir a cenar con ella y luego echar un polvo. Y Lorenzo tampoco le había abandonado cuando tenía novia…
Lorenzo se puso a su lado, hurgando en el cajón de los cubiertos y lo miró. Le parecía tan guapo ahora… la idea de que era para él y que hasta entonces no se había fijado, le golpeó. Y quería que fuera suyo y quería ser de él. Sin interferencias. Para siempre.
Alargó despacio la meno hasta la de Lorenzo que rebuscaba en el cajón y la acarició, desde la muñeca hasta los dedos…
Lorenzo se quedó quieto, disfrutando la caricia, sintiendo que se le erizaban todos los pelos del cuerpo de puro placer… cogió la mano de Cristóbal y entrelazó los dedos con los de él. Y lo miró a los ojos.
- No sé qué es lo que ha ocurrido entre tú y yo para llegar a esto. Sólo sé que me acabo de dar cuenta de que llevaba mucho deseándolo…- susurró Cristóbal sin dejar de mirar sus ojos.
Lorenzo sonrió con dulzura y se acercó a él y lo abrazó. Cristóbal al sentir su cuerpo, su olor y su tacto, lo apretó fuerte contra su torso, queriendo meterlo dentro de su pecho con sus brazos. Y como la noche anterior, se besaron. Primero despacio… buscando con timidez primero el hueco entre el cuello y el hombro con la nariz, subiendo hasta la mejilla… topando con unos labios que buscaban los del otro, y finalmente encontrándose… para quedarse petrificados  por el contacto de la boca del otro, y cerciorar que lo ocurrido la noche anterior, no había sido un sueño, pues esa sensación tan vívida y conocida a la vez, no les era ajena, pero aún tenían que explorarla. Y se morían de ganas de hacerlo, así que casi a la vez, entreabrieron los labios para acariciar con dulzura sus lenguas… perfectamente sincronizados, con la presión justa para hacer valer su presencia, pero sin asustar. Acostumbrados a ser ellos los que primero besaban a una chica, tenían esa técnica de conquista, de avanzar suave pero firmemente para no dejar que su víctima escapara, y a la vez no deseara hacerlo.  Se besaban con los ojos cerrados… Lorenzo sintió la mano de Cristóbal acariciando su nuca por debajo de su cabello. Y sintió que se excitaba… un beso de Cristóbal bastaba para ponérsela como el granito… bajó su brazo, desde la espalda de Cristóbal hasta su cintura. Y dudando un segundo si cometer o no aquel atentado contra su espacio vital, al final decidió explorar el tacto de su piel bajo su camiseta, y aventuró las yemas de los dedos bajo la ropa, hasta encontrar la piel caliente y ligeramente sudada de su cintura.
Cristóbal sintió que su ritmo cardíaco se disparaba… con la boca pegada a la de Lorenzo, lamiéndose con suavidad los labios uno al otro, saboreando su saliva, besándose con lentitud y con toda la lujuria del mundo, escuchando el dulce fluir de líquido, el ruido de besos perezosos y húmedos… sentir sus dedos en la parte baja de la espalda, le indicó que aparte de besarle, Lorenzo, al igual que él quería ir más allá. Hacía mucho rato que su polla exigía satisfacción, pero él estaba tan concentrado besando sin descanso a Lorenzo que no le había hecho caso…  sólo tuvo conciencia de que aquello iba en serio de verdad, cuando Lorenzo apretándolo entre sus brazos, lo apoyó sobre la encimera para seguir besándole y sus caderas chocaron con las de él, frotándose sin querer queriéndolo, y notó que Lorenzo estaba tan empalmado como él.
Gimió al sentir su polla dura, al pensar que eso se lo provocaba él. Y cogió a Lorenzo por las mejillas  y lo besó apretándolo fuerte contra su boca… y se quedó sin respiración cuando sintió la mano de Lorenzo colarse bajo su camiseta y acariciar su pecho con los dedos, y luego buscar uno de sus pezones, para pellizcarlo dulcemente.
-Lorenzo…-susurró él apenas con un hilo de voz, apoyando su mejilla contra la de él, dejando que escuchara su respiración desbocada, que se empapara del sudor que empapaba su frente y su sien, que absorbiera todo el calor que manaba de su cuerpo en llamas. No recordaba haber estado tan excitado en la vida…
Lorenzo sentía que si aquello duraba mucho, se correría sin ni siquiera haberse bajado la bragueta, y no quería que ocurriera así…  sentía que Cristóbal, se había abandonado a él. No podía ser el fuerte. No podía llevar la iniciativa, porque estaba demasiado ocupado disfrutando de cada caricia de Lorenzo, y sinceramente, a éste le volvía loco oírlo gemir, y verlo estremecerse bajo su contacto… esta vez, sería él el que tomara la iniciativa… bajó su mano desde su pezón hasta sus caderas. Acarició su sexo duro por encima de la tela de los vaqueros y lo apretó con suavidad, como comprobando su resistencia…
Dejaron de besarse para poder ver la expresión del otro. Cristóbal tragó saliva y escrutó los ojos azules de Lorenzo, que le miraban con la misma expresión de deseo que la noche anterior. Lorenzo vio en sus ojos grises excitación y temor. En cierto modo eran vírgenes…
- ¿puedo…?- susurró Lorenzo mientras mordía el labio inferior de Cristóbal
- Sí…- susurró él, cerrando los ojos absolutamente excitado.
Tenía miedo de sentir dolor, de cómo sería, de qué sentiría… pero la tentación de ser follado por Lorenzo le consumía. Lorenzo sin dejar de besarlo, lo cogió por la cintura y lo llevó hasta la nevera. Y a tientas, con la mano, buscó la tarrina de mantequilla. Y sin perder más tiempo,  Lorenzo le soltó el cinturón,  le bajó los pantalones y los calzoncillos hasta la mitad del muslo y le dio la vuelta hasta dejarlo apoyado sobre las manos en la mesa de la cocina. Cristóbal sintió su sexo libre, duro como una piedra, expuesto sin ropa… le esperaba ansioso. Oía la respiración desbocada de Lorenzo a su espalda mientras maniobraba. Algo frío y grasiento se untó entre sus nalgas y un dedo curioso lo extendió por su ano. Cristóbal aguantó la respiración cuando notó el dedo de Lorenzo entrando…
- Si te duele lo más mínimo, dímelo y paro…
- Ni se te ocurra- logró decir mientras notaba cómo el dedo entraba y salía, untándole.
Y gimió. Qué sensación tan fuerte… nunca había sentido nada parecido… se inclinó hacia delante para ofrecer su culo a Lorenzo…
Éste veía sus prietas nalgas, las piernas separadas cuanto podía, el agujero que se apretaba alrededor de su dedo… no podía esperar más… se untó él mismo meneándola arriba y abajo y aplastó su grasiento capullo contra el diminuto agujero. No empujó fuerte, simplemente se frotó un poco. Oyó gemir a Cristóbal, acodado en la mesa.
- ¿tienes miedo?- le preguntó haciendo avanzar sus caderas, intentando abrir su culo con su resbaladiza verga.
- Estoy muerto de miedo. Pero te  juro que está valiendo la pena…- Cristóbal estaba temblando de excitación y de deseo.
- Si te hago daño, dímelo.- dijo Lorenzo agarrando sus caderas y calzando por fin el glande en el culo de Cristóbal… entró sin dificultad, ayudado por la grasa. Se quedó allí quieto, sin empujar más. Dentro de su culo, apenas un centímetro.
- Oh, joder…- dijo Cristóbal al sentirle. No le estaba doliendo. Apenas un poco de tirantez… sólo deseaba que se la metiera.
Lorenzo lo sacó despacio y la piel de Cristóbal lo expulsó. Lo veía todo claramente y notaba que se correría en dos minutos… y volvió a empujar dirigiéndola con la mano, y volvió a entrar sin dificultad otra vez… en esta ocasión, un poco más adentro. Cristóbal gimió de nuevo… le gustaba… le gustaba sentirle allí… y poco a poco, muy despacio para no hacerle daño, se la fue metiendo hasta que un minuto después, le había llenado por completo.
Y comenzó a moverse muy despacio… veía su polla entrar y salir del culo de Cristóbal y cada empujó, comenzó a ser un poco más fuerte y más violento que el anterior…
- Cristóbal, eres lo mejor…
Sentía los muslos de Lorenzo pegados a los suyos, sus manos en las cadera, su culo a punto de reventar, las mejillas encendidas… le gustaba que le follara. Le gustaba mucho…
Creyó que se iba a desmayar cuando Lorenzo buscó su sexo que se agitaba solo al ritmo de su vaivén y comenzó a meneársela.
- Nunca antes había acariciado una polla que no fuera la mía- le susurró Lorenzo inclinándose sobre él hasta que cubrió la espalda de Cristóbal con su pecho.
- ¿te gusta?-preguntó él con la respiración entrecortada.
- Me encanta…-dijo Lorenzo pegando su mejilla a la nuca de Cristóbal.
Le follaba a empujones no muy fuertes, le acariciaba su sexo con delicadeza… notaba sus huevos golpeando contra los suyos… notaba el calor de Lorenzo en la espalda. Miró hacia abajo. Sujetó con una mano el faldón de la camiseta que le impedía ver cómo Lorenzo le masturbaba y observó. Sus dedos cerrados entorno al tronco, escupían y engullían su glande congestionado, con el agujero dilatado. Aquella visión le provocó un correntazo de placer…
- Me voy a correr- le susurró Lorenzo.
- Hazlo dentro…- le pidió Cristóbal sin dejar de mirar…
Lorenzo jadeó un instante y se apretó un par de veces más contra Cristóbal, sintiendo que su cuerpo se fundía, que su vientre era todo líquido, que de su sexo emanaba una cantidad de semen que jamás antes había expulsado, y que ningún otro orgasmo había durado tanto y había sido tan intenso como el que le sacudía en ese instante…. Correrse en su culo era una fantasía hecha realidad. Gimió  con fuerza, incapaz de controlarse mientras seguía pajeándole sin descanso, sin olvidarse de él, porque quería que lo pasara tan bien como él. Cristóbal cerró los ojos y con un gemido, se corrió cuando la verga flácida de Lorenzo salió de su cuerpo. Se agarró fuerte a la mesa, mientras seguía moviendo su piel arriba y abajo, mientras seguía mirando, mientras llenaba con su esperma la mesa de la cocina.
 
