Legendario2 País: México Provincia: Distrito Federal Mensajes publicados: 1352 Registrado: 11 de Ene de 2007
Publicado: Domingo, 1 de Marzo de 2009 01:47 AM Asunto: Re: CUENTOS DE MITOS Y LEYENDAS
EL MINOTAURO (poesía prosaica)
autor: wbilliard
Hijo de un morlaco hermoso
(que expendió desde el mar Poseidón;
divino y bestial regalo
para un poderoso rey)
y el cruce con la esposa de ese rey
(zoofílica y fogosa adúltera reina)
el Minotauro se asemeja, cada día más, a un hombre.
Si fue siempre malo, va siendo peor,
y cada día va oliendo a toro un poco más.
Su malévola sonrisa
se vuelve más humana cada día
-como humana es la carne que lo alimenta:
la de doncellas y efebos que le sirven de sustento,
en sacrificio, en número igual.
Aunque su ración de hoy ha sido distinta en algo:
se acaba de comer a un rey;
a un rey joven, temerario;
inexperto joven rey venido de cualquier costa,
con lenguaje extravagante,
pretendiendo dar caza al monstruo,
ganarlo como trofeo.
Tras el banquete
-masticado con fruición,
desfachatez y saliva
humanas enteramente-,
el Minotauro sonríe,
repantigado en el trono excavado
en la pétrea pared de su cubil
-el Laberinto-
el Minotauro sonríe satisfecho;
sonríe y ríe con maldad,
con el rabo penachudo
oscilando serpentino,
distendido entre las piernas,
y entre las manos
un utensilio digno de la deidad del océano,
un tridente de oro que portaba el joven rey
-venido con la intención de cobrarse
su cuerna manchada de sangre seca-,
pincha la humana carne que lo alimenta.
Le sobra rey al monstruo?
Manejando el dorado pincho
ensarta un buen trozo de carne de rey
y provee a los perros con ella.
-Ja, ja, ja; -ríe el mito.
El joven y valiente rey quería haberlo matado,
haber acabado con él.
-Ja, ja, ja; -el mito vuelve a reír,
y escupe un filamento de carne
que le había quedado entre los dientes
de su sonrisa malvada, cada día más humana.
Dulcinea2002 País: España Provincia: Málaga Mensajes publicados: 1191 Registrado: 30 de Oct de 2003
Publicado: Domingo, 1 de Marzo de 2009 08:49 AM Asunto: Re: CUENTOS DE MITOS Y LEYENDAS
LA LEYENDA DE "LA" FANTASMA
En casi todos los pueblos de Andalucía existe una leyenda, la del fantasma, o mejor dicho, de "la" fantasma, pues en estas tierras el término es femenino, como sucede con"LaÁngela" de la Ciudad de México. En muchos de esos pueblos el nombre varía, aunque en algunos es conocido como el espanto, la canina o el espectro, sin embargo, el mismo perro con distinto collar. La historia circula de boca en oído, porque de boca en boca es bastante antihigiénico, con versiones distintas según la idiosincrasia de cada pueblo, pero en esencia, es así:
Un típico y tópico Sol de justicia había estado machacando al pueblo durante todo el día. La tarde se acercaba lenta y pesadamente como el caminar de unos bueyes cansados y con ella se acercaban los campesinos para comer en sus casas el riquísimo puchero andaluz y refrescarse con el gazpacho, también andaluz, faltaba más. El Sol de justicia, sin hacer honor a su tópico, huyó por fin como un ladrón y la oscuridad empezó a cernirse sobre el pueblo que se puso asquerosito de lluvia de estrellas.
La noche cayó tan de repente, que se rompió las costillas sobre los bancos de la plaza, donde los viejecitos aburridos, como no podían tomar el sol, esperaban tomar la luna. Y la Luna Lunita Cascabelera apareció coqueta por el horizonte desparramando su luz como un manto lechoso, tan lechoso que las amas de casa empezaron a pensar en convertirla en queso o encalar las paredes. Gumersinda, sus rubios cabellos esparcidos sobre la almohada, roncaba apaciblemente, pues a pesar de ser una muñequita linda de cabellos de oro, de dientes de perlas y labios de rubí, roncaba, como todo el mundo. Además, como el vaina de su marido andaba de viaje vaya usted a saber con quién, disponía de toda la cama de matrimonio para espatarrarse sin que nadie la molestara, para ella solita.
