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Durante todo el día estuve dándole vueltas a la cabeza. Los amigos, los parientes… iban y venían del velatorio, pero yo había decidido quedarme allí toda la noche. El abogado permaneció allí hasta casi las once, hasta que también se retiró. Intentó darme dos besos, pero le ofrecí la mano. Me miró con repulsión y luego desvió la mirada hacia mi tío. “No te fíes de él” me susurró “Hará cualquier cosa por regresar a la familia… te dirá estupideces de cualquiera, incluso de mí… pero tú sabes que tu padre confiaba en mí ciegamente… es más, incluso me ha dado poderes para cuidar de ti hasta tu mayoría de edad… podrías incluso vivir en mi casa, como una hija más… pero no confíes en ése desgraciado…”. Asentí como la niña bien educada que soy. Era ya muy tarde cuando también la tía abuela se marchó a su hotel. Sólo estábamos mi tío y yo.
-Nunca creí que no volvería a ver vivo a mi hermano… - susurró.
-Yo nunca creí que volvería a verte a ti… a veces llegué a pensar que ni siquiera existías… que sólo habías sido un amigo imaginario que tuve en mi niñez. –Mi tío sonrió con una pizca de amargura. – Luego… encontré cosas referentes a ti. Mi padre había roto todas tus fotos y prohibió que en casa se mencionara tu nombre… pero la tía nona sí tenía fotos en casa… fotos en las que salías tú.
-¿Te habló de mí…? – quiso saber.
-A escondidas. – admití. – Cuando vi la primera foto tuya, me sorprendí, porque yo había olvidado que eras real, pensaba que sólo existías en mi cabeza… por eso, le pregunté por ti. Se santiguó y me cogió el álbum de las manos, y me pidió que no le contara a padre nada de la foto, porque se la haría romper, y tú eras tan sobrino como él…
-Eso es muy propio de la tía nona. Tu padre siempre fue su favorito, y ella no se molestó en disimularlo, pero siempre ha sido una mujer justa. El cariño que sentía por él, nunca la cegó en lo que estaba mal o bien…
-Me contó que tú y padre habíais regañado… muy fuerte – continué – y habíais roto. Que no quería volver a verte. Que tú habías intentado muchas veces volver a hablar con él, pero que padre siempre se había negado, ni siquiera se dignaba a hablar contigo cuando preguntabas por él, y cuando le pescabas, te colgaba el teléfono, y una vez que fuiste a su oficina, te intentó pegar.
-Todo es cierto… - admitió – Mi hermano siempre fue un ejemplo para mí. Siempre le quise. A pesar de todo lo que pasó, siempre le seguí queriendo… pero era muy cabezota, y no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer nunca. Yo…. Quería que entendiera…. Quería que entendiera lo que sentía por ti. Pero nunca me dejó explicárselo.
Comprendí que el mismo tema que yo deseaba obviar, era que el mi tío deseaba abordar… no quería hacerlo, y menos allí, menos aquél día… pero es posible que no hubiera otro remedio.
-¿Lo que sentías por mí…? ¿Quieres decir, lo que te llevó a abusar sexualmente de una criatura de siete años? – dije cáusticamente. Mi tío me miró con sus grandes ojos verdes, ya hacía mucho que no llevaba puestas las gafas de sol… aquéllos ojos que podían transmitir tantas cosas, ahora sólo reflejaban un gran pesar… y supe que no era de remordimiento en absoluto, sino de tristeza porque yo pensase así.
-Glory…. En ningún momento fue un abuso. Puedes decirme que no fue ético quizás por hacértelo cuando eras tan pequeña, o siendo familia… pero no puedes decirme que fue abuso, cuando en ningún momento me pediste que parase, tan sólo que siguiese… y cuando tú misma viniste a buscarme.
-Porque era una niña, y tú alguien a quien yo idolatraba… si me hubieras hecho algún daño, yo hubiera consentido de todos modos con tal de que no te enfadases conmigo.
-Claro que sí, sin duda es por eso por lo que cuando te llevé a dormir te bajaste los pantalones y me suplicaste “juega conmigo, tito Robbie”…
-¡Eso es mentira!
-Y también es mentira que ni media hora después de acostarte viniste a mi habitación y me despertaste acariciándome la polla, ¿verdad que también es mentira?