Necesitaban una ducha. Necesitaban quitarse la mantequilla y Cristóbal necesitaba sacar el semen de Lorenzo de su interior. Así que cuando estuvo listo, le llamó y se metieron juntos en la ducha. Era la primera vez que se veían totalmente desnudos. Y se habían quedado enganchados uno a la visión del otro.
Lorenzo, apoyado en la pared, agotado, miraba el agua resbalar por el cuerpo de Cristóbal… los dos  eran altos, muy delgados, de piel blanca como la nieve.
- Tengo que decirte algo- le dijo Lorenzo suavemente, adormilado por la temperatura del agua. Cristóbal se sacudió el agua de la cara y le miró muy serio.
- Dime…
Los ojos azul oscuro de Lorenzo se llenaron de lágrimas y su boca se convirtió en una tenue sonrisa.
- Estoy enamorado de ti.
Cristóbal cerró el agua. No quería que el ruido le impidiese a Lorenzo escucharle. Se acercó a él y le acarició una mejilla con una sonrisa. No había sentido la necesidad de llorar hasta ahora. Sus palabras le habían emocionado, porque era lo mismo que sentía él.
- Te quiero, Lorenzo.- le dijo con su voz grave, dejando que dos lágrimas se escaparan de sus ojos grises- te quiero. Creo que te he querido siempre y sólo esperaba una señal tuya para poder decírtelo…
Lorenzo se acercó a él y le besó. Los dos lloraban, liberando así la tensión acumulada y se abrazaron fuertemente...
- Te quiero- le susurró Lorenzo entre dos pucheros. Y se quedaron allí unos minutos, refugiados uno en brazos del otro.
 