Un aullido lastimero rompió el silencio de la noche en dos mitades: de una parte, los borrachos que dormían la mona y de la otra, los que se despertaron asustados, una nube negra como la pena negra ocultó la cara rechoncha de la Luna que aprovechó la circunstancia para rascarse la calva, y entonces, la noche más tenebrosa de adueñó de las casas y de sus moradores como si fuera un antiguo cacique barrigón.
Aquella espantosa noche se llenó de todos los tópicos y lugares comunes que pueda tener una historia terrorífica, todos menos la tormenta, pues en Andalucía, en verano, hace un calor de tres mil demonios eructando a la vez. Aquella espantosa noche, repito, el miedo atenazó las gargantas y los corazones como si fuera la siniestra garra de un inspector de Hacienda, el sueño huyó de las mentes, y los niños empezaron a berrear, a pedir agua, caramelos y demás chucherías, con el inocente propósito de joder a sus papás.
Los aullidos volvieron a oírse, pero esta vez más tenebrosos, tanto, que los adolescentes no necesitaron gomina en sus cabellos para mantenerlos tiesos durante meses. La gente se asomaba a las ventanas y balcones, todos a una, como en Fuenteovejuna, para ver quién o qué profería aquellos horripilantes, espantosos, terribles, espeluznantes alaridos de ultratumba, y que conste que pongo todos estos adjetivos porque son necesarios para plasmar como era la noche de espantosa.
Y la vieron. Era ella, la fantasma, el espanto. Alli, sobre los rojos tejados de las casas, un ser de vestiduras blancas ondeando a la brisa, que no viento, se paseaba, saltaba, gesticulaba y hacía temblar a Don Manuel Gil Fernández, el insigne Sargento de la Guardia Civil, tan curtido en cien batallas, que su piel parecía cuero.
Se cerraron todas las puertas, ventanas, cerrojos y trancas, se rezaron rosarios, se hicieron peticiones a las Ánimas del Purgatorio y hasta el Cura, Don Patricio Pérez, echó agua bendita por los cuatro puntos cardinales de su casa. Gumersinda, en cambio, como si nada, tan pancha, hecha una marmota, en el más profundo de los sueños, pues soñaba que se hallaba en una gruta jugando al parchís con un guapo mozo. Por eso, nuestra protagonista no oyó el repiqueteo de unos dedos sobre el cristal de la ventana, ni vio la sombra blanca que se interpuso entre ésta y la Luna, que por cierto, había vuelto a salir para enterarse de todo, la muy cotilla.
La ventana se abrió de golpe y en lugar de murciélagos, un ejército de mosquitos aprovechó la coyuntura para colarse en la alcoba buscando a quien picar. Gumersinda abrió los ojos y la boca, y cuando quiso gritar, una huesuda mano fantasmal ahogó su grito.
-- No chilles, gilipollas- susurró el fantasma. - Hum huuuum- fue todo lo que pudo exclamar la muchacha. -Pero, vamos a ver ¿Es que no me reconoces? ¿Cómo has podido dormirte si sabías que vendría por ti? ¡Ay que ver que poco romántica eres, Gumer! -¡Ay, Paco, perdona! Es que tardabas tanto, que me quedé dormida. -Vamos, Gumer ¡Date prisa! Colócate esa sábana y salgamos corriendo por los tejados, que a la salida del pueblo, junto al cementerio, tengo aparcado el coche de caballos. - Ya voy, cariño, ya voy- respondió melosa Gumersinda mientras se colocaba la sábana por encima de la cabeza.
Y los dos adúlteros amantes, cogiditos de la mano, saltaron a la vez por la ventana mientras los mosquitos, frustrados, saciaban su sed en el pobre perro que no tenía culpa de nada.
Sólo algunos habitantes,los más valientes, se atrevieron a contemplar no uno, sino dos fantasmas que saltaban de tejado en tejado, compitiendo con los gatos.
