HABÍA UNA VEZ...

Puntuación:

 

 

¡Condenadas muñecas rusas! (fragmento)

 

Y mientras cuento esto, todavía me pregunto qué hubiera sido de esta historia en el caso de haber sido capaz de finalizarla, de no ser porque, de manera repentina y también fortuita, un caprichoso rayo diera en aterrizar en mi vivienda, partiéndome a mí en dos y convirtiendo en cenizas la totalidad de mi despacho, dando así al traste con mi propósito de imprimir en papel las desventuras de estos y otros desgraciados personajes.

 

Camilo Pequeño Silva

 

 

 

 

 

HABÍA UNA VEZ…

 

 

Hay un comienzo, un inicio del suceso, una idea que se proyecta sobre tu escritorio sucio (la mesa de la cocina) con virutas de goma de borrar, de tabaco de liar y cenizas.

 

Te observo, toda la vida igual, mientras enjabono el filtro de la cafetera y las borras de café se meten bajo las uñas ¡Mujercita! me aúllas - dame el olorcito de la inspiración. Ahora de espaldas sigo en la rutinaria labor de la cocina y pongo el artefacto al fuego de gas mientras el agua aún me chorrea por las manos.

 

Das un golpe contra la mesa y la primera idea se te ha esfumado, toca encender el cigarrillo, pero antes te planto la taza humeante que hueles tan fuerte hasta quedársete humedecidos los orificios nasales ¡Ya sé! vuelves a aullar y con la segunda idea te tragas la primera para hacer un borrón entre los folios manoseados y ahora con una gotita marrón.

 

Te quito la pequeña porcelana y me bebo el fondo abandonado por la segunda, me siento frente a ti y sigo observándote, levantas tu hocico apretado al no caberle tantas palabras sueltas a la mente y escribes rápido sin poner los ojos en lo que haces, los pones en mí.

 

Cojo el paño que me cuelga en el lado izquierdo del delantal y te lo paso por la boca, protestas apretando los labios ¡Es magnífico! vociferas entusiasmado. Sé que mi gesto se ha tragado a las dos ideas y ahora es una tercera la que lo engloba, te brillan las pupilas, alucinan.

 

Me levanto y vuelvo al fregadero, ahora me siento sobre el poyo y juego balanceando los pies que me cuelgan. Te miro atentamente mientras la rapidez del lápiz me impresiona, -será un gran cuento- me digo. La sonrisa se me escapa.

 

¡Ajá! Lanzas tu pedacito de madera creador de historias sobre la mesa, te levantas de un salto y te diriges hacia mí ¿Ya está? – Te pregunto, pero tú me subes la falda y el delantal, me acaricias los muslos y me contestas: -No, Mujercita, es ahora que vamos a empezar el cuento:

 

- Había una vez un escritor licántropo en la cocina de un burdel en el bulevar de la 27…

 

 

CHAJAIRA 28 de febrero de 2010


                                      
Agregado en: General

Confidencias

Puntuación:

 

 

Un día cualquiera de mis once años, una madrugada cualquiera y una ambulancia cualquiera se llevó a mi padre al hospital.

Después de escuchar a mi madre volver cada mañana llorando me dijo:

 

-         Arréglate que vas a ir conmigo.

 

No hubo  más palabras,  no me cogió la mano en la guagua ni tampoco al cruzar la calle, ni al entrar por la puerta bulliciosa del cuartel de la enfermedad. La seguía con el terror más grande que nunca había sentido. Aquella imagen de mujer de mediana edad, erguida y de mirada perdida para siempre, se clavaba en mi interior de infante que iba a crecer de golpe.

Atravesamos una sala que ponía en grande y de color rojo “U.V.I., ENTRADA RESTRINGIDA”, al fondo una puerta, un cubículo donde apenas cabía una cama, estaba mi padre conectado a una cantidad innumerables de cables en su pecho y cabeza, sus brazos y manos acribilladas de agujas y mangueras:

 

-         Entra a ver a tu padre.-         No quiero mamá-         Debes hacerlo.-         Pero no quiero verle así, mamá.-         Debes hacerlo ahora, quizás sea la última vez que lo hagas, despídete de él.

