Todo tiene su momento

Lunes, 1 Junio 2009
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Hace aproximadamente tres años que mi amiga LunaAzul me invitó a GB. Le agradezco la invitación, pues aquí viví estupendas experiencias.

 

Interactué todo lo que pude, escribí, aporté, leí, me enriquecí, hice buenos amigos.  

 

Pero poniéndolo todo en la balanza del largo plazo, pesa más en mi cerebro lo malo, lo frustrante, que lo agradable y positivo, por lo menos en los últimos meses.

 

Fueron cuatro situaciones que me hicieron ver que para mí éste no es el lugar que requiero:

 

La primera fue la expulsión de mis amigos venezolanos. No coincido para nada con las razones esgrimidas en contra de ellos, ni en los adjetivos que les fueron aplicados. Están en alguna parte de la web, pasándola bien. Desde que ellos se fueron, GB perdió su encanto para mí. Me voy con ellos.

 

La segunda es la mediocridad  de la llamada Opinoteca. Es un lugar patético, en donde pulula gente con cerebro reducido al tamaño de  su microuniverso: España. Distan mucho de ser ciudadanos del mundo. Son criaturas premodernas , incapaces de darse cuenta de que el planeta va más allá de Madrid y de sus irrelevantes políticos. En alguna ocasión –y ahora la ratifico- la llamé Hispanoteca –con la reacción enana de muchos de ellos- por los pocos alcances que se logran en ese foro. Lo que ocurre fuera del ámbito de España, simplemente no ocurre.

 

La tercera, la que más pesa en mi decisión, es la mediocridad en lo que se pretende que sea el meollo de GB: un foro literario, culto, intelectual. En GB tiene más relevancia el chisme, el videoclip irrelevante de youtube y  las frustraciones personales lastimeras, que los aspectos literarios y culturales. Basta darse una pasada por los blogs y los foros (v.gr. ¿Te follarías al forista de arriba?) para saber de lo que hablo.

 

La cuarta es la calidad de la moderación. No quiero extenderme en este punto. Baste con decir que a mi entender ésta deja mucho que desear. 

 

En fin: como dice el título de esta muy personal opinión, todo tiene su momento, y el mío en GB ya se dio.

 

Quienes se consideren mis amigos y deseen seguir en contacto conmigo, pueden encontrarme en:

 

rga5603@yahoo.com.mx

 

dragonotopia@blogspot.com

 

lalocuradecadadia@blogspot.com

 

http://alma-y-letras.ning.com/  

 

Me voy sin hacer ruido, dejando mis opiniones en la intimidad de mi poco frecuentado blog.

 

Un abrazo fuerte a todos los búhos.


La reveladora luna de Kalmansoo

Viernes, 15 Mayo 2009
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La tenue luz de la luna de Kalmansoo tenía una especial característica: cuando iluminaba a los seres vivos  en aquel extraño planeta, los pensamientos, intenciones y sentimientos de éstos se hacían transparentes.
 
Por eso, en cuanto la luna asomaba por el horizonte, todos, absolutamente todos los habitantes del planeta, se refugiaban en sus conchas, en sus caparazones, en sus cuevas o en sus madrigueras.


El gran paréntesis

Jueves, 14 Mayo 2009
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Para el nieto, el fin de semana en casa de los abuelos era liberarse un par de días de la pesada disciplina diaria que los padres, con toda razón, le aplicaban.
 
Para los padres, dejarlo un par de días en casa de los abuelos era un enorme descanso semanal, pues disciplinar a un hijo es de verdad agotador, aunque después renegaban de que éstos lo regresaban totalmente echado a perder.
 
Para los abuelos, cansados de haber disciplinado durante muchos años a sus hijos, el fin de semana con el nieto en casa era con mucho el mejor momento de su vida.


Cosas de mozuelos

Miercoles, 13 Mayo 2009
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Se había convertido en el juego favorito de los niños ricos de Unctabi. El asunto era disponer de una nave rápida y destructiva, capaz de atravesar la galaxia en poco tiempo y de desintegrar planetas con pocos disparos. 

 

Por un simple planeta deshabitado que se destruyese, se les otorgaban 3 puntos. Si éste albergaba alguna forma de vida, eran 20 puntos. Y si en él existía vida inteligente, el premio por desintegrarlo era de 50 puntos.

 

Si bien los conservacionistas conscientes de Unctabi no estaban de acuerdo con esa destructiva afición que crecía cada día, las leyes no sancionaban lo que ocurría fuera de aquel sistema bisolar, así que los jovenzuelos no estaban sujetos a sanciones de ningún tipo, además de que eran vistos como ídolos de las multitudes.  

 

Un día, la poderosa nave de Ruxcaniut encontró un planeta hermoso de color azul, blanco y verde, ¡verde!, y que además mostraba señales inequívocas de albergar a una civilización primitiva. 

