ROSA SIN ESPINAS

Viernes, 5 Marzo 2010
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ROSA SIN ESPINAS 

 

Vaporoso vestido, cual corola,
rodea su belleza adolescente,
frágil y delicada como rosa...
una rosa preciosa ¡sin espinas!
que percibe en sus débiles entrañas
los pinchazos que el amor ingrato,
con punzantes e hirientes esquirlas,
le rompe el corazón y le lastima.

 

Con sólo su reflejo en el espejo
parece meditar entristecida
sumida en dolorosos pensamientos,
sintiendo solitaria sus tormentos
angustiada, vacía y conmovida.

 

Seca, sin lágrimas que le consuelen,
con gesto suplicante y arrobado
y con el ánsia de volver a verle,
musita con ardor una plegaria
con el corazón y alma desgarrados.

 

El frío espejo, aunque sin sentimientos,
en su esencia vidriosa se imagina,
que a la joven y angelical criatura,
tan inocente, pura y desvalida,
el desamor la daña y acompaña
y la sumerge en álgida amargura;
y su azogue se empaña con premura,
pues la imagen, que en él es reflejada,
vitaliza su esencia adormecida
y le provee de ternura y alma.



                                      

HOY YO, TAMBIÉN SOY CHILENO

Miercoles, 3 Marzo 2010
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YO, TAMBIÉN SOY CHILENO

 

Intento imaginar el terror, impotencia y desamparo que los chilenos debieron sentir ante semejante catástrofe. De ese modo, con la empatía que me proporciona la imaginación, podré mínimamente comprender el alcance de tan terrible experiencia. Llego a sentir el movimiento de la tierra bajo mis pies, las náuseas que me provoca la pérdida del equilibrio, el desamparo que siento, de no hallar lugar en el que refugiarme; la impotencia de ver cómo se desploma todo a mi alrededor. Me imagino los gritos, los ayes de dolor, la búsqueda desesperada de los seres queridos y el horror de ver cuerpos sepultados, aún con vida. Llego a oir el rugido tan aterrador y desconcertante, del sordo trueno subterráneo. ¡Fue sólo un instante tan corto, pero a la vez tan interminable!...

 

Sí... por un momento creo comprender la magnitud de esa catástrofe; pero me doy cuenta, de que mi ficción no se acerca en lo más mínimo, a la realidad que los chilenos han sufrido. Y me estremece la tristeza por los hermanos que vivieron aquél horror; por los vivos que buscan a sus muertos; por las vidas truncadas tan de repente; por los niños despavoridos y los ancianos desamparados. Sufro por los que conservaron la vida y lloran sus pérdidas y por todo un pueblo sobrecogido, castigado injustamente por la Naturaleza.

 

Y yo, que no soy muy creyente, me acuerdo de hacerle a Dios la gran pregunta: ¿Por qué? Antes de formularla ya sabía que no obtendría respuesta; pero aún así, una y otra vez la repito.

Igual que cuando la tragedia de Haití, me siento culpable de estar tan a salvo; de no ser uno de ellos, de no cargar con un poco de su dolor, para disminuir y compartir algo su carga.

Sólo puedo llorar por dentro y desear que ese pueblo resurja de sus escombros, con el coraje y ejemplaridad que ha demostrado en su historia.

La vida sigue y lo destruído se reconstruye... ¡Sólo son bienes materiales! Chile se recuperará, recordando las vidas irrecuperables, honrando su memoria.

 

¡Arriba Chile! Enjugad vuestras lágrimas y poneos a trabajar, por un futuro en paz y prometedor.

 

Hoy yo, también, soy chileno.



                                      

Feliz Navidad

Martes, 22 Diciembre 2009
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¡FELIZ NAVIDAD!

Con mis mejores deseos, os envío a tod@s un gran abrazo.