Aunque esta leyenda es muy antigua y los tiempos cambian, en las calurosas noches del verano andaluz, arranca de vez en cuando una furgoneta junto a las tapias del cementerio y una sábana blanca se enreda en las antenas de televisión provocando interferencias en las pantallas.
El médico, el boticario y el maestro lo achacan a fenómenos naturales, pero muchos saben que se trata del fantasma, la fantasma, el espanto, el alma en pena de algún descarriado...o descarriada.
_________________ No vivo de la Literatura, pero no podría vivir sin ella.
LilyJalile País: Argentina Provincia: Tucumán Mensajes publicados: 5993 Registrado: 21 de Ago de 2006
Publicado: Domingo, 1 de Marzo de 2009 06:52 PM Asunto: Re: CUENTOS DE MITOS Y LEYENDAS
TELESIANDO
Los cumpleaños de la tía Pancha eran famosos. Era la primera vez que papá nos llevaba y se le notaba la felicidad; trataba de transmitirnos su devoción por las cosas de campo, que él añoraba tanto. Cuando llegamos, ya había muchísima gente. Papá y mamá se mimetizaron instantáneamente con el gentío, y nosotros, después de los saludos, enganchamos en los juegos de la multitud de primos, cuyos nombres confundíamos. Uno de ellos vino con la noticia de que estaban preparando una telesiada. "Alguna estupidez campesina", pensé con el cinismo incipiente de mis once años. Pero apenas empezaron a explicarnos, se nos despertó el entusiasmo. Cuando hay sequía, la gente le pide al ánima de la Telesita que haga llover, y le ofrece una telesiada, especie de baile ritual: siete parejas bailan siete chacareras, bebiéndose un vasito de aguardiente entre una y otra. Casi nadie aguanta hasta el final, porque se rinden antes, borrachos de alcohol y de giros. -¿Quién es esa Telesita? -preguntamos. -La Telésfora Castillo, que sabía vivir acá hace muchísimo tiempo, en medio del monte. Le encantaba bailar y beber; y no se perdía una fiesta. Una vez se desapareció y salieron a buscarla y dicen que encontraron el cuerpo quemado, porque bailando cerca de una fogata, se le habían prendido las llamas en el vestido. Desde entonces, el almita viene adonde hay baile, y baila ella también, en medio de las llamas. Algunos diz que la han visto con los propios ojos. La imagen de la joven, bailando alucinada mientras el fuego la calcina, me fascinó.
Almorzamos bajo la sombra de los árboles. A los postres, llegaron los músicos: un bombisto albino y gordo; un violinista indio, solemne, consciente de su enorme prestigio; y el bandoneonista, don Mauro Figueroa (lo conocíamos porque iba por mi casa, en la ciudad). En el campo no andan con tantas ceremonias. La música empezó de improviso, y ahí nomás se bailó zambas, cuecas, gatos... Como a las cuatro de la tarde, alguien gritó "¡Telesiada!", y la pista de tierra apisonada se despejó de inmediato; en el centro, una mesita con una botella de aguardiente y varios vasos. Siete parejas salieron y vi atónita que uno de los bailarines ¡era mi papá! La chacarera fue trepándose en el aire como un arabesco hipnótico, que entrelazaba mágicamente el zapateo de los varones y el revuelo de faldas de las mujeres, en el calor abrasador de la siesta santiagueña. Don Mauro dilataba y contraía el fuelle del bandoneón sobre su muslo derecho, con la cabeza ladeada, los ojos cerrados en éxtasis; sus labios entreabiertos dejaban ver el brillo de un diente de oro. Para la séptima chacarera, sólo quedaban en pie dos parejas; la de mi papá era una. Estaba sonando el último acorde, cuando el trueno quebró sus cristales en el cielo, que se había ido encapotando sin que uno se diera cuenta. Un enjambre de murmullos se levantó, como una bandada que alza vuelo de golpe; corrió todo el mundo llevando las cosas al cobertizo, para guarecerlas. Los primeros goterones dejaron rotundas monedas pardas sobre el polvo ocre del suelo, y el chubasco se desató, decidido. En la confusión, vi que papá se había sentado bajo un algarrobo, haciendo espaldas en el tronco. La lluvia lo mojaba enjundiosa, y él se dejaba estar, con la cabeza caída hacia adelante. Pensé si no estaría muerto, pero levantó el rostro, me sonrió a través de las varillas de plata de la lluvia y levantó la mano. Le sonreí a mi vez, mientras una extraña alegría se abría camino en mi pecho.