-¡Sí! – estaba a punto de llorar - ¡No puede ser cierto! ¿Cómo una niña va a hacer algo así?
-Una niña hace algo así, y esa misma niña hizo muchas cosas más… no digas que no lo recuerdas, asume lo que pasó… y asume que te gustó. – negué con la cabeza, levantándome del sofá en que estaba sentada, agarrándome la cabeza con las manos, temerosa de que me estallara ante todo lo que estaba oyendo.
-No es verdad… no es cierto… abusaste…. Abusaste de mí… yo soy inocente…
-Desde luego que lo eres… - mi tío se levantó y me cogió suavemente de los hombros, yo permanecía de espaldas a él – No hiciste nada malo, no hicimos nada malo… claro que eres inocente. Pero yo también lo soy, porque no abusé de ti…. Por favor, Glory, siempre has sido mi niña favorita, ¿cómo iba yo a hacerte ningún daño…? Te he querido desde que naciste… desde que tenías un día de edad, y yo casi veinte años… supe que te amaba con toda mi alma… pero no con el cariño que se da a una sobrina, sino con el que te roba una mujer. No he podido evitarlo, no he querido evitarlo… No sé por qué me pasó esto… pero puedes preguntarle a la abuela, a tía nona, si he tenido alguna novia… te dirán que no. Tuve que llevar una mujer a casa en cierta ocasión, viviendo todavía con madre, y dejar que nos viera juntos, porque estaba empezando a pensar que era homosexual… pero la tía nona sabe lo que siento por ti. Es la única que lo sabe… ¿por qué crees que se santiguó cuando tú le preguntaste por mí…? ¿Sólo por temor a tu padre…? No. Por temor al destino… porque ella sabe que el nuestro, sería un amor que la Iglesia muy difícilmente aprobaría, y que además sería perjudicial para el abogado, y por ende, no muy bueno para la familia… pero por mucho que tu padre intentó apartarte de mí, tú, curiosamente, descubres mi foto… tomo para ti realidad como ser humano, y le preguntas a ella por mí… tía nona reconoció en aquello un golpe del destino. Ella sabe que acabaremos unidos.
Negué con la cabeza…. No podía ser… Por Dios, era mi tío, el hermano de mi padre, compartíamos la sangre, aquello era asqueroso… pero mentiría si no dijera que me sentía atraída por él: no era guapo… era guapísimo, con su cabello rubio, aunque tuviera algunas entradas… sus ojos verdes, como los míos… las ligerísimas arruguitas que se hacían en torno a ellos cuando sonreía, sólo le hacían más interesante… sus manos, grandes y suaves, tan cálidas… y su presencia, cariñosa, consoladora… y aquél olor tan familiar y agradable que desprendía… olía a mi propia niñez, a seguridad, a calor… y también a amor, a secreto, a placer prohibido… a travesuras… a transgresión…
Mi tío notó que mi voluntad flaqueaba, y atacó más tenazmente, abrazándome por la cintura para pegar su pecho a mi espalda… olió intensamente mis cabellos y un poderoso escalofrío me hizo temblar de pies a cabeza cuando su boca ardiente se acercó a mi cuello… sus labios apenas rozaron allí, pero mis piernas estuvieron a punto de ceder como si fueran de agua. Lo que tenía a mi espalda estaba dejando de ser mi tío, para convertirse en algo que iba más allá de un hombre. Era una criatura sedienta de placer… alguien que me había echado de menos durante casi diez años, y eso era demasiado tiempo para cualquiera.
