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Andaba yo por los cinco o seis años cuando oí por primera vez decir a alguna de mis amiguitas que si corría hasta ponerme debajo del Arco Iris me convertiría en niño. Creíamos, en nuestra tierna candidez, firmemente en aquella leyenda, superstición, o simplemente tontería, que me tuvo durante años deseando hacerme lo suficientemente mayor y fuerte como para poder correr tanto que alcanzase el Arco Iris.
Creo que, ya a tan corta edad, me daba cuenta perfectamente de la gran diferencia que había entre ser niña o niño. Veía el trato tan desigual dado a los varones, la gran cantidad de prohibiciones, tabúes y obligaciones que suponía la diferencia de sexo en una España donde la mujer estaba totalmente subordinada al hombre. En realidad no quería ser niño, lo que de verdad quería era ser considerada igual que ellos.
Leí, no hace mucho, en el dominical de un periódico un artículo sobre las mujeres empresarias o con altos cargos de responsabilidad en empresas o en política.
Aparecían aquí mujeres de empresa como Amparo Moraleda, expresidenta de IBM España y actualmente responsable del área internacional de Iberdrola, Belén Amatriain, responsable de marketing de Telefónica en el mundo, sin olvidar a Ana Patricia Botín, presidenta de Banesto. Políticas como Carme Chacón, ministra de Defensa, Leire Pagín, secretaria de organización del PSOE, Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz del grupo popular en el congreso, y, como no, Ángela Merkel, Hilary Clinton o Mª Teresa Fernández de la Vega. Todas ellas, y algunas más, luchadoras que han llegado a ocupar puestos de responsabilidad en sus carreras. Me congratulé al ver que las mujeres avanzamos en la lucha por la igualdad, aunque el porcentaje de las mujeres que ocupan puestos de máxima responsabilidad no sea mas que el cuatro por ciento aproximadamente.
Hace unos días, mientras esperaba que me subiera el tinte en la peluquería en mi afán por volverme rubia, hojeaba una revista de las llamadas del corazón y encontré un artículo sobre la relación de una famosa actriz, ya cercana a la cincuentena, con un joven actor de treinta. En ese artículo se cuenta con todo detalle, en un tono cínico y hasta jocoso, dicha relación, considerando algo risible y hasta fuera de lugar, el hecho de que una mujer madura tenga relaciones con un hombre joven.
Unas páginas mas adelante otro artículo mostraba a un actor español, cuya edad pasa los setenta, con su última novia de poco mas de treinta, como algo natural. Aún me pareció percibir un aire de admiración hacia el personaje, no por ser un gran actor, que lo es, si no por el hecho de haber conquistado a esta mujer tan joven… tanto que su edad es, con mucho, menor que la de los hijos de él.
Me sentí indignada, por el trato tan desigual dado a una mujer que se relaciona con un hombre quince o veinte años menor con respecto a un hombre que sale con jóvenes a las que lleva cuarenta años , que podrían ser, no ya sus hijas, si no sus nietas.
Hoy he leído en el diario que en Afganistán se prepara una ley por la cual las mujeres necesitaran permiso de sus maridos para salir a la calle, trabajar fuera de casa, para estudiar, viajar e incluso ir a consulta médica, es decir, para cualquier cosa que no sea estar en casa atendiendo a su dueño ya sea marido o padre. Ante este atentado contra el respeto y la libertad de las mujeres, los políticos reunidos hace unos días en la Conferencia de Alto Nivel sobre el futuro de Afganistán han guardado silencio y miran hacia otro lado, no deben considerar de primer orden ni el más elemental cumplimiento de los derechos humanos con las mujeres. Si bien en la cumbre G20 que se celebra en estos días en Londres se le ha pedido al presidente Karzai que retire esa ley, a lo que ha respondido con un tibio “Revisaré a fondo el texto”.
En Arábia Saudí las mujeres son incluidas en el documento de identidad de sus padres hasta que se casan, que pasan a estar en el de los maridos. Es decir, no tienen identidad propia. Son, como la casa, los muebles o los animales, propiedad del hombre. No solo no tienen identidad ni derechos, no pueden votar, viajar sin autorización de su marido o tutor, conducir vehículos ni trabajar en las dependencias del Estado. Y aunque son mayoría en número de licenciadas universitarias, les está prohibido el acceso a carreras “masculinas” como derecho o ingenierías.
En Nigeria una adolescente fue condenada a 100 latigazos por haber tenido relaciones sexuales antes del matrimonio, a consecuencia de las cuales quedó embarazada, Durante el “juicio”, la niña acusó a tres hombre mayores, casados lo tres, de haberla violado. Como el adulterio esta penado en dicho país con la pena de muerte, los tres hombres, como es lógico, negaron tal acusación, por lo que la chica recibió 80 latigazos más por “mentir”.
En Turquía un hombre mantuvo relaciones sexuales con una mujer sin estar casado y como compensación a la ofensa hecha a los varones de la familia de la mujer, la joven hermana del hombre es violada por todos los miembros varones de la familia agraviada, con el consentimiento de su familia. Ni que decir tiene que las mujeres de su familia no tienen voz ni voto en este asunto, ni casi en ningún otro.
Miles de niñas de países asiáticos y africanos sufren hoy en día la tortura de la ablación. La circuncisión femenina está destinada, principalmente, a impedir que la mujer sienta placer sexual y evitar que se convierta en una mujer “ligera” y así ser controlada mejor por sus padres y por sus maridos. Nada importa que sean también miles las que mueren al practicarles tal mutilación, pues la vida de las niñas no vale nada.
Solo son algunos ejemplos de violencia y discriminación, pues sería interminable recoger aquí, todos los países donde se pisotea la dignidad y los derechos de las mujeres.
Mientras tanto, en nuestro país, cada día siguen apareciendo en las noticias caso tras caso de violencia machista. Mujeres que mueren a manos de sus parejas o exparejas por no ceder a ser el objeto de descarga de sus malos humores, o por no querer seguir conviviendo con ellos, o por celos o cualquier otro “motivo”. Es decir, por no seguir consintiendo ser propiedad de un hombre o plegarse a sus caprichos.
Me indigna ver tantos abusos, tanto atropello. La mujer es considerada en gran parte del mundo menos importante que una bestia de carga, es violada, torturada, usada como moneda de cambio, o asesinada, solo por el hecho de haber nacido mujer.
Hoy, cuando ha pasado poco más de un mes desde que se celebró el estúpido e inutil “Día de la mujer”, más que nunca y considerando toda la discriminación y la violencia que se sigue practicando, he recordado mi vieja creencia y me doy cuenta que, pese a los logros conseguidos, aún nos queda a las mujeres una gran carrera, llena de dificultades y obstáculos, para poder alcanzar el tan deseado Arco Iris.
Fefi B. Abril, 2008