************************************************************************************ Por supuesto, la historia narrada es ficción. El mito de la Telesita, tanto como la "telesiada", son muy reales y están en vigencia en las provincias de Tucumán, Catamarca y sobre todo, Santiago del Estero (Argentina).
Legendario2 País: México Provincia: Distrito Federal Mensajes publicados: 1352 Registrado: 11 de Ene de 2007
Publicado: Martes, 3 de Marzo de 2009 03:01 AM Asunto: Re: CUENTOS DE MITOS Y LEYENDAS
EL DIOS SURGIDO DE LA MAR
autor: Legendario2
Era el año 1011 del Señor. Ingemar despertó en una playa desconocida. Sólo recordaba su nombre y el viento huracanado que había destrozado su barcaza.
Quienes lo rodeaban en ese momento eran seres extraños, de facciones indias semejantes a aquellos que habían asesinado a su amigo Johan, pero éstos se veían amigables. Estaban desarmados, y le proporcionaban miel y frutas para reconstituirlo.
Volteó a todas partes para ver si alguno de sus compañeros estaba cerca, pero recordó que el naufragio había sido en alta mar, y que era un verdadero milagro que él hubiese sobrevivido.
El agotamiento, tras de haber ingerido algunas frutas sabrosas y reconstituyentes, le hizo dormir. Algo le decía que estaba en buenas manos.
Era el año 982 del Señor. Eric el Rojo fue expulsado de la sociedad vikinga cristianizada a la que pertenecía, en lo que hoy es Noruega. Se le atribuían asesinatos, pero más que nada, era su actividad política lo que afectaba los intereses de quienes regían el mundo nórdico.
Su única opción fue dirigirse, con una treintena de familias, hacia un oasis en Groenlandia. Las condiciones climáticas de ese nórdico lugar no eran las mejores, pero su gente se asentó ahí y sobrevivió con la pesca.
Sin embargo, la explosión demográfica de su pequeña colonia hizo que Eric pensase mejor las cosas.
Uno de sus marinos allegados le dijo un día:
?A cuatro jornadas de navegación hacia el poniente, existe una tierra maravillosa llamada Vinland, en donde podríamos pasar épocas mejores.?
Eric el Rojo ya era viejo, y sus responsabilidades en la colonia lo obligaban a no moverse, por lo que invitó a su hijo Leif a que navegase a Vinland para evaluarla como opción de supervivencia.
Leif, adulto joven, pero consciente de lo precario de su colonia en Groenlandia, asumió el reto.
Era el año 1010 del Señor cuando dos embarcaciones de madera salieron del oasis de Groenlandia rumbo al poniente. Eran unos veinte hombres, dirigidos por Leif Ericson, el hijo de Eric el Rojo, quienes, preocupados por la complicada situación de sus familias, decidieron ir en busca de mejores tierras. Entre ellos viajaba un marino sencillo pero sabio, de nombre Ingemar.
Llegaron en pocos días a su destino, en lo que hoy se conoce como la península del Labrador, y se maravillaron de la belleza de aquellos lugares repletos de bosques coníferos.
Buscaron una bahía sin viento y ahí atracaron. Tras de una pequeña exploración a la zona, decidieron que era segura.
Sin embargo, desde la oscuridad del bosque, eran observados por ojos penetrantes que pertenecían a caras pintadas de rojo y blanco.
En cuanto desembarcaron, Leif Ericson ordenó la construcción de tres cabañas. Permanecerían ahí unos meses antes de enviar un mensajero a Groenlandia para llamar a sus familias.
Una noche, sin embargo, cuando el grupo se preparaba para dormir, indios hostiles irrumpieron la pequeña aldea y generaron una masacre contra los rubios invasores.