 

Me miró reteniendo toda la angustia que supone a una mujer enamorada y madre entregada. Sabía que si no me obligaba a pasar aquel mal trago, cuando creciera no se lo hubiera perdonado.

 

-         Debes entrar sola, no permiten sino una sola persona  y no estarás más de cinco minuto. Papá igual no te contesta bien, ha sufrido una embolia cerebral incluso puede que no te reconozca.

 

Ni siquiera respiré, comprendí que era algo importante, tenía que hacerlo, ahora pude verle bien entre aquellos artilugios, le di un beso en la mejilla con miedo a hacerle daño al tocar cualquiera de aquellas mangueras:

 

-         Hola papá

 

Sus ojos verdes se abrieron como jamás los he vuelto a ver, en todo su esplendor, no llevaba la muerte en ellos sino luz, toda la luz de la inmensidad en aquellos ojos:

 

-         Pilichina (me dijo con un amago de sonrisa, me había reconocido. Intenté contener una lágrima)

 

No dijimos nada más y si hubo algo más no me acuerdo, fueron los cinco minutos más largos de mi vida, tanto que no pude acabarlos, me levanté de aquella banqueta que se había puesto a su lado como el asiento del adiós, le volví a besar:

 

-         Ya he de irme-         No te vayas mi niña (con su brazo velludo me agarró con fuerzas la mano)-         No me dejan estar más tiempo, ahora entra mamá.-         Está bien, hasta luego entonces.

 

Fue la primera vez que sentí que mi padre me quería, no reconoció a nadie más que a mí. Mi padre se escapó de esa y aún sigue luchando  a sus ochenta y un años enfrentado otras enfermedades que pueden ser igual de mortales.

Ahora para decirnos que nos queremos no usamos las palabras, solo nos miramos durante unos segundo fijamente. Sus ojos verdes se han empequeñecido y cegado pero miran con el mismo amor de siempre.

Chajaira

 


                                      
Agregado en: General

"ROTOS"

Puntuación:

  Escuchando una canción que un amigo mío suele dedicar : O TÚ O YO, de José José, me ha salido este poema que me recuerda que no debemos dejar ponernos cadenas ni pestillos cuando el corazón se enloquece de amor.  

 ROTOS

 

Hoy puedo romper los cristales

de nuestra ventana en tu frente.

Pudiera sentir la sangre

correr ligera por mis manos,

pero sólo hay escarcha de vidrios rotos.

 

Ya no hay paredes traslúcidas,

entre tú y yo, solos tú y yo.

desnudos los cuerpos y las palabras.

 

Hoy puedo suturar cada herida,

las que me hiciste con lápices de colores,

las trazaste cirujana-mente intencionadas.

Acobardada la ira, no hay despecho,

sólo tiempo perdido, amor y almas rotas.

 

Ya no existen velos difusos,

entre tú y yo, solos tú y yo,

de frente las bocas y las palabras.

 

Hoy puedo decir que hay dos Todos

y nunca más dos mitades enlazadas,

las falsedades  cayeron mustias,

la fuerza del pasado camina reposada,

y tu frente abierta sigue en–callada-

 

Ya no existen las cadenas que doblegan,

ya no hay albas y noches inventadas,

solos tú y yo haciendo crecer otra ventana.

 

Chajaira, La Laguna 23 de diciembre de 2008

 

 

 

 


                                      
Agregado en: General

REINA DE LOS CHIVOS.

Puntuación:

 

Fragmento de “Un Huesped de Postín” Autor: Manuel Ramos (Madrid)

 

Él soplaba un oxidado saxofón al tiempo que meneaba sus zambas piernas marcando un torpe zapateo increpando a una cabra que, subida en una silla con desgastado asiento de mimbre, iba dando vueltas malabarísticamente, llevando el compás al tiempo que su animador. A sus pies, vuelto al revés, reposaba su verde sombrero, donde algunos de los curiosos que se habían parado a hacer el corrillo dejaban caer alguna moneda. Cuando él veía que el público había llegado al tope de la recolecta, inclinaba su cabeza haciendo una sumisa reverencia para volver enseguida a marcar el compás, más tarde cambiaba de acera a la espectativa de que nuevos acólitos contemplaran el espectáculo

 

 

 

 

 

Reina de los chivos:

 

Mo Rajaicha es una mujer extraña de enorme cabellera gris, ojos profundos y manos que invitan a la atracción de las ánimas. Su caminar altivo le hace levitar en un aire de superioridad misteriosa, es imposible no mirarla. Encontrarte con su mirada es algo que todos evitamos, clava sus ojos brillantes y negros como dagas sobre las sienes, sencillamente duele tanto como si te penetrara el alma.