                                      

VALENTINO Y LA LLAMADA DEL AMOR

Martes, 15 Diciembre 2009
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VALENTINO Y LA LLAMADA DEL AMOR

 

Valentino era un patito tan jovencito, que recién comenzaba la aventura de la vida. Su abrigo era aún de suave plumón y sus movimientos, torpes e indecisos, movía a la ternura de cuantos le observaban. Miraba sorprendido y gran curiosidad a su alrededor, y se maravillaba de los sonidos, olores y sensaciones que percibía. No conocía el miedo, el llanto ni el dolor y era feliz viviendo las cosas amables de la vida. Los juegos con sus hermanos, los chapuzones en el estanque, la estela que fluía tras su navegar, eran todo un universo de diversión. Su insaciable curiosidad le hacía adentrarse en continuas aventuras, que a veces ponían en peligro su integridad.

 

Una vez fue tan atrevido, que se acercó demasiado a una serpiente que le llamó la atención con su siseo, su lengua bífida y su hipnotizadora mirada. Su mamá le reprendía con enérgicos ¡Cuac!, ¡Cuac!... preocupada por su inconsciencia; aunque se hallaba muy orgullosa de los avances que adquiría, en el difícil oficio de la vida.

- ¡Cuac, Cuaac!,.. ¡Cuán despierto es mi patito!... – decía ufana.

- ¡Qué orgullosa estoy de él!...

- ¡Será el rey de la bandada!

- ¡Cuac, Cuaac!... ¡Es el más bello de este vergel!

 

Un día, llevado por su instinto aventurero, realizó la traviesa proeza de alejarse del estanque y de su mundo conocido. Se alejó tanto, que se perdió entre el ramaje de los arbustos, tan tupidos y espesos, que no le dejaban ver más allá de unos palmos de terreno. Al principio se alegró de verse a solas, sin la protectora presencia de mamá pata, que con su celo le hacía sentir preso de caprichosos e infundados temores, que sólo servían –según él creía- para refrenar sus legítimos antojos de explorar sin cortapisas el mundo; pero conforme pasaba el tiempo, hambriento y aterido, comenzó a percibir un sentimiento nuevo, que le hizo añorar los cuidados y el cariño de su mamá. La incertidumbre le abrumaba y se sentía desvalido, ante los peligros que tal vez le acecharan, aunque no los comprendiese, pero que intuía con mayor realidad, según pasaba el tiempo.

 

- ¿Qué haces aquí tan solo, patito?... Le preguntó una tortuga, que por allí acertó, lentamente, a pasar...

- Estoy perdido... ¡No sé dónde está mi mamá!...

- De aquí no te muevas... ¡No vayas más allá!... Los peligros que te acechan, no los podrás sortear... Buscaré a tu mamá y te vendrá a buscar.

 

Valentino se arrebujó entre las musgosas raíces y se dispuso a esperar. Tenía el corazón encogido, el estómago vacío y aumentaba su ansiedad, conociendo sensaciones que no sintió jamás. La tarde se agrisaba, la luz desaparecía, la noche caía sobre aquel lodazal, y su alma conocía el terror de la soledad.

- ¿Mamá dónde estas?... Ven a rescatarme... ven a arrebujarme entre tus plumas con tu calidez y bondad...

 

Aquél día la zorra estaba hambrienta, no consiguió nada que cazar y sin haberlo perseguido, por un casual, al patito logró hallar.

- ¡Hola patito! ¿Cómo estás?...

- Estoy aburrido, esperando a mi mamá...

- ¿Está cerca tu mamá?...

- No lo sé... La tortuga le fue a buscar...

Las tripas de la zorra se pusieron a cantar, intuyendo el sustento, que le proveía aquél manjar.

Era tan apetitoso y lozano, que la zorra se relamía, felicitándose por el hallazgo de tan tierno ánsar y babeando, como anticipo del festín a gustar, se acercó al patito, con ánimo de cenar.