En la confusión de la batalla, viendo que nada había ya que hacer para evitar el exterminio de su gente, Ingemar y dos compañeros huyeron hacia las barcazas ancladas en la cercana bahía. Tomaron una, y a toda prisa se perdieron en la oscuridad de un océano que les serviría de refugio temporal.
Esa noche, una inesperada y enorme tormenta llevó la nave a lugares desconocidos. A pesar de ser expertos navegantes, los vientos y las olas los portaron lejos de todo lo conocido.
Dos días después, la nave, rota en su estructura, empezó a doblarse. El agua empezó a entrar en el bodegón. Ingemar y sus dos compañeros intentaron sacarla, pero un tronido les hizo ver que la nave estaba ya vencida. Un enorme torrente de agua inundó la barcaza.
Eso era todo lo que Ingemar recordaba al momento de despertar en una extraña habitación hecha de madera y palma.
Era el año 1011 del Señor. Extraños cantos de aves y ruidos selváticos nuevos para él lo despertaron. Sintió un clima cálido y húmedo. Estaba débil, y prefirió no huir antes de saber quién lo había llevado a ese lugar. Como sea, lo habían nutrido y asilado. No podía ser gente peligrosa.
Asomó por la pequeña ventana al escuchar el ruido de las olas. Vio una hermosa playa dorada que enmarcaba un océano azul profundo. Había árboles extraños, muy diferentes a los que él conocía. Después sabría que se trataba de palmas.
Una vez habiendo entendido todo lo posible de su nueva y extraña situación, emitió un grito amigable en su idioma para ver si había alguien cerca de él.
Inmediatamente llegaron dos indias sonrientes con un cesto de frutas desconocidas muy coloridas y aromáticas. Tenía hambre, así que devolvió la sonrisa y las fue comiendo una a una. Las mujeres lo observaban admiradas, sonrientes, amables.
Poco tiempo después llegaron dos hombres y las mujeres se retiraron. Uno de ellos era un cacique engalanado con llamativo plumaje en la cabeza. El otro era una especie de traductor que se dirigió a Ingemar infructuosamente en varias lenguas nativas.
Como sea, el extraño e ininteligible interrogatorio al que fue sometido, no fue desagradable. Obviamente querían saber quién era él. Con señas, gestos y algún vocablo en latín, él trato de contarles su historia.
No lo logró. Ellos estaban convencidos de que trataban con un dios. Sus ojos azules y su cabello rubio eran extraordinarios para los indios. El día anterior, al ser levantado su desvanecido cuerpo en la playa, el lucero de las mañanas ?nuestro planeta Venus- lucía esplendoroso. Y para los indios, esa estrella matutina del mismo color de los ojos del náufrago, no era otra cosa que el dios serpiente Quetzalcóatl.
Tras de casi una hora de intentos de entendimiento con esos extraños indios, Ingemar se dio cuenta de que su situación era de privilegio: se había convertido en un dios local, y su nuevo nombre era Quetzalcóatl.
Si bien debía ser cauteloso, él decidió adoptar su nueva personalidad.
Lo dejaron descansar un rato más, pues todavía se veía débil. Cuando despertó se encontró alrededor de su lecho con muchas más extrañas frutas, pero le llamó más la atención un cesto lleno de piedras de hermosos colores. Se trataba, desde luego, de un regalo para un dios.
Pronto vinieron a despertarlo y lo invitaron a salir a la playa, en donde una veintena de indios lo esperaban sentados alrededor de una fogata ritual. Todos le brindaron una genuflexión humilde, y le indicaron que se echase sobre una extraña alfombra hecha de un material vegetal fibroso para él desconocido.
El cacique que lo había entrevistado unas horas antes, habló para todos los asistentes. Ingemar ?ahora Quetzalcóatl- comprendió el discurso: se sentían afortunados de que su aldea hubiese sido visitada por un dios.
Ahora lo más importante para él era comunicarse con esa amable gente que lo adoraba. Comprendió que ellos jamás entenderían su idioma, así que decidió abocarse a aprender la lengua nativa. En menos de una semana, Quetzalcóatl poseería suficientes vocablos para expresarse y entender a sus interlocutores.