 

Dicen de ella que es hija de un chivo y una cabra venidos del Atlas y que bala cuando disfruta de las artes amatorias. Yo, por supuesto, no creo nada de eso, es diferente, sí, impenetrable y misteriosa, una mujer huraña que vive de su ganado caprino y de los ricos quesos que vende en el pueblo, no creo que pase de ahí. Incluso he de confesar, que alguna vez he fantaseado con ella. Es mas,  últimamente le doy muchas vueltas a eso, no sé si por mi curiosidad de escritor. Me llama esa boca, la que tuve una vez a un palmo de nariz al tropezar con ella buscando unas copas de reserva en el bazar de la esquina. Olía tremendamente a madera, aceites orientales y a sangre. Creo que eso, en cierta manera me excitó, le pedí disculpas por coincidir en gusto de elección al intentar atrapar la pieza que estaba en su mano, la solté al ver que eran extremadamente perfectas y delicadas, decoradas de finas y elegantes uñas, no pude aguantar su aniquilante mirada, pero no dijo nada, absolutamente nada.

 

Después de todo no sería mala idea hacerle una visita, es viernes por la noche, se divertirá como todo el mundo, nadie habla con ella, tal vez desee conversar con alguien pero su aspecto lo impida. Eso haré, me pondré algo discreto y con la excusa de hacer un reportaje sobre los recursos del pueblo, tocaré en su puerta.

 

Se ve una luz encendida, tengo suerte, está en casa.

 

        Din-don

 

 

El balido agudo de un animal hizo que el corazón se me resquebrajase del pálpito que me dio.

 

-         Agton, relájate, solo es un animal en el campo. 

      

Din-don

 

-         Maldita sea, no contesta – Miraré de dónde sale la luz, igual está entretenida y no me oye, le tocaré en la ventana.

 

***

 

Agton Luch, no hizo nunca aquel artículo, no solamente porque fuera un invento para su visita sino porque nunca regresó.

 

Cuando Luch se dirigió a la ventana, vio como pendía de una viga del techo un animal, un chivo abierto en canal colgado de sus patas traseras, su cabeza aún daba saltos y su sangre caliente fluía a chorros desde sus vísceras hacia su hocico, Mo la recogía en una copa, ese cáliz que no le era indiferente. Aquella escena le dejó paralizado, horrorosamente quieto mientras le recorrían multitud de sensaciones de pánico, repulsión y atracción al mismo tiempo. Ella giró y alzó el vidrio transparente como si presintiera que él estaba allí, se dirigió hacia la ventana sin dejar de mirarle como sólo ella podía, atravesando sus pupilas hasta bloquearle el alma. Abrió la ventana y puso la copa ensangrentada en los labios de Luch, sin saber porqué lo hizo, bebió dócil y sumiso, ella lo hizo después.

 

Dicen que hay un hombre en las montañas que cada noche hace balar a las cabras. La señora Rajaicha luce una gran sonrisa desde entonces.

 

 

  Chajaira

 

Manuel Ramos es un escritor madrileño y miembro de esta página, único culpable de que hace ya casi seis años, me inscribiera por primera vez como usuaria de este lugar. Autor al que admiro por su escritura impecable, limpia, perfecta; con ese estilo entre el hoy y el ayer, como el que pertenece a una frágil línea de estado y tiempo. Por otro lado su rima concienzuda y trabajada me hace volar a ese gran universo mágico de los sentimientos y los versos. A ti va este pequeño y modesto cuento que lleva como eje un animal que nos une, aunque por motivos diferentes.

