General Domingo, 21 de Septiembre de 2008
EL FIN DE LOS DÍAS
"For this hour they shall lead away
By the Winds
The birth of death
The everlasting life for those who have
Souls attached..."
Astarté (Everlast)
Cuando llegaron, no eran más que una mancha borrosa en el horizonte.
Nadie les llamó. Nadie les esperaba. Pero vinieron.
Trajeron con ellos el odio y el fuego, filos de bronce forjados al calor de una noche aletargada; nacieron para morir, nacieron muertos. La sangre de sus venas se había paralizado el mismo día de su derrota, esperando bajo el ala de los siglos venideros para despertar en un maremoto de fuerzas tectónicas, como si el propio flujo sanguíneo arrastrara los despojos de la espera. Habían nacido esclavos, habían de morir libres, escribiendo a cuchillo una feroz impronta en los márgenes de la intrahistoria.
Magma en sus ojos, promesas de venganza en su silencio. Condena funeraria en sus destinos. Olvidados como estaban, quién había de esperarlos.
Pero vinieron. En representación de la impotencia y el inconformismo, ministros de la discordia y de la sedición, estandartes de un miedo antiguo. Cabalgando entre el polvo que levantaban sus coléricas irreflexiones. Una última carga, en aras de la mortalidad y sus dones, en la que apuntaran sus hachas y alabardas hacia los nimbos rojizos de un cielo ensangrentado, simulacro de una oración pagana por la asunción de sus actos devastadores. Cuando llegaron, ya habían atado sus almas a un ocaso definitivo. Su soflama guerrera era la misma pronunciación de los truenos que anunciaban la tormenta, como si hubieran perdido las palabras en el ánimo de prevalecer sobre toda sumisión, sobre toda cobardía.
El temor es síntoma de vitalidad; el dolor, indicio inequívoco de la cuenta atrás de los días. En el término de las horas, el dolor acaba pesando más que cualquier temor. Axioma irrefutable de la fortaleza y la desaparición. La mortalidad y sus privilegios.
La valentía como manifiesto desesperado de las postrimerías.
Su grito en la batalla era el exabrupto geológico de un anciano juramento que jamás fuera cumplido, promulgado por aquellos espíritus tumularios que clamaban al viento en pro de su desagravio. O bien podía ser un simple llanto de pánico ante la violenta visión de la muerte.
La tarde olía a lluvia y a sangre. La hierba se tiñó rápidamente de escarlata, y esa nueva tonalidad se mimetizó con la naturaleza del combate y la barbarie como si nunca hubiera tenido otro color. El crepúsculo se alimentó de gemidos luctuosos, de cornejas de mal agüero, de miembros cercenados. Ellos habían llegado para ofrecer la consumación de un legendario apocalipsis.
No eran héroes, no eran dioses. Tampoco eran, en el curso de su metamorfosis, humanos. No en el sentido estricto de tal adjetivación. Apenas podían aspirar a ser animales, abriéndose paso a dentelladas, hacia una vigencia mitológica. Acaso fueran fantasmas. Eran seres doblegados desde tiempos inmemoriales, sojuzgados y confinados a un olvido indiferente. Quién podía esperar que despertaran de su melancólico letargo. Sólo dibujaban una borrosa mancha en los horizontes históricos.
No eran, desde luego, grandes guerreros. Pero estaban henchidos de rabia, y había llegado su hora.
Su rebelión duró poco. El crepúsculo se alimentó de sus cadáveres, y al caer la noche todo había terminado. Ninguno de ellos sobrevivió para ver el nuevo amanecer. Al poco tiempo, su gesta monstruosa se perdió en las recónditas ensoñaciones de la memoria del tiempo. Pasarían ascendencias, caídas y nuevos orígenes, milenios inciertos en la piel de la experiencia universal; pasarían evos insondables antes de que el cosmos transcribiera estos hechos pretendidamente legendarios.
Hoy ya nadie se acuerda de ellos. Pero eso es porque ya no queda nadie. Porque, cuando vinieron, trajeron consigo el fin de los días.



Procesando tu solicitud...
Estoy muy cansada, pero iniciar a leer, trajo a mi, aquellos que no pidieron existir, pero tenían un motivo para persistir, aunque lo suyo era una guerra perdida con anticipación. Los veo venir, los veo avanzar, es el cumplimiento de un deber, de un destino que no puede ser desviado, que no puede ser mirado de soslayo, sino enfrentado con todo el dolor, el temor, y demás acompañantes de los infiernos. Los veo venir ya derrotados, aún antes de iniciar, sabiendo que han de cumplir con una parte de la historia, donde no serán recordados ni alabados. Los veo venir, desde lo profundo de los tiempos para hacerme ver que existe un porque para todo y todos. Los veo, los siento, los huelo, los toco, ya vivos...ya muertos... ya enteros... ya mutilados. Los veo y reconozco que aún las batallas perdidas tienen una razón de ser y de existir. Es algo más que abuso, que enojo, es la cálida aceptación del cumplimiento de lo que es la misión en la vida; aunque no parezca importante, aunque carezca de aparente sentido...Tiene motivos. Aunque no sea ni un remoto recuerdo, se ha de cumplir con lo que se es.
Mil Gracias por compartirlo, como siempre un placer leerte, si, en realidad estoy muy agotada, pero los traje a mi, aún vencidos, aún olvidados y sin ser llamados, yo, los recibo para despertarme... Mimetizándome con ellos, para ser parte de la guerra o quizá solo de una batalla; es un profundo encuentro. Ir más allá de lo aparente, de las limitantes. Los días se caracterizan por la numeración que se sigue a través de ellos, los números son solo representaciones abstractas de la realidad, por lo que los números no existen como objetos en la realidad, entonces si los días son numerados, y los números no existen, entonces no fue el fin de los días, sino una parte del proceso ciclíco: reitero cumplir con lo que se es. Encantada de leerte, me quedo corta como regularmente me pasa.
Un relato de ficción que puede incluso no serlo tanto pues es la búsqueda de la libertad. Describes intensamente de manera que se pueden sacar olores, visualizar los momentos más cruentos e incluso los sentimientos:
"Su grito en la batalla era el exabrupto geológico de un anciano juramento que jamás fuera cumplido".
No encuentro nada que me disguste, bueno sí, esa (,) y esa (y) juntitas (,y) donde no van, la "y" se inventó para unir y no para separar (esta es mi particular lucha por la libertad de las ys)
Un cordial saludo.
Parece que llegaron unos extraños seres, que bien podían haber sido hijos del mismo Thor. Dices que nacieron muertos, pero eran una fuerza en medio del crepusculo. Atrajeron la lluvia y la sangre. y al atardecer murieron, no sin lucha.
Me gustan tus relatos, la fantasía que encierran y la maravillosa manera que tienes de escribirlos y describirlos. Un verdadero placer. Un abrazo.