 

Rápidamente, antes de que otro rival lo descubriese, afinó sus instrumentos, y ¡zas!, el planeta Tierra se convirtió en millones de rocas que volaron por todas partes. 

 

Ruxcaniut no tenía forma de saberlo, pero apenas se había adelantado unos cuantos años a lo que habría sido la Gran Guerra Terrestre, que habría hecho casi lo mismo con ese desahuciado mundo. 

 

Como sea, después de arduas discusiones, se le acreditaron sus 50 puntos, aunque algunos jueces pensaron en otorgarle tan sólo 20.


Nocturnal

Martes, 12 Mayo 2009
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La Noche estaba triste esa noche. 

 

Pidió a su amiga luna que no asomara, que la dejase sola por esa única ocasión, para que su claridad no perturbase su profunda nostalgia. 

 

Pidió al viento que no moviera las ramas, para que las hojas de los árboles callasen.  

 

Pidió al arroyo estancarse, y al búho que cerrase sus ojos. 

 

Cuán grande sería su pena, que pidió a  las nubes que llorasen por ella. 

 

La Noche estaba triste esa noche.


El cajón de los recuerdos del duende urbano

Lunes, 11 Mayo 2009
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Una mañana, mientras el duende urbano había salido en busca de alimentos, entré sigilosamente, lleno de curiosidad, a su pequeña madriguera, ubicada dentro de  un árbol aislado y olvidado entre dos modernos y frecuentados edificios en el centro de mi contaminada ciudad.
 
Era una madriguera muy modesta, pero en ella destacaba un pequeño mueble de roble, con un tallado sensacional que, por su enorme calidad, no podía ser obra de un ser humano, sino de una criatura mágica.
 
El mueble tenía tan solo un cajón, y mi curiosidad me obligó a abrirlo. ¿Qué podría guardar un duende en esas condiciones tan deplorables?
 
Ahí había un viejo libro de poesías de Gustavo Adolfo Becquer, entre cuyas páginas encontré los pétalos secos de una flor hermosa que yo jamás había visto, con una leyenda que indicaba que provenía de una planta llamada amantis delicatus.
 
También encontré una carta de amor en viejo papel amarillado, que era la despedida final de una compañera que lo había abandonado tiempo atrás por no soportar la vida en la ciudad.
 
En una pequeña caja de cartón en el cajón, había una pequeña piedra rara, y un rótulo que indicaba que era su único recuerdo de la montaña en donde había nacido, y de la cual había emigrado en busca de mejor suerte.
 
Lo último que encontré me llenó de tristeza, por lo que ello implicaba: una dosis de aconitina, poderoso veneno que, según los libros de historias fantásticas, emplean para suicidarse los duendes desesperados.


La leyenda del sapo dorado

Domingo, 10 Mayo 2009
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Aquel estanque siempre había sido mágico.
 
En él se juntaban los dragones de la escarpada montaña vecina a apaciguar su sed tras de sus largas jornadas de cacería.
 
Ahí las arañas azules tejían sus maravillosas telarañas de plata que los duendes recogían para confeccionar ropa que los hacía invisibles.
 
Era el lugar favorito de las hadas-libélula, en donde se juntaban a platicar de sus cosas, y en cuyas tranquilas aguas depositaban sus apreciados huevecillos.
 
Su cristalina agua permitía que los nenúfares fuesen voladores, y que las ranas croaran musicalmente.
 
Fue en esas aguas en donde surgió la estirpe de sapo dorado, bella y sabia criatura, quien predijo que un día una perversa especie aniquiladora arrasaría con todo lo bello de la naturaleza.
 
Irónicamente, hoy el estanque mágico ha desaparecido bajo una urbanización de lujo en donde vive  gente muy rica, bardeada y con vigilancia armada, y cuyo nombre comercial es la Villa del Sapo Dorado.


Marina

Sabado, 9 Mayo 2009
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La llamé Marina por ser un hermoso y joven ejemplar hembra de coyote del desierto del norte de México, que disfrutaba la playa enormemente.
 
La conocí un atardecer mientras descansaba en un campamento vacío de observación de ballenas al que llegué prematuramente. Solamente estábamos ahí yo, el encargado de las cabañas, y, desde luego, la encantadora Marina, además de los cientos de miles de aves que regresaban a dormir a su isla en la bahía de San Ignacio.
 
Seguramente ella había nacido después de la promulgación de la ley que prohibía la caza de especies silvestres en la región, pues se mostraba confiada a escasos metros de mí.
 
La seguí un tramo, intentando intimar con ella, esperando tal vez que reaccionara como un perro que busca el cariño humano, pero no fue así: Marina siempre se mantuvo a varios metros de mí.
 
Después de todo, el temor al ser humano formaba parte de su ancestral instinto, más allá de cualquier ley y conciencia recientemente  concebidas en el cerebro del más terrible depredador del planeta.



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