 

Valentino la miró con tan desvalida indefensión, que el instinto de madre que la zorra sintió, hizo a sus tripas acallar y protegiendo al patito le consoló y arropó, hasta que la mamá patita apareció.

 

Moraleja: Nada hace triunfar a la vida, como la maternal intuición; nada al corazón sensibiliza, como la llamada del amor.



                                      

PRENDIDO DE TU AMOR

Domingo, 15 Noviembre 2009
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PRENDIDO DE TU AMOR   

 

Nuestro amor es del color

que contiene los matices

de la luz en refracción.  

 

Es el blanco de azahar,

es el blanco de la paz;

es albor que transfigura

mi constante progresión,

generando la emoción,

de estar mi alma con la tuya,

en perfecta comunión.  

 

Los sonidos me resuenan

con los ecos de tu nombre,

en un ritmo que me enerva,

me subyuga y me sumerge,

en océano de pasiones

que a mi ánimo enternece.  

 

Tu cuerpo sabe a agua pura;

a jalea, canela y miel;

a aromas de ternura,

a tomillo y a laurel.  

 

Hueles a esencia de hembra,

a candela que quema,

que me excita y que me abrasa,

que me funde con tu alma,

en profunda percepción,

de armonía y creación.  

 

Es el tacto de tu piel

liviano como la seda;

es vibrar que me penetra,

hasta el fondo de mi ser.  

 

Y como de tu ser mi ser recibe

el aliento con que mi alma vive,

siendo de mi vida la razón,

mis sentidos sólo perciben

el sentir inefable de tu amor.



                                      

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

Domingo, 8 Noviembre 2009
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HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE 

 

A través de la estrecha y alta vidriera, la luz del sol iluminaba, coloreando débilmente, los húmedos muros del panteón. Proyectaba sobre el suelo la figura del Arcángel San Gabriel, que alanceaba a la bestia de terrible aspecto. La planta era circular y en sus curvas paredes se adentraban envueltos en sombras, los huecos de los sepulcros. El aire estaba viciado y mantenía en suspenso el hedor a la carne putrefacta.

 

Se entreveía, sobre la piedra de un altar, un hombre desnudo abrazado a un esqueleto de huesos delicados y finos, que se enredaba en su cintura. Entre la penumbra y en total quietud, diríase que se trataba de una escultura alegórica de la atormentada historia del hombre con la siempre presente muerte; sin embargo, el tenue lucir de las pupilas del hombre y las palabras susurradas “Ángel mío... ¡Cómo te amo!...” con extasiado énfasis, denotaba que el conjunto estaba compuesto por un ser humano vivo y los restos de su amante. En su mente enfebrecida, el hombre creía estar en el lecho, yaciendo en amoroso ensueño con su amada. De repente, un flash de cordura le advirtió de la realidad, y comenzó a gritar despavorido, entre convulsiones que deshicieron en pedazos al esqueleto.

 

Alertada la policía por el encargado del cementerio, encontraron a aquel hombre en estado catatónico, con tan profundo dolor en el alma, que un rictus desfiguraba sus facciones.

 

***

 

Han pasado cinco años y al fin fui dado de alta en la institución en la que me recluyeron, totalmente curado de mi locura. Pero no he renunciado al amor de mi vida y hoy acabo de raptar los restos de mi amada, los he restaurado con ternura y la he aposentado en el sótano de mi casa, donde le hago frecuentes visitas. Me siento tan bien con ella y hacemos el amor de manera tan apasionada... Soy feliz viviendo en su compañía y sólo temo que la muerte, paradójicamente, me separe de ella.



                                      

JULIO DE 1969 -UNA HISTORIA DE PURO AMOR-

Sabado, 7 Noviembre 2009
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JULIO DE 1969 – UNA HISTORIA DE PURO AMOR.