Ingemar había dejado en Groenlandia una joven esposa embarazada y un hermoso bebé regordete. De alguna manera concluyó que debería aprovechar su situación de dios para lograr que esa gente lo ayudase a construir una nave capaz de llevarlo de regreso a casa.
Sus conocimientos de marinero lo ubicaban muy al sur y al oriente de su hogar, pero él se las arreglaría para llegar, siempre y cuando los indios le proporcionasen madera, cuerdas, tejidos y herramientas.
Pronto se dio cuenta de que no sería tan fácil irse de ahí. Le hablaron de un gran señor, un tal Tezcatlipoca, que reinaba vastas regiones, incluida aquella hermosa aldea en la playa, quien quería conocerlo en su palacio.
Los indios locales se llamaban a sí mismos totonacas, y reconocían ser vasallos del gran señor de Tula, la gran metrópoli del imperio tolteca.
Su fe neocristiana y su optimismo lo indujeron a creer que ese tan poderoso rey Tezcatlipoca sería capaz de proporcionarle los recursos necesarios para su retorno a Groenlandia, así que aceptó emprender la marcha de tres jornadas hacia Tula.
Ingemar no podía quejarse de las atenciones recibidas de parte de los totonacas durante su estancia en la aldea de la playa, ni de la forma en que fue tratado y atendido durante el largo caminar hacia Tula.
Tampoco fue mal recibido en la gran metrópoli, toda vez que los rumores en la región corrían rápido en Mesoamérica, y no todos los días aparecía un dios en una playa. El mismo Tezcatlipoca, el gran señor de Tula, salió de la ciudad para recibirlo, rindiéndole una extraña forma de adoración.
Ingemar estaba sorprendido por todo esto, y temía que, si declaraba no ser una deidad, fuese asesinado. No podía olvidar que tan sólo era un marino náufrago extranjero, por más que los indios lo adorasen.
Le concedieron una habitación lujosa en su propio templo ?el del dios Quetzalcóatl- y le brindaron ropa, penachos y toda clase de comodidades.
En cierta forma, Ingemar-Quetzalcóatl era una divinidad: su caudal de conocimientos en agricultura, en carpintería, en astronomía y en otras artes, le permitía ser un dios maestro, un catedrático divino en tierra de indios. Pronto su casa en el templo se convirtió en un aula llena de aprendices adoradores que asimilaban todos los conocimientos exóticos con cara de sorprendidos.
Cuando las asignaturas aprendidas fueron llevadas a la práctica, en cuestión de semanas se vieron los resultados: el maíz crecía más rápido; el aguamiel de los magueyes fue fermentado y convertido en embriagante pulque; los muebles de las vacías casas indígenas proporcionaron comodidad y funcionalidad.
Tezcatlipoca, interesado en el asunto y un poco celoso por el éxito inusitado de Quetzalcóatl, empezó a analizar la posibilidad de que éste no fuese un dios, sino tan sólo un hombre perteneciente a una cultura mucho más desarrollada?
Sin embargo, era tarde para manifestarlo ante sus súbditos: éstos ya lo veneraban en demasía.
Llegó la temporada de ceremonias para satisfacer a los dioses, e Ingemar vio horrorizado cómo le brindaban corazones de seres humanos para que los devorase. Se negó a hacerlo como buen cristiano, y fue entonces que entró en conflicto con la casta sacerdotal que hasta entonces lo había cobijado. ¿Cómo podía el dios Quetzalcóatl no alimentarse de corazones humanos?
Lo anterior llegó enseguida a oídos de Tezcatlipoca, quien con ello confirmó sus sospechas: el dios era un usurpador, un humano avezado, muy lejos de ser una deidad.
Lamentablemente para el Señor de Tula, miles de indios adoraban y admiraban al dios surgido de la mar, así que era un poco tarde para enfrentarlo: había que asesinarlo discretamente, desapareciendo su cadáver para siempre.
Ingemar-Quetzalcóatl notó el cambio de actitud de los cercanos a Tezcatlipoca, y se hizo rodear de sus adoradores, advertidos éstos del riesgo que corría del monarca celoso.