Se lo llevó a su cama, y se acostaron uno junto a otro a fumar n cigarro mirando al techo con la sábana cubriéndoles hasta la cintura y el pecho descubierto.
- Me enamoré de ti en el viaje a Estambul,-dijo Cristóbal en la penumbra del cuarto iluminado por la luz de la mesita de noche.-lo supe cuando vi las fotos ayer. Ahí ya te quería para mí… pero es como si durante todo este tiempo, hubiese tenido una venda en los ojos… recuerdo una noche en aquel viaje, aquella noche que nos escapamos del hotel y luego volvimos borrachos… tuve que desvestirte porque no podías ni quitarte los zapatos… te miré mientras dormías… te miré durante horas… no sabía porqué . me aprendí tu cara de memoria. Creo que en aquel momento no podía sentir nada porque no me lo permitía… pero eso sí podía hacerlo…
- Me enamoré de ti el día que te echaste a llorar por la frustración de haber suspendido cálculo de primero- dijo Lorenzo sonriendo- habías trabajado muy duro, habías dormido muy poco en una semana y estabas agotado… viste la nota, me dejaste en el pasillo y te fuiste a llorar al lavabo… supe que te quería porque aquella situación no es que me doliera, me desesperaba igual que a ti. Deseé darte mi suficiente raspado con tal de que todo el esfuerzo se viese reconocido… pero yo tampoco podía permitirme el pensar en ti en nada más que como amigo… y cada vez, estaba más conectado a ti… sentía que podía acabar tus frases y que tú podías terminar las mías… sentía que con una mirada teníamos de sobra para saber en qué estábamos pensando… y la sensación de seguridad que tengo al estar contigo… porque aunque tienes el genio muy corto, siempre me cuidas…
Cristóbal giró la cabeza sobre la almohada y le miró sonriendo. Acarició la frente de Lorenzo con el pulgar y le susurró.
- Qué asco damos… qué azucarado…
- Que se joda el mundo si no le gusta…- Lorenzo se acomodó en el hombro de Cristóbal y éste le rodeó con un brazo.
- Tú lo has dicho…- aprovechó para acariciar su espalda desnuda…
Lorenzo acarició el pecho desnudo en el que estaba apoyado y pasó la yema del dedo suavemente sobre su pezón que se puso duro al instante.
- Tengo tantas preguntas que hacer…-susurró.
- Tú y tus preguntitas…-se rió Cristóbal.
- ¿Qué pasaría si no te hubiese preguntado?
- ¿ves? Otra pregunta… si es que no escarmientas…
- Tienes razón… mejor me callo. Esta noche sólo quiero disfrutarla…
- Sabia elección. ¿me dejarás meterte mano?
- Cuando quieras… yo ya estoy listo.
- Qué rápido eres…- le dijo Cristóbal afilando la mirada.
- Bésame… llevamos muchos besos atrasados y me encanta cómo sabes…
Cristóbal sintió que se le ponía la piel de gallina. No por desearlo de repente, sino por el golpetazo de ternura que sintió en su corazón… sabía que Lorenzo siempre trataba de ir de chico duro, pro que en el fondo era un buen chico… y de lo que no tenía ni idea era que podía ser tan dulce. Acercó sus labios a la boca de Lorenzo y le besó con delicadeza…
Y se besaron durante largo rato, con la boca llena del otro, con los dedos enredados en el pelo, con el pecho pegado al del otro… Cristóbal metió la mano bajo la sábana, y sin dudarlo, fue directo hacia su sexo. Estaba relajado aún. Era un tierno amasijo de carne caliente bajo su mano. Lorenzo abrió los ojos y le miró. Cristóbal le miraba maravillado. Notó sus dedos sobre el pecho mientras se concentraba en sentir la mano de Cristóbal entre sus piernas.
- No había tocado a ningún chico hasta ahora…- le murmuró. Bajo sus caricias, Lorenzo comenzaba a empalmarse.
- Se hace raro ¿eh?- respondió con un hilo de voz.
- Ya lo creo, pero veo que se está poniendo interesante…
- Interesante no… como el granito.
Cristóbal apartó la sábana que o cubrí a y lo miró. Su sexo y el de él eran más o menos del mismo tamaño.
- ¿cómo demonios me ha cabido eso?- le dijo acariciando su pene ya en completa erección
- Bueno… es la media nacional- dijo Lorenzo mientras miraba la mano d Cristóbal retirar la piel de su prepucio, volviendo a cubrirla, volviendo a retirarla…
- Quiero follarte- le susurró Cristóbal al oído
- Pues fóllame.
- Bien… por fin alguien se deja.
Lorenzo no se sentía nervioso. Con él estaba muy seguro, aún en las situaciones que no dominaban. Confiaba en que Cristóbal le iba a cuidar.
Sólo dejó de tocarle para ir a buscar una botella de aceite de baño. Y pronto, Lorenzo tumbado boca arriba en la cama, vio cómo cogía una almohada y la ponía bajo sus caderas para poder elevarlas. Se untó la verga, ahora dura y amenazante con unas gotas de aceite y después se dedicó a masajear en suaves círculos el ano aún tenso de Lorenzo.
- Estás nervioso… si quieres lo dejamos.
- No, por favor… sigue. Me encanta.
Deslizó el meñique dentro de su culo. Le costó bastante hacerlo. Estaba muy tenso… así que lo tomó con paciencia… le acarició. Le puso aceite, le besó, rozó su polla con la de él… Lorenzo vio su rostro mientras le acariciaba. Se le hacía tan raro ver esa expresión de deseo… había visto todas las emociones en él: la risa, el llanto, la sorpresa, el enfado, la indignación… casi todo, pero hasta ahora, nunca el deseo… sus ojos grises se quedaban convertidos en dos ranuras por las que espiarle, su boca perfecta se entreabría para alimentar de aire su pecho, sus mejillas se ruborizaban y Lorenzo se derretía de pensar que eso lo causaba él.
- ¿te gustaría…- Cristóbal le miró con malicia y media sonrisa-… que te la chupara?
- Sólo si tú quieres…- dijo Lorenzo acariciando su brazo.
- ¿te fías de mí?- preguntó Cristóbal sonriendo.
- ¿Y tú de mí?- le contestó él.
Sólo tuvo que recolocarse un poco entre sus piernas y se agachó… estaba nervioso… comerle el coño a una chica era casi una obligación pero aquello era algo que deseaba hacer… entreabrió los labios y acarició con ellos la punta roja y salada, como si estuviese tomando un helado.
Lorenzo le miraba sin perder detalle… Cristóbal pensó que no era tan diferente su sabor al de una chica… cada sexo tenía su sabor y olor particular, pero todos tenían un patrón común… pero su tacto… entraba con firmeza en su boca, obligándole a tenerla abierta. Esta vez la metió todo lo que pudo en su boca hasta que chocó con su paladar. Escuchó gemir a Lorenzo y comenzó a moverse muy suavemente arriba y abajo, mientras  lamía la punta con su lengua.
Escuchó murmurar su nombre entre sus jadeos.
Buscó a tientas la mano de Lorenzo y la llevó a su nuca. Quería que le marcara el ritmo y Lorenzo hundió los dedos en su cabello y le indicó cómo le gustaba que lo hiciera.
- Dios, me encanta…-susurró completamente en llamas, absolutamente cautivado por la visión de Cristóbal chupándosela totalmente entregado… sintió el principio de un orgasmo que se gestaba en la cara interior de sus muslos.- voy a correrme… ven.
Pero Cristóbal no tenía intención alguna de retirarse… aceleró el ritmo y comenzó a masajear sus testículos duros como piedras.
- Cristóbal…-Lorenzo se agarró con las dos manos a la sábana y sintió el semen fluir por su pene y depositarse en la boca de Cristóbal.
Éste notó el sabor extraño y misterioso del esperma. Era acre, resbaladizo. Una papilla viscosa proveniente del interior de Lorenzo que inundó su boca y bajó hasta su estómago… le resultó extraño, pero no le repugnó.
Oyó a Lorenzo gemir, quejarse, maldecir y jadear, removiendo las cadera y cuando terminó, se levantó y le miró… estaba tan guapo allí tumbado, con el rostro encendido… respirando deprisa, alucinado por lo que acababa de pasar… más relajado no estaría en la vida, así que sin pedir permiso, se situó sobre él, apuntó su sexo duro y hambriento hacia su culo, y de un solo empujón se la metió sin dificultad…
Se dejó caer sobre Lorenzo y puso las manos sobre el colchón para sujetarse.
- ¿te duele?
- No… es una sensación rara… pero no duele…-le dijo acariciando su nuca con las dos manos y agarrándose a él.
- Si me muevo… ¿te hago daño?
- No…
Cristóbal  comenzó a moverse lentamente, sin sacarla del todo, su suave vaivén para no hacerle daño. Notó su carne apretando fuerte su verga… era mil veces mejor que con una chica.
Lorenzo vio las gotas de sudor que florecían en su pecho y acarició sus pezones… se sentía en la gloria.
- Míralo, Cristóbal… no te lo pierdas…
Él obedeció y se incorporó un poco. Vio su carne hundida en a de Lorenzo, vio cómo entraba y salía, vio el sexo de Lorenzo frotándose contra su vello púbico y la visión le encantó. Le parecía increíble.
- Si quieres puedes ir más deprisa… estoy bien- susurró Lorenzo…
Cristóbal no se hizo de rogar y aceleró el ritmo, pegando sus caderas a empujones, jadeando, cogiendo con las manos los muslos de Lorenzo para apoyarse.
- Me gusta que me folles…- le susurró Lorenzo acariciando su rostro, hundiendo el pulgar en su boca, viendo cómo Cristóbal lo chupaba… sentía su polla entrando y saliendo de su cuerpo y sus respiraciones ajetreadas.
- Lorenzo, me voy a correr…
- Hazlo dentro…- le susurró.
Cristóbal se quejó, apretando los párpados, y apretando la verga en el culo de Lorenzo y se corrió moviéndose muy despacio para vaciarse bien… la sensación era insoportable de lo fantástica que era… ahogó un gemido que amenazaba de alertar a todos los vecinos, apretando los labios contra la rodilla de Lorenzo y clavándole las uñas en los muslos. Y después, agotado, se dejó caer sobre él y éste lo acogió en su pecho, abrazándolo tiernamente.
 