 


                                      
Agregado en: General

Mi Búho Rojo

Puntuación:

 

 

Este poema nació en agradecimiento al foro creado por Joan Castillo “A Chajaira”, es por ello que está en masculino como si fuera este autor el que ora y yo, imaginen.

 

Gracias, Joan.

 


 


 


 

LA TAZA CALIENTE

 

Espeso noté el olor

como si el dedo respirara

y azotara la dulzura

del contenido de la taza.

 

Bordeo, sin pudor ni juicio

los contornos de tus filos,

cerámica aterciopelada,

táctil y cálida piel de canela.

 

Suave cacao cocido,

hervido en mis labios sensibles,

quemo, diestro y ceremonioso

la textura del oscuro cacao.

 

Acalorado y sumiso,

me embriago en deseos

por pegar mi boca al cuenco.

 

Y allí te encuentro,

chocolate caliente, espeso,

escozor que estremece el cuerpo.

 

La lengua febril te siente

caer pesada regalar sabores,

entregándome las texturas

sensuales al paladar.

 

Aferrado a la taza

te siento ardiente golosina

y me sumo a este placer inmenso,

a este aroma de rico  invierno.

 

 

Chajaira en La laguna a 15 de abril de 2008

 


 


                                      
Agregado en: General

CUENTO SURREALISTA

Puntuación:

 

 

“Transito la joven sinestesia

de una copulación nublada de aciertos,

como un alud temeroso de las brazas

me acomodo a tus rincones hambrientos

y niego las ruedas fortuitas, las ciudades prohibidas

el fuego lerdo de la oración cobarde”

 



Hallie Hdez. Alfaro -Holanda-, fragmento del poema “Desnuda”





UN CUENTO SURREALISTA: LAS HERMANAS Y UN DESTINO.

(Sólo para mujeres)



En un espacio cualquiera de un mundo cualquiera vivían dos mujeres idénticas hermanadas en el salvaje inicio de la feminidad.

 

Una era tierra, la otra fuego; una sedentaria, la otra nómada; una apegada a la carne, la otra aferrada a lo divino; una alta, la otra baja, una corpulenta, la otra esbelta; ambas maduras, ambas madres, ambas blancas y morenas, ambas mirando a la marea, ambas fuertes y fieras.

 

La primera, la que nunca abandonó el sitio, tejía, remendaba, cocinaba, amasaba la tierra y plantaba semillas y, mientras lo hacía, cuidaba el hogar y la familia. Su casa estaba en un barrio obrero en una tierra de flores, de luz, de camisa arremangada y falda suelta; con macetas en la azotea. Coche y garaje y un pequeño buzón compartido en la puerta. En sus armarios no hay maletas, solo ropa con olor a detergente y alguna que otra muñeca.

 

La segunda cambió de casas, de familias, de tierras. Cocinaba en una casa con tejas en lugar donde las aguas sobran, no hay que regar las macetas, no hay garaje ni coche, pero sí bono de metro, trenes, buses... y bicicletas. Sus armarios llenos de velas, poemas, recuerdos, redes para hilvanar respuestas.

 

Cuando acaba el día, en el peso de la noche, buscan dentro del cuerpo cansado el corazón enorme que les late pidiendo amar, no porque no amen, no. Quieren como pudiera querer la primera madre, la primera mujer, la madre de todas las madres y, como tales, buscan más cariño que dar en un púlpito invisible. Aman a sus hijos, consortes, aman a su clan completo, aman más allá de su frontera inmediata. Aún así, no es suficiente, buscan almas que vaguen dóciles o siniestras, para alimentar y alimentarse en el sentido más específico de sus vidas.

 

Primera, para intentar comunicarse con los sentidos, un día cogió un bolígrafo y escribió, cogió un pincel y pintó, fue a una iglesia y dejó de creer en seres superiores para admirar la obra de los terrenales. Miró dentro de sí y luego vio salir poesía de sus manos.

 

Segunda ni siquiera buscó el lápiz, estaba allí, sobre su mesa y escribió... y escribió... y las palabras crearon poemas e insaciable dio a luz la búsqueda de su alma inquieta. Miraba a los cielos y ansiaba, miraba los horizontes y ardía, miraba los mares y se embarcaba brava.