Ya convencido de que jamás Tezcatlipoca le daría elementos para construir una nave y regresar a casa, Ingemar no vio más opción, para salvar su vida y rescatar para el verdadero Dios ?el cristiano- a los infelices indios que lo seguían fielmente, que generar una rebelión para destronar a aquél.
Pocos días después, en un intento de éste de asesinar a Ingemar, la rebelión tomó forma de guerra civil. Ambos bandos ocuparon diferentes lugares en la ciudad y las hostilidades empezaron de casa en casa. Hubo muchos muertos en Tula.
Una noche, Ingemar-Quetzalcóatl desapareció. Nunca quedó claro si fue secuestrado y asesinado, o si él mismo, arrepentido por las masacres que su presencia había generado, huyó de la ciudad esperando que con ello regresase la calma a Tula.
La guerra civil continuó varios años. Finalmente, las huestes de Tezcatlipoca derrotaron a los casi cristianizados adoradores de Quetzalcóatl. Muchos fueron sacrificados, pero dos grupos numerosos lograron escapar, uno hacia el sur y el otro hacia el poniente.
Los del sur llegaron a la península de Yucatán, asentándose en la abandonada ciudad maya de Chichén. Se llamaban a sí mismos los itzáes, y refundaron la ciudad con el nombre de Chichén Itzá. El templo principal, de origen maya, fue rehecho para adorar al gran Quetzalcóatl, el dios maestro, el dios serpiente de impresionantes ojos claros. Hoy, en los días de equinoccio, podemos ver al dios serpiente descender, por efectos de sol y sombra, las escaleras de la pirámide.
Los del poniente llegaron a una ciudad abandonada por los olmecas y los teotihuacanos, renombrándola Cholollan, tierra de refugiados. En ella construyeron un hermoso templo dedicado a su gran divinidad, Quetzalcóatl, el hombre rubio blanco y barbado que les brindó tanta sabiduría y los alejó por siempre del salvajismo de los toltecas.
estela País: Argentina Provincia: Buenos Aires Mensajes publicados: 339 Registrado: 13 de Jul de 2002
Publicado: Miercoles, 4 de Marzo de 2009 02:37 AM Asunto: Re: CUENTOS DE MITOS Y LEYENDAS
EL CONJURO DEL AMOR.
Aquellos jóvenes que tanto se amaban, fueron a ver al anciano brujo de su tribu y le dijeron que querían estar siempre juntos, hasta que les llegara la muerte, y le preguntaron si había algún embrujo para que eso fuera así ,siempre.
El brujo, le dijo a la muchacha: "debes ir sola al Norte de las mas altas montañas y solo con tus manos y una red cazar un cóndor, sin lastimarlo y traérmelo aquí, dentro de una semana"
Y dijo al joven: "debes ir solo al Sur de las mas altas montañas, y solo con tus manos y una red, cazar un águila, sin lastimarla, y traérmela aquí, dentro de una semana.
Cuando ambos regresen ,les diré cual es el conjuro".
Los jóvenes cumplieron, y al cabo de los días estipulados, cada uno traía en una bolsa el ave que les había pedido el brujo.
Entonces el joven preguntó:
-"¿mataremos estas aves para comer su carne y así adquirir fuerza?"
El anciano contestó:
- "no, no comerán su carne"...
Demandó entonces la muchacha:
-"¿beberemos su sangre, para tener poderío?"
Volvió a responder el anciano brujo:
-"no, no beberán su sangre"...
Y dijo entonces:
-"Tomen las aves, aten una de sus patas a la pata de la otra, bien firmemente y cuando eso esté hecho, dejénlas libres para que vuelen".
Los jóvenes hicieron lo que el brujo les dijo: no obstante, las aves, a pesar de que intentaron emprender vuelo, solo lograron planear a baja altura, cayeron al suelo, y comenzaron a retorcerse cada una intentado liberarse de la otra; instantes después se atacaban furiosas...
El brujo les dijo entonces: " no se aten para volar, si así lo hacen terminarán haciendo lo que las aves, peleando y lastimándose; el conjuro para que el amor permanezca es que deben volar uno junto al otro, pero jamás atados".