Mientras se comían la pizza más que fría, Lorenzo llamó a su madre.
- ¿mami? Hola… oye, que estábamos mirando los apuntes y se nos ha hecho tarde. Me quedo ¿vale?... que sí, tranquila… vale… un beso…- miró a Cristóbal que sonreía  mientras le pegaba un buen bocado a su trozo…
Lorenzo cerró la tapa del móvil y le sonrió.
- ¿y usted de qué se ríe?
- ¿Yo? No, de nada…
- Ah, creía que a lo mejor te reías de mí…
- Dios me libre… a decir verdad imaginaba qué explicación ibas a dar acerca de la mantequilla en tus vaqueros… menos mal que te quedas a dormir…
- Qué cabronazo.
Iban los dos en calzoncillos. Estaban sentados en la mesa de la cocina cenando. Estaban muertos de hambre…
- Nunca te había dicho nada, pero estás muy bueno, amigo…- le dijo Cristóbal con la mirada afilada que ya conocía.
- Vaya, es justo lo que pienso de ti…- le respondió Lorenzo sonriendo.
- Tienes un culo perfecto, un pecho perfecto, eres muy guapo…
- Me vas a sacar los colores…
Cristóbal alargó la mano sobre la mesa y le miró a los ojos. Lorenzo la cogió con la suya con fuerza, apretándola.
- Estoy como en una nube…-le confesó Cristóbal- prométeme que no se va a acabar…-le dijo mirando sus manos unidas.
- No tiene porqué acabarse… te quiero-le dijo Lorenzo haciéndole ver que nada más importaba. Cristóbal le miró fijamente. De repente se había puesto serio.
- Y yo a ti, pero supongo que eres consciente de que vamos a tener que oír cosas muy desagradables.
- Ya lo sé. Y sinceramente, me extraña no haberlas oído antes…- Lorenzo dejó su trozo de pizza en el plato y le dijo- ven aquí.
Cristóbal encontró en ese momento, en sus ojos azules, valentía pura. Y eso le reconfortó.
- Anda, ven…
Se levantó y caminó hasta el otro lado de la mesa. Lorenzo lo cogió por la delgadísima cintura y lo obligó a sentarse sobre él a horcajadas. Y una vez sobre él, lo cogió por las mejillas rasposas y lo obligó a mirarle.
- Me tienes, Cristóbal. Del todo.- Lorenzo le hablaba totalmente en serio.- estos días contigo están siendo mágicos y ojalá siempre fuera así. Pero los dos sabemos que no va a ser fácil. Nos van a hacer daño, tenlo por seguro. Pero siempre voy a estar ahí para defenderte ¿sabes?.  Quererte también es eso. Y sé que lo sabes, aunque comprendo que te asuste. Nos acostamos juntos, pero no somos nenazas…
Cristóbal se abrazó a él lo más fuerte que pudo. Y Lorenzo lo estrechó contra su pecho.
- Mensaje recibido.
- Hablemos mañana de esto, por favor. Déjame disfrutar esta noche… sólo son las doce… follemos hasta no poder más, por favor…- le suplicó Lorenzo.
- No esperaba que  fuese de otra forma…
- Bien… pues primero vamos a hacer otra pizza. Porque esta ya la tengo en los talones.
Cristóbal le besó la frente y le acarició el pelo…
 