 

 

En aquel tiempo las comunicaciones eran tan deficientes, que la separación era plena. Sin el consuelo de escuchar nuestra voz con la frecuencia que hoy solemos a través de la telefonía, sin medios de transporte ni posibilidades económicas, la distancia sólo era salvable, a través del recuerdo y la imaginación. Ambos sufríamos el dolor de la cruel amputación, de la mitad casi física, pero relista, de nuestras jóvenes y apasionadas esencias. Ambos sentíamos que la vida se apartaba, que agonizábamos en la distancia y que moríamos sin morir, para nuestra desesperación.

 

Al fin, después de siete meses de añoranza y tristeza, ella, con sus padres, pasaría unos días junto a mí, para después alejarse de nuevo. Durante unos días seríamos felices con sólo estar cerca, con mirarnos, con musitar -rehuyendo el asfixiante marcaje a que estaríamos sometidos- un simple “te quiero” y alguna esporádica caricia. Nos saludamos sin un beso, sin estrecharnos en un abrazo, con un simple “hola” que abarcaba todo un mundo de deseos, ternura y pasión. Así era la relación de los enamorados, en aquella gris y reprimida sociedad. Por entonces, todo era “pecado” y había que ahogar los instintos más naturales.

 

Bajó de aquel autobús con la majestad de su belleza, con sus cobrizos cabellos ondeantes y su delgada presencia, cual evanescente rayo de sol, abriéndose a través de un cielo borrascoso que daba paso a la más dulce armonía, después de la tormenta.

 

Su luz obscureció todo el entorno, concentrándose deslumbrante, en mis ansiosas pupilas. Todo parecía desvanecerse y dejaba de tener sentido, ante aquellos ojos cristalinos, almendrados y verdes, que me subyugaban y me hacían reo enternecido, de un vibrante y apasionado amor. El tiempo parecía remansarse en aquellos espejos límpidos y reposados, en los que se reflejaban para mí, el misterio arcano y a la vez expresivo, de su inocente y limpia alma. Al fin, después de un largo periodo de sombras, recibí la radiante sensación de la felicidad más plena.

 

Al fin, tras larga ausencia, venía a mí, con la misma ansia, el mismo anhelo, con que yo la recibía. Al fin nuestros corazones, aunados, se sintieron renacer en la plenitud, que fundían en una sola alma, nuestras almas.

 

Nos tomamos tímidamente, apenas rozando, de las puntas de los dedos y ese ligero contacto fue como un bálsamo, que curó en el acto todas nuestras heridas y nos reconcilió con la razón de nuestra existencia.
Teníamos que refrenar nuestros deseos y, apenas sin palabras, con sólo miradas y sonrisas, nos comunicamos con elocuencia los sentimientos que despertaba, pujantes y estremecidos, nuestra inmensa pasión.

 

Fueron tres días en los que temíamos la llegada de un final inevitable y en los que el tiempo parecía acelerarse, llenándonos de angustia; pero también fueron horas de mágicas experiencias, vividas con la plenitud de nuestros sentidos, inmersos en la grandiosa aleación del crisol divino de nuestro amor.



                                      

INCOHERENCIAS SOñADAS

Domingo, 18 Octubre 2009
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INCOHERENCIAS SOÑADAS 

 

Hoy tuve un sueño extraño,

en el que la vida sonreía,

era desterrada la ignorancia,

la justicia no era engaño

y tenían los “sin techo” casa.

Tu deseo movía mi desgana,

tu cariño mi recelo

y tu pasión… ¡Me enfriaba!

 

La memoria adormecida

bajo el tiempo, con sus sombras,

los recuerdos mantenía,

en vez de olvidar las cosas.

 

Había corales en la montaña,

tenía la hiel dulzura,

por el desierto peces cabalgaban

y anochecía en la mañana.

El Sol estaba frío,

las escaleras eran planas,

eran veloces las tortugas,

subía al monte el río

y piaban rítmicas las ranas.

 

En ese sueño tú me amabas

y yo, incoherente…

¡No te deseaba!



                                      

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