Lottie País: España Provincia: Barcelona Mensajes publicados: 8233 Registrado: 11 de Jul de 2005
Publicado: Jueves, 4 de Junio de 2009 08:39 PM Asunto: Re: CUENTOS DE MITOS Y LEYENDAS
Traslado aquí las leyendas, pues ya está abierto este foro y me parece mejor opción que dejarlas sueltas ¿vale? Este quedará para mitos y leyendas. Habrá otro para ciencia ficción y otro para misterios varios... jejeje
_________________ Si lloras porque no puedes ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas.
Lottie País: España Provincia: Barcelona Mensajes publicados: 8233 Registrado: 11 de Jul de 2005
Publicado: Jueves, 4 de Junio de 2009 08:42 PM Asunto: Re: CUENTOS DE MITOS Y LEYENDAS
SIMBOLOGÍA DEL JABALÍ
(Amable aportación de Serpico)
Muchas veces nos sorprendemos por creencias antiguas, sencillamente porque no conocemos las razones de las mismas, pero profundizando un poco (sólo un poquito) podemos llegar a resultados prácticos.
¿Qué decir del jabalí, el pariente salvaje del cerdo? No sé si saben todos ustedes que en diferentes culturas se le asoció al "valor". No es extraño, puesto que es un animal que, acorralado, demuestra una gran valentía y arrojo.
¿Y la asociación con la casta sacerdotal? Esto no es tan evidente. Al parecer, su hábitat natural son zonass pantanosas y alejadas del medio humano. Ahí ya tenemos una pista. El apartamiento, la lejanía, la soledad del eremita, el retiro ascético... Para los celtas, el jabalí simbolizaba un poder mágico (nadie se aventuraba en esos lugares, de densas brumas y leyendas creadas al rumor del fuego del lar)
Pero quizás lo más sorprendente es que la iconografía medieval representase a Cristo como un jabalí. Ahora bien, cuando llegamos a saber que la raíz hebrea para "Cristo" es muy parecida a la voz germánica empleada para "jabalí"... el misterio se desvanece de inmediato !!!
(¿saben que la raíz más empleada en el mundo entero es "guay"? (otra curiosidad para los amigos curiosos)
¿De qué se alimenta un jabalí? De tubérculos y raíces, por lo que remueve constantemente la tierra con sus colmillos. En la cultura hindú esta circunstancia fue asociada con el cultivo de la tierra, así que Visnú se encarnó en un jabalí para simbolizar el trabajo de la tierra, la agricultura. En cambio, para la tradición judía, el mismo acto fue "connotado" con la destrucción de la vid, poderoso símbolo asociado al vino y a la vida. Un viñedo representaba para los judíos una "alianza" entre el pueblo elegido y Yahvé. Dos culturas, la hindú y la judía, dos interpretaciones inversas.
Otra característica del jabalí es su promiscuidad sexual, y su "violencia" aparente (para una mirada humana, claro está... a la jabalina le da igual esa violencia, yo creo incluso que la prefiere). Pero si nos enteramos que su periodo de celo es largo, y que a veces olvida "reglas evolutivas" tan elementales como la alimentación, llegamos al misterio de por qué se pone a perseguir a las hembras en celo durante horas enteras. Cierto que la reproducción no es ninguna "tontería" evolutiva, pero es curioso, cuando menos, que algunos ejemplares parezcan llegar a "enloquecer" (de nuevo para una mirada humana no especialista)
Con estos antecedentes, no es nada extraño que se le asocie a la lujuria, al desenfreno, al mismo tiempo que a la suciedad y la inmundicia, por su costumbre (para ellos muy higiénica) de revolcarse en el barro para limpiar su piel (que no puede exudar). Por tanto, siguiendo este hilo argumental, no es para nada sorprendente que los sucesores del Antiguo Testamento, judíos, cristianos y musulmanes, repudiaran a este animal y lo asociaran directamente con el diablo.
Los chinos en cambio, lo tienen como un signo zodiacal (al menos a su representante doméstico) de positiva influencia, como símbolo de "abundancia".