Después de cenar, se acostaron. A dormir, o lo que surgiera… pero estaban demasiado juguetones para dormir. Y apenas se metieron en la cama, ya tenían las manos uno encima del otro.
Y ya tarde, se quedaron dormidos de puro agotamiento, envueltos en la sábana, Lorenzo refugiado en el pecho de Cristóbal, con las piernas hechas un nudo…
El despertador sonó a las siete en punto. Y sus cuerpos no querían, pero ellos se morían por salir a la calle y si más no, pasear juntos hasta clase,  tomar juntos su acostumbrado café, y luego ir juntos a mercantil.
Los dos lucían ojeras tan oscuras como posos de café y no había parte del cuerpo que no les doliera, pero estaban de un humor inmejorable… se ducharon juntos, se afeitaron salpicándose con agua como los chiquillos, pusieron música mientras se vestían. Lorenzo canturreaba y bailaba a su alrededor. Mientras se  abrochaba el cinturón, sintió los labios de Lorenzo aplastarse contra su oreja, para susurrarle la letra de la canción que estaba sonando. You’re the devil who sells of, line of dark fantastic passion… I want this fantastic passion…
Cristóbal le sonrió y buscó su boca para robarle un beso.
Desayunaron dos cafés con leche cada uno y un tubo de galletas, y una vez listos, guapos, perfumados, se plantaron en la puerta con su carpeta debajo del brazo. Y se miraron fijamente.
- Vamos a comportarnos como  personas- advirtió Cristóbal.
- Nada de darse besitos, ni la mano tampoco- dijo Lorenzo con el dedo en alto.
- Nada de meterse mano.
- Ni de tocarse la polla en público.
- Ale, vamos.
Se fueron a clase dando un paseo, charlando tranquilamente.
- ¿se lo vas a decir a tus padres?-preguntó Cristóbal
- Sí, cuanto antes mejor. Tengo ganas de gritárselo a todo el mundo, pero mejor poco a poco… había pensado en comer con mi madre… creo que es mejor así, poco a poco… ¿qué opinas?
- Pues…- Cristóbal encendió un cigarro y se lo pasó a Lorenzo.-creo que yo también debería decírselo a mis padres. Si te digo la verdad, creo que no va a sentar nada bien…
- No creo que tiren cohetes ninguno de todos, pero como te dije anoche, y estoy dispuesto a pelearme con quien haga falta por ti…
- Y yo…- Cristóbal sonrió con un deje  un tanto amargo.-tienes razón… no merece la pena alargarlo más. Tú hablas con tu madre y yo voy a hablar con los míos.
- Y a la tarde nos contamos…
Cristóbal estaba asustado… sus padres no eran los de Lorenzo. Él le miró, y encontró de nuevo valentía, y eso le reconfortó. Fuera como fuese, le tenía a su lado.
 