 

Un día inesperado, el mundo (de ellas) se mostró plano, tan plano que la inmensidad de las distancias se acortó en una línea recta atravesando cada punto por donde los pies (de ellas) pasaron. Tropezaron sin verse investigando la nueva ruta vetada y al hacerlo, las palabras de ambas se esparramaron y se sintieron las unas con las otras.

 

Las imágenes que no vieron los ojos las pintaros sus manos, lloraron las ausencias, celebraron cada amor, acariciaron los hijos mimados en los senos de madres como madres. Supieron así su destino, una sin moverse, la otra transitando; su sino, ser mujeres, como lo fue la primera mujer, la madre de todas las mujeres.

 

Mientras Otra agrupaba los astros en esotéricos augurios y descifraba los planetas y los símbolos estelares y Una, intentaba averiguar el porqué una hoja pequeña y débil aguantaba el peso de un caracol, fue entonces cuando ellas, apenas sin darse cuenta, se encontraron con las bestias.

Como todas las bestias no gratas, venía disfrazada de falsa hermosura, de un mágico encantamiento que deja perplejo y paraliza las reacciones. Así cayeron en los abrazos peligrosos de las promesas falsas, en las pasiones de la carne envenenada, en el brillo superfluo de la inteligencia ajena.

 

Por un momento, un largo espacio en el tiempo, apartaron la intuición, dejaron la fiera y se mostraron mansas. Pero, cuando las fauces se abrieron para devorarlas, salió de ellas el inicio, sacaron el poder y sus más valiosos instrumentos, abrieron el abismo de sus almas y allí dejaron caer a las bestias, para que murieran y una vez cerrada la piel, volvieran, Una a tender poesías en la azotea, Otra a grabar poemas en los planetas.




-------------

* Si algún hombre lo entendiera, mi teoría se confirmaría y el resto del mundo estaría equivocado.






                                      
Agregado en: General

EL PENÚLTIMO PASO

Puntuación:

  

 

Parece que ya no vendrá nadie, bueno, ella llegó, la Vejez, aunque no me la esperaba tan pronto, aún no tengo ni cincuenta y sin embargo recuerdo a mi mamá sentada junto a la mesa de la cocina mientras se apretaba ligeramente la piel de las manos y ésta no volvía a su sitio rápidamente, como me pasaba a mí al imitarla en mi mano regordeta y tersa. Me decía, que a su madre también le pasaba, ella también fue niña y su madre vieja en la cocina de la casa.

Mi hija tampoco viene ya y no podré mostrarle el truco para darse cuenta de cuando es mayor, tan mayor que la piel se seca, se arruga, se mancha.

Si no fuera por ti, ¡¿Qué sería de mí?!, tan sola. Nuestras charlas me animan, dan sentido a lo que fui y puedo seguir valiéndome de tantas imágenes que aún la locura ¿me llaman loca, verdad? no ha borrado.

 

- Sí, te llaman loca, porque estás loca.

- A veces eres muy cruel conmigo, lo sabes.

- No es crueldad, es sinceridad, mírate, echa un vistazo a tu alrededor ¿dónde crees que estás?

- No me impresionas, estoy donde los hombres no dan explicaciones, eso no es locura, es descanso para el alma, así de sencillo.

- Pero la soledad te carcome en los silencios.

- No, eso no, ahí estás tú, para recordarme que el silencio no existe.

 

   Escucha los gorriones, qué harán cuando llegan a viejos, las plumas no se arrugan. Mi mamá tenía muchos pájaros en una enorme jaula: canarios finos y bastos, pericos y una parejita de una especie africana, chiquititos, lindos, grises, preciosos, con un antifaz rojo, realmente bellos; no cantaban, la tristeza de la jaula, no criaban, la dureza del exilio. ¿Soy yo un pájaro? No puedo serlo, no me gustan, cómo no gustarse ser uno mismo; realmente es imposible que sea un ave sin vuelo. Tengo piel, seca porque doña Vejez ha venido a visitarme.

