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Embriagados de placeres,
de sueños que se desgranan,
nuestras aguas agitadas,
como dos ríos crecientes,
nuestras almohadas calientes,
la noche se rinde exhausta.
Déjame ser calma, o...
Arena en tu desolada playa,
que quiero hundirme,
en el mar de tu deseos,
ser como la golondrina,
con las alas extendidas,
en busca de tu lucero.
Mientras me haces el amor,
mira profundo a mis ojos,
compláceme en mis antojos,
esos que también conoces,
dame el néctar de tu boca,
la saliva que me liba
y el orgasmo que provoca.
Quiero que riegues mi vientre
con translúcido barniz,
en lo cromático de tu virilidad,
el pardo de tus ojos,
el ocre de tu pasado
y el verde de tu complicidad.
Robustez salvaje, imán es tu cuerpo,
me pierdo en el fogoso, caudal de tus caderas
libando ansiosa, codiciante, sin tregua,
hasta que tu huella, entre las sabanas queda.
Nuestra habitación se llena de gemidos,
de sexo placentero,
manos que se crispan,
cuerpos en armónico movimiento.
Y cuando el clímax nos llega,
dando perfección al encuentro,
con nuestra entrega total,
seducción y dulce estremecimiento.
Después de leerlo he recordado a lo que dijo Henry Miller :
El sexo es una de las nueve razones para la reencarnación. Las otras ocho no son tan importantes. Eres peligros........Un saludo
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