- ¿mami?
- Hola cielo, ¿pasa algo?
- Nada, nada… ¿me invitas a comer?
- Huy huy huy…
- Que no es nada, en serio.
- Vale, ¿te vienes?
- Venga, te espero en el barecito de siempre…
- No, sube, y así yo apuro.
No le gustaba subir, porque todo el mundo le decía lo guapo que estaba y lo mayor… joder, tenía veinticuatro años, claro que estaba mayor…
Y eso fue lo que pasó.
- ¿Este es el pequeño? Madre mía… si cuando lo vi era así…
Él sonreía y asentía. ¿Qué podía hacer?
Cuando tuvo enfrente a su madre y a una cerveza, comenzó a ponerse nervioso.
Su madre parloteaba para distraerlo, pero no había manera.
- Loren… ¿tienes algo que contarme?
Él la miró y asintió.
- Bueno, como esto no ocurre todos los días, imagino que será algo importante.
- Lo es, sí.
- Bueno, pues si quieres un consejo, suéltalo y luego hablamos, o nos pasaremos así hasta la hora de irnos.
Lorenzo tragó saliva y elevó su mirada. Su madre le miraba fijamente, expectante.
- Mami, estoy saliendo con un chico.
En cuanto terminó de pronunciar esas palabras, notó que la cara le ardía y las palmas de las manos le sudaban.
- ¿pensabas que te iba a comer por eso?- dijo ella encendiendo un cigarrillo y ofreciéndole uno a él.
- No, pero me hubiera dolido mucho que me odiarais por eso…
- Loren, hijo… ¿cómo te vamos a odiar por eso?-dijo ella sonriendo.
- No sé, supongo que no es fácil aceptar que tu hijo es de la otra acera.
- Tu padre y yo siempre hemos sabido quién eres tú y quién es Angel. Aunque no te lo creas, os conocemos muy bien.
Lorenzo suspiro.
- Pero yo no creo que haya dado muestras de…
- No cariño, no… para nada, pero cuando conoces a alguien como te conocemos a ti, no nos extrañan ese tipo de noticias… además cada uno es como es, y si tú eres feliz, nosotros también.
- En este momento, soy el hombre más feliz de toda la tierra…-dijo Lorenzo sonriendo…-¿no me vas a preguntar quién es o cómo se llama?
Su madre le sonrió.
- ¿crees que no he visto cómo os miráis Cristóbal y tú? No hace falta ser un lince, cariño.
- Oficialmente hemos empezado este fin de semana- Lorenzo sonrió aliviado-pero creo que nos queríamos desde hace mucho… ninguno de los dos había estado antes con otro chico… ninguno de los dos sabía muy bien lo que quería.
- Me alegra que hayas encontrado a alguien, de verdad…-ella le acarició la mejilla y él la apretó contra su cara.
- ¿Y papá?
- Papá tampoco es tonto, cielo… aunque a veces lo parezca.
 
Cristóbal comía  con sus padres y con su hermana en el comedor del adosado. El ambiente ya no era muy relajado en condiciones de normalidad, así que cuando lo soltó, aún lo fue menos. No veía otra forma de hacerlo, por muchas vueltas que le diera. Así que cogió aire y soltó mirando a su plato:
- Tengo que deciros algo antes de que os enteréis por terceros. Estoy saliendo con un chico y quiero deciros que soy muy feliz y nos queremos. Creo que esto puede durar y me gustaría que lo comprendierais.
Un silencio sepulcral lo invadió todo… él no se atrevía a levantar la vista del plato.
- Tengo que volver al trabajo…- dijo su padre con un ligero temblor en la voz. Se levantó y se fue. Oyó sollozar a su madre, que también se levantó y se fue.
Trató de aguantar el golpe. Ya sabía que no sería fácil. Y seguro que no acababa ahí la cosa.
- ¿Tú no te vas?- le preguntó con un hilo de voz a su hermana.
Susana tenía quince años. Estaba en plena edad del pavo y no se trataban apenas. Pero para su sorpresa, se acercó a él, se sentó a su lado y le cogió la mano. Era un gesto que nunca antes en su vida había hecho.
- Has sido muy valiente.
Cristóbal la miró a los ojos muy sorprendido. Lo decía en serio.
- Gracias…
- No te preocupes por ellos. Ya sabes que son dos fascistas, pero ya se les pasará…
- No creo… -dijo con una débil sonrisa
- Si te has decidido a contarlo, es que va en serio. No pueden hacer nada por evitarlo ¿no? Además, Lorenzo es un tío estupendo. Hacéis buena pareja.
Cristóbal frunció el ceño en un gesto desconfiado.
- Yo no te he dicho que sea Lorenzo.
- No hace falta. He visto cómo os miráis cuando estáis juntos.
 