 

- Tú lo que estás hecha, es una pájara.

- De papel de seda.

- De sesera.

- Te pones realmente insoportable.

- Puede ser, es lo que tiene estar siempre contigo.

- Pues vete.

- Sabes que no soportarías estar aquí sin mí.

- Da igual, dicen que mejor solos que con mala compañía.

- No es el caso.

- Siempre con la palabra oportuna.

- Lo dicho, la cercanía que da para mucho.

 

   Me encanta como huelen los cristales de las ventanas cuando llueven, me da verdadero placer pegar la nariz que se me pone helada. Ja, ja, ja, ja. Tócala, es maravilloso estar alegre cuando el resto del mundo llora, ¿no te parece?. Tienes toda la razón, no sería nada sin ti más que un manojo de recuerdos que poco a poco irían acabando conmigo. Mamá siempre se estaba riendo, aquella increíble sonrisa, esos ojillos vivarachos y su precioso pelo ondulado y blanco, pero a mí no podía mentirme, ella no tuvo a nadie, como yo te tengo a ti. Creo que me temía, le daba miedo mi dureza, si pudiera verme ahora lloraría como el resto del mundo. ¡Mira! ¡Es increíble! ¡Graniza! Es una lástima que hayan rejas en las ventanas. Ella nunca puso rejas, ni pasó la llave, ni forzó demasiado los pestillos.

 

- Por alguna razón se sentía segura, aquí es diferente.

- ¿Por qué tiene que serlo?

- No hay madres que protegen hogares.

- Pero habemos madres, eso sí.

- Deberías arréglate un poco el pelo, ahora que no llevas melena es más fácil.

- Mi pelo... He perdido tantas cosas...

 

   Ni siquiera me parezco a mamá, tengo el pelo más baboso, más gris, aunque tengo muchas cosas de ella. Recuerdo que a ella también se le hacían estos anillos en el cuello ¿los ves?. Cuando nos hacemos mayores parece que la cara nos crece. Ahora soy solo cara. Uh, uh, uh, apenas se me ven los ojos en mi faz de pantana. ¡Ah! el cuerpo de gallina, recuerdo bien que siempre me decía que tenía forma de gallina, la barriga grande y las piernas flacas. No, en eso no, soy diferente. No me gustan las aves, no puede serlo, una debe gustarse.

 

- Estás como una cabra.

- ¡Oh! sí, siempre lo estuve. Eso si pude serlo. Y mi baifito ¿tú sabes dónde esta?

- Tu hija ha desparecido, como todos, ya no quieren verte.

- Es que me he vuelto una cabra con el hocico grande y la piel seca.

- Definitivamente estás más pa'llá que pa'cá.

- Por eso me quieres.

- ¡Cómo no quererte! Soy Tú ¿Recuerdas? 

 

 

 

Chajaira en La Laguna a 21 de junio de 2008

 

 

(A César García, por compartir uno de los planos existenciales ) 


                                      
Agregado en: General

LEYENDA: Chajaira y el Indio.

Puntuación:

 

 

Esta guanche destronada de su menceyato (1) por amar a un hombre de otras tierras y olvidar el legado que el Echeyde (2) con su furia de dios poderoso me dio, el poder de seducir y servir a los hombres de mi reino. Ahora agonizo entre lavas secas que mortifican mis rodillas al caer ante ellas e implorar a mis gentes que me devuelvan el matriarcado, las pieles curtidas de cabra y el collar de conchas de lapas y cuentas de barro. Ya no soy nada, más que un despojo desaliñado, desprovisto de corazón. 

 

Por esperarte en la cumbre atisbando el mar por si la nao se arrimaba a la costa escarpada de arena negra, perdí el honor de mujer deseada por los más influyentes y poderosos hombres de Anaga, ya no soy la que ocupó lecho del gran Mencey y el chamán de Tamarán, el gran Faycán que cruzó el mar de su isla a la mía para llevar de mí el sumo poder de la fecundidad extraído del hueco donde mis jugos son vida y gloria. Ahora es abono que se enterró bajo los pinos de Tamadaba. Estoy maldita, condenada a sufrir el olvido de todos. 