-No, por favor… -supliqué, casi sin fuerzas – a-aquí no… tío, por favor… - vanamente intentaba quitar sus brazos de mi cintura, pero estos me apresaban cada vez con más fuerzas. Su boca ansiosa lamió mi cuello, y a mi pesar, mi sexo se inundó. Yo quería sentir repulsión, quería sentir odio, asco… pero no podía, sólo sentía deseo. Mi cuerpo me traicionaba y me sentía mal por ello… pero no podía evitarlo. Lágrimas de impotencia asomaron a mis ojos cuando la mano derecha de mi tío subió hasta mis pechos y los apretó sin compasión, pero ni siquiera grité… temía que si abría la boca, de ella no saliese una petición de auxilio, sino un grito de pasión y un ruego por que siguiera…
-Glory…. Mi… mi niña… he esperado tanto….- jadeó mi tío, muy cerca de oreja, lamiendo mis lágrimas y arrastrándome al sofá – Te quiero… y sé que tú también a mí… no, no me pares…
Su voz ronca me asustaba, pero también me ponía caliente… me hacía sentirme a su merced, dominada… y eso me gustaba, aunque no quisiera admitirlo… aunque no quisiera profanar la capilla ardiente de mis padres haciendo el amor con el hombre a quien mi propio padre había expulsado de la familia… Vagamente supliqué de nuevo, pero aquellos ruegos vacilantes ni siquiera me convencían a mí. Mi tío me tumbó en el sofá y me soltó para quitarse la chaqueta y camisa… se estaba quitando la corbata cuando soltó una risita cínica, grave… tenía un toque cruel.
-Me pides que pare… me lo ruegas incluso – dijo – pero te he dejado suelta para empezar a desnudarme… y no has sido capaz ni de huir. Tienes a tu lado un teléfono desde el que puedes llamar a cualquiera: al abogado, a la policía… pero no lo has hecho. Y no lo vas a hacer. Estás demasiado ocupada viendo cómo tu tío se desnuda para poseerte delante de los cuerpos insepultos de tus propios padres… ¿y aún tienes dudas acerca de si abusé de ti?
No pude sostenerle la mirada, me tapé la cara, que me ardía, mientras agachaba la cabeza y su risa sardónica resonaba en mis oídos… tenía razón, tenía razón… quise decirme a mí misma que en realidad no me había movido porque estaba asustada y el miedo me paralizaba… pero sabía que no era cierto. Lo cierto es que me atraía… me había gustado desde niña… aún cuando mi padre me había hecho olvidarle, yo le había conservado como ilusión, como amigo imaginario… había encontrado la forma de no perderle… él tenía razón… yo también le buscaba… yo también le amaba.
Vi cómo se quitaba el cinturón con una mezcla de deseo y ansiedad, de terror y ganas… No sé en qué momento noté que estaba prácticamente sobre mí, y su boca buscaba la mía… su pecho, desnudo ya, ardía sobre el mío, y me parecía que quemaba la tela de mi sencillo vestido negro. Su boca besó mi rostro, la comisura de mis labios, y finalmente mi boca… me sentí transportada a aquél día de mi niñez… y los sentimientos de miedo y deseo fueron idénticos. Supe entonces que cualquier resistencia había sido inútil, tanto mía como de mi padre… hubiera podido encerrarme en una urna de cristal, y eso no hubiera detenido al hombre que ahora tenía entre mis brazos y me bajaba la cremallera del vestido, tirando de él ansiosamente. Su boca sabía ligeramente a cigarrillos y mentol… pero sobre todo, sabía a prohibición… “Dios mío, perdóname…” pensé torpemente, mientras yo misma tiraba de las mangas del vestido y agarraba a mi tío por la nuca, boqueando, acariciando sus labios con los míos “perdóname… castígame por esto, no me importa lo que me hagas… pero no puedo resistirlo… No sé si es amor o si es lujuria, pero sólo tengo un medio para descubrirlo… ¡y es éste!”.
Mi tío rió bajamente, al notar el cambio que se había efectuado en mí. Él ya no llevaba encima más que la cadenita de oro con la Cruz y la medalla de la Virgen Niña… pero no parecía importarle en absoluto que los sagrados símbolos presenciasen aquello, ni que rozasen el pecho desnudo y ansioso, de pezones erectos, de su propia sobrina, a la que se encontraba a punto de desvirgar… como tampoco me importaba a mí estar en la capilla ardiente y que sólo un tabique me separase de los ataúdes de mis padres, ni nos importaba a ambos estar en un recinto sagrado, ni compartir sangre… Mi tío se frotaba contra mi entrepierna, abrazándome contra él, sin dejar de besarnos… pude ver mis bragas, negras también, en mi mano derecha, me las había quitado, pero no recordaba ni cómo ni cuándo… sólo sé que en ese preciso momento nos miramos a los ojos, y ambos vimos no sólo a un objeto de deseo… sino también a alguien que nos amaba, alguien dispuesto a darnos el cariño que tanto precisábamos, y nos lanzamos el uno contra el otro con verdadera ansiedad.