Eran las cinco de la tarde cuando sonó el timbre. Lorenzo iba a poner la cafetera al fuego. Se acercó al telefonillo a abrir la puerta.
- ¿si?
- .soy Cristóbal.
Sonrió. Tenía los nervios destrozados, pero había deseado que llegara aquel momento durante todo el día. Y su madre estaba con él en casa…
- Sube Cristóbal- dijo dejando el azucarero en la mesa de café.
- Pues muy bien…- ella le miró a los ojos y sonrió.- como si no hubiese estado aquí nunca…
Cristóbal entró por la puerta entreabierta y cerro. Después, oyó que estaban en el comedor y fue hacia allí. No tenía fuerzas para estar con nadie en aquel momento. Y mucho menos para estar sólo. Solo quería estar con Lorenzo.
- Hola-saludó al entrar.
- Hola chiqui, pasa…- le dijo ella
Cristóbal se acercó, y como de costumbre, le estampó dos besos en las mejillas.
- Hola Asun…
- ¿cómo estás?
- Bien…- él trató de sonreír.
Lorenzo le palmeó el hombro cuando se sentó a su lado.
- Por cierto, la señora está al corriente de todo y bendice nuestra unión.-le dijo con el tono más cariñoso que tenía, porque o mucho se equivocaba o a él no le había ido tan bien…
Cristóbal la miró y se encontró con la mirada de Asun, conciliadora y tranquila, como siempre…
- ¿ah, sí?- no se le ocurrió nada más que decir.
- Sí, en serio. Puedes creértelo.- dijo ella riendo.
- Voy a ver si sale el café, ¿vale?-dijo Lorenzo levantándose.
- Vale, cielo… también hay galletitas en el armario por si las quieres…
Lorenzo se fue hacia la cocina y Cristóbal se quedó a solas con Asun en el comedor.
- Escucha, que yo te conozco y ahora te va  a dar vergüenza venir- dijo ella. –y no quiero que eso pase ¿eh? Queremos seguir viéndote como hasta ahora
Cristóbal la miró y asintió. Y sus palabras le hicieron desfallecer. Había aguantado el tipo hasta llegar allí, pero en ese punto se derrumbó y sus ojos se llenaron de lágrimas y comenzó a llorar… se cubrió la cara con las manos y lloró…
Sintió el crujir de la tapicería del sofá a su lado cuando Asun se sentó y le abrazó.
- ¿qué pasa, cielo?
- Mis padres no han querido hablar conmigo- logró decir entre dos sollozos.
- Cristóbal…- ella le abrazó más fuerte y él puso la cabeza sobre su hombro. Se sentía cansado y derrotado.
- Se lo he dicho y se han marchado sin decirme nada… al menos esperaba que me gritaran… ¿qué se supone que debo hacer ahora?
- Mira, Cristóbal… me gustaría decirte que todo va a ser fantástico, pero en vuestro caso tendréis que pasar por situaciones como ésta más de una vez.
- Yo no sabía que iba a doler tanto…
Ella levantó la cabeza de Cristóbal  y le cogió por las mejillas limpiándole las lágrimas
- Cuando me quedé embarazada de Angel, tenía diecisiete años… ni te cuento la que se formó en casa… pero yo quería a Manolo y él a mí... y eso tuvo que ser suficiente para todos… mis padres terminaron acostumbrándose… no les quedaba más remedio. Tenéis que ser fuertes…
- Lo sé, y voy a serlo… sólo aquí, con vosotros he tenido el valor suficiente como para echarme a llorar.-dijo él tratando de sonreír.
- Ale, va… cálmate o a tu chico le va a dar algo si te ve así…- ella le besó la frente como lo haría su abuela y le peinó con los dedos…- ya sé que no es lo mismo, pero estamos aquí para lo que quieras…
 
Lorenzo se lo llevó a casa. Era lo mejor que podía hacer. Una vez se hubo calmado…
Se sentaron en el sofá y se refugió en su pecho. Lorenzo le abrazó y le acarició el pelo. No le diría nada, ni le preguntaría nada. Ya hablaría cuando quisiera. Lo conocía a la perfección y no le gustaba que le apretaran las tuercas…
- Me siento abandonado, Lorenzo… siempre he hecho lo que me han pedido…siempre he obedecido…y por una vez que tomo una decisión tan importante…
- No estás solo. Yo estoy contigo.
- Siempre has estado ahí… te lo agradezco tanto…
- Es un placer, ¿qué puedo hacer para animarte?-le susurró él.
- Estar aquí conmigo y ya está…
Cristóbal levantó la vista, y allí lo encontró.
- Te quiero.
- Y yo a ti…
- Y te voy a hacer la cena, te voy a meter en la cama  y nos vamos a dormir. Hoy me quedo contigo.
- No sé si me apetece comer ni dormir…
- Claro que podrás, porque vas a dejar de preocuparte por todo ya mismo… y mañana será otro día. ¿dónde está tu móvil?
- En la entrada…
- Voy a apagarlo, voy  a descolgar el teléfono de casa, voy a cerrar la puerta y no va a molestarte nadie. ¿vale?
- Vale.
Y mientras Cristóbal veía la tele, vegetando en el sofá, Lorenzo le preparó la cena, y mientras se cocinaba, le preparó un baño y se metieron los dos en la bañera, y lo acarició, le masajeó la espalda, cubrió su cuello de besos y lo abrazó. Y cuando se metieron en la cama, lo abrazó fuerte y lo acarició hasta que se quedaron dormidos.