 

Sin ningún temor corrí con los pies descalzos ladera a bajo, cual jaira por las veredas escabrosas del barranco, cortando mis piernas al paso por los brezos y helechos. Los hilos de sangre corrían por ellas, gritaban tu nombre. Me prometiste volver,  no estás. 

 

Un día estuviste, cuando atrevida y curiosa bajé al puerto y escondida tras los toneles de provisiones, te vi,  un hombre atado de los pies y manos en el navío español. Un indio de bellos y hermosos labios con la rabia contenida en los ojos, la misma visión de nuestro pueblo que embarcó esclavizado por el cruento e invasor colono. Me enamoré de su sufrido rostro y sus esbeltas piernas. Cogí el trozo de obsidiana pulida que solía llevar en la cintura amarrado con un trapo de piel, esperé que oscureciera y con sigilo alcancé los cordones que te ataban y corté. Tu reacción fue girar y sujetarme fuertemente de un brazo, clavando tus ojos brillantes en la oscuridad, directamente a los míos, pronunciaste algo que no recuerdo en voz baja pero con rabia a lo que yo te pregunté “vacaguaré(3) porque pensaba que era mejor fallecer a la esclavitud. 

 

Tú nunca entendiste aquella palabra pero me seguiste hasta el monte de laurisilvas, oloroso y en extremo húmedo, el musgo decoraba las ramas de los árboles y los verodes las paredes de masapé. Te llevé a una cueva que solo yo conocía y donde me escondía del Mencey Beneharo (mi padre, yo su hija bastarda) y del valeroso capitán Tinguaro, en ese momento mi  amante. Allí te oculté e hice recuperar tu debilitado cuerpo. 

 

Me hablaste en un idioma que no supe entender y yo te contesté en palabras para ti desconocidas. El gesto, fue el hilo que nos unió, cogiste mi mano blanca ante la tuya morena y yo la apreté, quedó entonces,  todo dicho, nos aceptamos. 

 

Pasaban los días y entre tanto sanabas con la comida y cuidados que te suministraba. Ir al que había sido mi rincón de absoluta soledad y tranquilidad se había truncado por un ser que captaba cada vez más mi atención. Los gestos intentaron ser traducidos a mi idioma y tú en cierta manera, aprendiste a entenderme.

 

Cuando por primera vez sentí la leve sonrisa salir de tus labios, entregué mi piel a la tuya y ésta me aceptó más de una vez, tantas veces como amaneceres te vieron en la isla. Olvidé para lo que había sido educada, olvidé el destino que se me había trazado y aunque el ocultarte no fue nunca un problema me dejé fecundar por ti y tú sin saber, una vez fuerte y dispuesto, partiste, no sé de qué manera y si conseguiste tu propósito, en tu lugar dejaste trazado en el suelo “volveré”. 

 

El cielo se abrió y se cerró tantas veces como necesitó mi vientre y parí la oscuridad de tu piel muerta y con ella la firma de mi propio entierro en vida. Ya nada podría ocultarte, la furia de los dioses había nacido de mí y debía abandonar todo con lo que había sido agraciada. Así se hizo la voluntad de las mujeres, de los hombres  y de los dioses, aprendí a ser terrenal en áridas tierras, sin olor a flores, ni agua serena. 

 

Las noches claras bajo a la costa y me regalo desnuda a las aguas saladas que un día te trajeron. No has vuelto, los chamanes me han enviado sus relámpagos, mi alma se desgaja y no dejarán de tronar las olas para que no regreses.  

 

  

(1)   Territorio gobernado por un Mencey (rey)

(2)   Dios de fuego que habita en el volcán Teyde (Isla de Tenerife o Chinet)

(3)   “quiero-e morir”

  

 

Terminado por Chajaira en La Laguna a 18 de mayo de 2008  

 

                                        [A Fany Arnal, por empujarme a creer en amores imposibles]


                                      
Agregado en: General

Pagina 1 de 2
Ir a página: 1, 2  Siguiente 
    Procesando tu solicitud...
Web perteneciente a EvoluZiona Soluciones Integrales S.L. España ©2002-2010