Todo en silencio, con cuidado y una delicadeza que nadie más hubiera podido darle.
 

 

Cuando terminaron los exámenes, unas semanas después, salieron todos los de la clase a celebrarlo. Festival en La Perla, otra vez.
Se habían puesto muy guapos para la ocasión, el uno para el otro, pero lo disimulaban muy bien…
- ¿es que esta gente no sale de aquí, o qué?- se quejó Lorenzo.-joder… es que siempre acabamos en el mismo sitio.
- Bueno, podría ser peor, tenlo en cuenta.
- ¡Hombre!
- Ay, no… - se quejó Lorenzo al ver aparecer a un chico con mechitas rubias.
- Pero si son los dandys…
Cristóbal que ya llevaba un par de cervezas, no pudo evitar que le entrara la risa floja…
- Pero chicos… ¿qué tal?
- Bieeen- le dijo Cristóbal con rentintín…
- Ya lo veo, ya… bueno, yo os lo digo, y ya os apañáis… tengo ahí mismo a una churri rubia interesada en ese-chico-tan-guapo-de-marrón – Cristóbal miró hacia abajo a ver de qué color se había vestido. No era él, era Lorenzo el que llevaba una camisa marrón.- y una churri morena interesada en ese-tío-tan-bueno-que-está-al-lado-del-de-marrón… ánimo chavales, que estas se espatarran rapidito…
Lorenzo y Cristóbal se miraron.

- Claro, como tontos…- dijo Lorenzo, pero diles que las esperamos fuera, que aquí no se puede hablar.
- Vale…- el chico se dio la vuelta y se fue.
- Yo como que paso- dijo Cristóbal.
- Tú calla y corre.-Lorenzo dejó su tercio a medio beber en la barra y empezó a andar hacia la puerta. Y Cristóbal tuvo que darse prisa o lo perdía por el camino.
Ya en la puerta, Lorenzo le dijo mientras echaba a correr:
- ¡venga!
Cristóbal no sabía si potaría después de la carrera pero le pareció divertido y persiguió a Lorenzo como alma que lleva el diablo, y no se detuvieron hasta que giraron a la derecha por la primera calle y salieron a la avenida. En la esquina se detuvieron a recuperar el aliento y comenzaron a reírse.
- Estás como una regadera…- le recriminó Cristóbal.
- Ese tío es un gilipollas… un idiota integral… teníamos que salir de allí como fuera…
- Sí…- Cristóbal aún jadeaba por el esfuerzo- y me moría de ganas de besarte… no era cuestión de pedirte rollo ahí dentro- se acercó a Lorenzo y cogiéndolo de las mejillas, le dio un dulce beso en los labios.
- Mm… que me vas a poner malo.
Cristóbal se acercó a su oído y le susurró, oliendo su colonia y su tenue olor a sudor.
- a mí ya me tienes malo…
- ¿nos vamos a tu casa?- le propuso Lorenzo con la piel de gallina, notando su aliento en su oreja, su calor, su mirada clavada en él…
- Vámonos



Actualizado el Viernes, 20 Abril 2007 por Dado de Baja
  

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Comentarios ( 3 ):

5 Ene 2008 Vagalume
Estoy de acuerdo con la idea de que tus textos suelen estar llenos de dulzura, los sentimientos se reflejan en cada palabra, y que tiendes a hacer muy reales a los personajes, aunque suene incomprensible cuando se trata de brujas y de vampiros.
Un relato ameno y ágil, con la ternura de un descubrimiento y el rechazo que sigue estando presente apesar de la apertura social.

Me siguen atrapando tus relatos.
Un placer volver a leerte.
28 Nov 2007 Dado de Baja
¡plas! ¡plas! ¡plas!
(aplausos)

Te lo haz currado en serio nena, muchas felicidades.
Me ha impresionado tu forma de cuidar todos los detalles, la dulzura y el realismo de tus personajes, tu estupenda narrativa. En pocas palabras es un texto estupendo.

Mil gracias por compartirlo, de verdad fue un placer leerte.
27 Nov 2007 Dado de Baja
Bueno peque, aquí mismo paso a comentarte los dos textos.

Es sorprendente el como no dejas pasar ni un sólo detalle, pero aún más, el como te propones y te lo curras, el que un par de amigos tan cercanos desde una vieja amistad, poco a poco van descubriendo su sexualidad. Aunque lo que más quiero resaltar ante todo, ante este erotismo de alto voltaje, ante la confusión de sí son bisexuales, y ante todo, el que te empeñes en que prevalezca lo más relevante, los sentimientos tan humanos, la ternura y afecto que ambos se profesan, que para mí (lo sabes) es lo más importante y lo que realmente realza una relación sea la que sea entre adultos. wink

Besis, Ali

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